BAJO EL LENTE DE ITURRIOZ

Un edificio más cerca del Purgatorio que del Palacio

El Salvo celebra sus 90 años con una muestra en el Centro de Fotografía.

Horarios. La muestra se exhibe en el primer piso del CdF hasta el 9 de diciembre y puede visitarse de lunes a viernes de 10 a 19:30. Foto: Francisco Flores.
Horarios. La muestra se exhibe en el primer piso del CdF hasta el 9 de diciembre y puede visitarse de lunes a viernes de 10 a 19:30. Foto: Francisco Flores.

Se mudó al Palacio Salvo con 29 años porque siempre le había gustado el edificio, y coincidía que le quedaba a pocas cuadras de su trabajo. Ignacio Iturrioz transcurrió siete años en la emblemática construcción, que está cumpliendo 90 años, y aunque por oficio andaba siempre con la cámara en mano, no pensó en hacer un trabajo fotográfico encausado en este lugar hasta que supo que ya no viviría allí.

Cuando advirtió que dejaría de tener “el objeto de estudio encima”, y ya no sería parte de su cotidianidad, le encontró sentido a abordar los múltiples rincones del Palacio Salvo y sus excéntricos habitantes.

“Tengo que hacer algo con este lugar, sino soy un boludo”, pensó. Y días antes de mudarse empezó a capturar “tímidamente” las imágenes que fueron a parar a Purgatorio, muestra que se exhibe hasta el 9 de diciembre en el Centro de Fotografía de Montevideo, y ganó la primera edición del Premio de Fotografía del Uruguay .

Trabajo de hormiga.

No eligió instalarse en uno de los apartamentos del piso seis con miras a hacer una exposición, pero enseguida se sintió atraído por este edificio “viejo, gótico y ecléctico” repleto de recovecos que aprendió a conocer en detalle, al igual que a sus vecinos.

“Los que viven allí tienen cierta oscuridad”, comenta. Y eso despertaba en el fotógrafo enorme curiosidad.

Iturrioz pescó a los protagonistas de su historia en esos recorridos por los lúgubres pasillos donde no se sabe a ciencia cierta si es de día o de noche.

Buscaba personas con señas particulares, y cierto grado de oscuridad por la estética dura y sórdida que manejaría.

“Los elegía por la mirada. Cuando encontraba a alguien que me atraía y me interesaba, lo abordaba”.

La fase previa a los retratos fue compleja. Necesitaba generar confianza con la persona para poder proponer sin tapujos: ‘te quiero sacar fotos en tu casa, y de noche’. Es que cuando dejó de habitar el Salvo sus visitas al edificio eran post jornada laboral, entre las 20:00 y las dos de la madrugada.

Su mote de exvecino le dio un know how extra al que le sacó jugo. Hubo cosas que se le facilitaron por conocer a los porteros, y a la gente de la Administración, pero en otras tantas debió remar un poco más.

La primera captura fue a una vecina amiga, pero no quedó en la muestra. Con los desconocidos era más difícil. “Muchas veces los encaraba para fotografiarlos, aceptaban, me pasaban su teléfono, los llamaba y me suspendían tres veces. O iba a sus casas, no se aflojaban y quedábamos para otro día. Eso te desanima un poco, pero la clave es trabajar e insistir”.

Verborragia

Iturrioz se radicó en Alemania hace dos años porque su esposa es de ese país. Se fue sin haber terminado el trabajo, así que en uno de los dos viajes que hizo a Montevideo para continuarlo se alquiló un apartamento en el Salvo con miras a producir desde allí.

Pero tener el edificio el día entero a disposición no le fue útil. “Parece mentira pero me di cuenta de que era más fácil y productivo estar afuera e ingresar a fotografiar que adentro. No me sirvió mucho porque era parecido a lo que me sucedió los siete años que viví ahí”.

No calculó cuántas fotos capturó en total, pero sabe que fueron muchísimas porque trabaja de forma “verborrágica”.

Hubo noches que sacó 500, y apenas le sirvió una, o ninguna. Incluso se fotografió a sí mismo como auto personaje y al apartamento donde vivió, pero ninguna de esas quedó en la muestra porque “no cuajaron”.

Figuran varios desnudos entre las 50 fotos que componen Purgatorio, y en la mayoría no se ve el rostro de los modelos.

Ni un solo vecino le pidió permanecer en el anonimato: “fue una decisión mía no poner las caras porque me interesaba mostrar un plano bien cerrado que permitiera generar una atmósfera bastante asfixiante y no diera mucha escapatoria”.

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