INVESTIGACIÓN Y GÉNERO

La ciencia no es muy feminista

La participación de más mujeres en la investigación y el desarrollo científico es un debe.

Foto: Pixabay
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No existe únicamente una brecha salarial entre hombres y mujeres. Tampoco existe únicamente una contundente diferencia entre los cargos gerenciales en las principales empresas que operan en Uruguay. También en un sector como la ciencia y la tecnología —considerado clave para el desarrollo y el crecimiento de una nación— las diferencias entre los géneros son palpables.

Una de las más significativas es la que se expresa en un gráfico presentado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, a través de la Mesa de Mujeres en Ciencia y Tecnología. En la presentación elaborada por esa sección, se constata que la cantidad de mujeres y hombres que inician una trayectoria como investigadores dentro de las ciencias es bastante equitativa en cuanto a su repartición.

Es más: cuando los investigadores científicos arrancan, hay más mujeres (55%) que hombres (45%). Pero a medida que transcurren los proyectos y la producción de conocimiento —en otras palabras, cuando se avanza hacia grados académicos más altos— la proporción de hombres supera a la de mujeres, y por mucho: 86% a 14%.

Además, este fenómeno se inserta dentro de otro que también interpela a la importancia que se le da a la investigación y el desarrollo científico en Uruguay: la relativamente poca cantidad de gente que se dedica a esas carreras.

De acuerdo a datos que el decano de la Facultad de Ciencias Juan Cristina ha divulgado, ingresan algo más de 500 alumnos a esa facultad por año, y egresan cerca de 150 estudiantes por año. Una quinta parte de esos egresados siguen sus carreras en otros países, mientras que casi la mitad de ellos vuelven a la Universidad de la República para desarrollarse como científicos.

De acuerdo a lo que le dice Cristina a El País, uno de los principales problemas es la falta de vocación para estudiar ciencia y tecnología. A ese panorama, hay que agregarle otro dato: Uruguay invierte menos del 1% de su producto bruto interno en el desarrollo científico y tecno-lógico.

En ese contexto, la participación femenina en las carreras de ciencia y tecnología es minoritario, y se agrava, según Cristina, cuando la estudiante termina su carrera. "No hay diferencias significativas en el rendimiento entre hombres y mujeres durante los años de estudio. Creo que en realidad las políticas (de género) corresponden luego del grado. Es ahí donde tenemos que realizar políticas. Hay temas culturales —y también hechos como la maternidad— que le hacen la carrera más fácil a un hombre", afirma Cