Un proyecto vigente

Un economista y estratega del fútbol dirigirá el Jubilar

Después de doctorarse en Roma, el padre Valentín Goldie llegó a Casavalle.

Con ánimo integrador: Valentin Goldie en patio del Liceo Jubilar. Asumió en junio la dirección. Foto: Francisco Flores.
Valentin Goldie en el patio del Liceo Jubilar. Asumió en junio la dirección. Foto: F. Flores.

Hace un par de años, cuando el cura Valentín Goldie estaba en Roma estudiando pa-ra su doctorado y dirigiendo a un equipo de fútbol de sacerdotes, la dirección del Liceo Jubilar era un destino posible pero no lo que tenía en mente. En su retorno a Montevideo, se imaginaba al frente de una parroquia y dando clases a futuros clérigos.

"Fue una sorpresa muy grande el nombramiento, me llevó unos días asimilarlo pero le dije sí, con alegría, con entusiasmo, a monseñor Daniel Sturla".

El día que nació el Jubilar, hace 16 años, a pasos de la Gruta de Lourdes, en la Cuenca de Casavalle, Goldie era seminarista y en algunas oportunidades hablaba con los compañeros acerca de la posibilidad de tener un día que asumir la dirección del liceo, pero solo entre bromas. "Son esas cosas que se hablan, sin pensar que le va a tocar a uno", recuerda hoy con serenidad y buen humor, en la sala de la Dirección del Jubilar.

Goldie había decidido ingresar al Seminario en 2002 y lo concretó un año después. En aquella época estaba preparando las últimas páginas de la tesis para recibirse de economista y se proponía explicar, en base a muchos modelos matemáticos, la influencia de los planes de estabilización (implementados en el gobierno de Luis Alberto Lacalle) en la importación de maquinaria y equipo.

"Fue divertido hacer la tesis pero me costó mucho terminarla, motivarme. Ya había decidido que mi vida seguiría siendo yo sacerdote. Pero terminé la tesis y me fue muy bien. Es curioso, porque hice la carrera de economista y en el año de la peor crisis económica me dije: esto no es lo mío. Tenía 25 años, no era tan jovencito". Antes, entre los 5 de edad y los 18, pasó su vida de escolar y liceal en el colegio Stella Maris de Carrasco. Su vocación había surgido en la parroquia de Lourdes, en Malvín, en donde hoy reside pero sin obligaciones con esa comunidad.

La pasada semana, mientras en los patios del Jubilar ya se palpitaba el inicio del mundial de fútbol de Rusia y colgaban de los techos las banderas de todos los países participantes, el padre Valentín Goldie recién se estaba parando en la nueva cancha. Pero con mucha información de la propuesta que le toca conducir.

En carrera: son 80 los estudiantes que el Jubilar beca por año para que puedan cumplir el bachillerato en otro liceo privado. Foto: AFP
Son 80 los estudiantes que el Jubilar beca por año para que puedan cumplir el bachillerato en otro liceo privado

—¿Cómo está el Jubilar? ¿Cuáles son sus metas, las fortalezas a defender y en dónde hay que trabajar para crecer?

—El liceo está bien en varios sentidos. Quince años no es mucho para una institución pero no es tan poco; ya está superada toda una fase fundacional, el ser novedad en el barrio y en todo el sistema educativo. Ese impulso de crear ámbitos nuevos está superado y tenemos una institución que funciona con gente experiente. Dentro de mis prioridades está el potenciar todo lo que implique que los muchachos de este barrio puedan tener mayores relaciones con muchachos de otros barrios. Lamentablemente, en el Montevideo actual, la dinámica social que tiende a la fragmentación, lleva a que un muchacho de Casavalle tienda a relacionarse solo con gente de Casavalle, sin otras oportunidades. Ya tenemos un espacio de permanencia y acompañamiento (EPA) para los chicos que terminan el Ciclo Básico y empiezan el bachillerato. Les conseguimos becas para que estudien en liceos de distintos puntos de la capital. Los ayudamos en ese proceso de integración. El fin de este colegio es facilitar que los muchachos puedan integrarse a la dinámica del conjunto de la sociedad. ¡Y por qué no soñar también con expandir la parte deportiva!

Sociedad y deporte.

Son 200 los alumnos que concurren al Ciclo Básico del Jubilar; todos viven en la zona conocida como Cuenca de Casavalle. Y hay más de 100 en el espacio de Permanencia y Acompañamiento y 120 en el liceo nocturno para adultos, al que asisten varios padres de los estudiantes y otros vecinos que aspiran a terminar los tres primeros años de la enseñanza con la currícula de Secundaria.

—¿Es suficiente la infraestructura actual para esa cantidad de alumnos?

—Está justa; en nuestros planes inmediatos no está la ampliación pero sí nos gustaría tener mejores instalaciones deportivas, eso facilitaría mejores propuestas en el deporte, que es el medio por el cual se interactúa con muchachos de otros barrios. La idea está muy verde, no es un proyecto, lo comenzamos a hablar. Hay que consolidar lo que ya está, porque las nuevas instalaciones generan costos operativos permanentes.

—Usted no estaba al frente del Jubilar durante los últimos incidentes que crisparon a Casavalle, pero los enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes afectaron esa comunidad. ¿Se palpa ese clima, llega?

—Llega pero no llega. No tenemos aquí los problemas que hay en el barrio, de narcotráfico, pero sí llega en el sentido de que nuestros alumnos viven en el barrio y a veces hablan de esos temas, son temas de conversación con los educadores, hay muchachos que están en situación más vulnerable y viven eso más de cerca. Lo hablan con sus referentes, con relativa calma, y eso me tiene muy sorprendido.

—Más allá de la dinámica del liceo, que puede verse afectada, esos hechos otra vez ponen sobre la mesa el tema de la estigmatización del barrio, de su gente, de los problemas que pueden tener para conseguir un trabajo cuando dicen que viven en Casavalle.

—En todo el programa EPA, sobre todo en el primer año, cuando los chicos van a estudiar a liceos de afuera, es cuando empiezan a traer más esa problemática, y acá se trabaja mucho para lograr que ellos puedan relacionarse mejor y se puedan superar estigmas que hay de Casavalle y también los que tienen nuestros muchachos respecto a otros barrios. La consecuencia de estar en una sociedad en la que cada vez nos integramos menos es que en todos empieza a crecer el prejuicio, el otro tiene un nombre que en principio lo convierte en mi adversario. Hay que empezar a superar esa mentalidad, es una de las tareas hermosas que tenemos. Y se logra.

Logros: el índice de repetición en el Jubilar es 6% mientras que el general del país es 26,4%.
Logros: el índice de repetición en el Jubilar es 6% mientras que el general del país es 26,4%.

En torno a cada clase.

En este liceo gratuito, como los públicos, pero privado, católico, se destaca la presencia de los llamados referentes, algo más que adscriptos, porque tienen una función educativa, con dos grupos a su cargo. También hay 70 voluntarios que colaboran en las tardes con las propuestas extracurriculares, por ejemplo el programa de deportes o los talleres. Los aportes en dinero llegan por los padrinos, personas físicas o empresas

"Este liceo católico va descubriendo su identidad con los matices", afirma Goldie. "Tenemos gente trabajando que es ex alumna de liceos católicos y no siente un shock por la propuesta formativa. Lo que tenemos es un contexto social determinado, y al ser gratuito involucra a las familias en la alianza educativa, en el funcionamiento cotidiano. Eso pasa en otros liceos gratuitos de gestión privada pero no es tan común".

Celebrados los 15 años se mantienen los sueños

Junio comenzó con un nuevo director en el Liceo Jubilar; su primer cometido será mantener lo obtenido en una década y media en la primera institución de educación formal gratuita de gestión privada del país. Al cumplir los 15 años, en 2017, el Jubilar alcanzó un índice de repetición del 6%, (frente 26,4% de promedio general en Ciclo Básico). Para los egresados, hace 8 años que existe el Espacio de Permanencia de Acompañamiento (EPA), que les permite acceder a una beca en un liceo privado para hacer el bachillerato y completar así la Secundaria. Existen 80 oportunidades de este tipo al año. Los becados asisten de mañana a su liceo y de tarde van al Jubilar para ayudar en actividades no curriculares del Ciclo Básico. Por año, 12 llegan al nivel universitario. Todos nacieron por debajo del nivel de pobreza en Casavalle.

Entre la pelota, la comunión y las tesis

Además de economista, el flamante director del Liceo Jubilar tiene entre sus laureles haber sido elegido en 2016 como el mejor técnico de fútbol de un torneo disputado a pasos del Vaticano por equipos de curas y seminaristas.

Aquellos años en la zona de Villa Carpegna, al oeste de Roma, serán por siempre inolvidables para Valentin Goldie. Esa experiencia es relatada por él con detalles.

"Fui a hacer un doctorado a Italia. Era mi única obligación, pero como siempre uno se busca una vida. Me pasaba horas y horas en una biblioteca estudiando el tema que me apasionaba: ´La Iglesia como comunión en el diálogo metodista católico´. En Roma convivía en un colegio, que así se le llama a las residencias de sacerdotes que están estudiando. Y es tradicional que la Santa Sede organice un campeonato de fútbol para sacerdotes. Yo estaba en el Colegio Pío Latinoamericano, que tenía su equipo, pero normalmente no nos iba bien, quedábamos afuera en la primera fase de grupos. Jugaban 16 en total y cuatro por cada grupo. Yo era el golero suplente, jugué un partido que empatamos contra los españoles pero el último partido nos hicieron nueve goles, fue algo terrible, es horrible la sensación de ser goleado. En 2016 me propusieron dirigir el cuadro; soy un aficionado pero no había dirigido nada; me gusta sí el fútbol táctico, me gusta ir al estadio a la parte alta de la tribuna para ver los movimientos de los equipos. Capaz que porque siempre hablaba de eso, los compañeros me propusieron. Acepté con la condición de que hubiese prácticas; mi objetivo era que nunca más nos hicieran nueve goles. Jugábamos muchas veces contra seminaristas, muchachos de 22 años y nosotros los curas teníamos 35 de promedio. Se nota esa diferencia pero el primer año quedamos primeros en el grupo y llegamos a semifinales, le ganamos a los americanos con un gol en la hora, bajo lluvia, fue épico. Volvimos con nuestros títulos académicos pero estoy seguro que muchos nos acordamos más de ese partido que de otra cosa. Ahí fue que me eligieron el mejor técnico. Dirigí dos años y allá me hice hincha de la Roma; cada vez que había un partido bueno y tenía recursos iba al Estadio Olímpico, estuve en el 3 a 0 contra el Barcelona. Es el cuadro más popular de Roma, por lejos".

Los antecesores

el primer director
Gonzalo Aemilius, el primer director. Foto: archivo El País.
Gonzalo Aemilius

El padre Gonzalo Aemilius (que se bautizó a los 11 años por su propia voluntad) estuvo al frente del Jubilar Juan Pablo II hasta octubre de 2012. Esta institución que lo contó como alma mater motivó su vínculo con el Papa Francisco, cuando éste era arzobispo de Buenos Aires y realizó una donación al centro educativo de Gruta de Lourdes. En 2005 pidió ser aceptado como sacerdote, y monseñor Cotugno, fundador del liceo, lo nombró director.

el continuador
Ricardo Villalba, el continuador. Foto: archivo El País.
Ricardo Villalba

El padre Ricardo Villalba asumió la dirección del Liceo Jubilar después de la salida de Gonzalo Aemelius. Con su mandato fue que se implantó como medida que antes de ingresar al aula los alumnos deben dejar su celular con su nombre en una caja. En los últimos dos años impuso las jornadas institucionales, instancia de reflexión sobre las prácticas educativas y el camino a sostener con la comunidad del barrio.

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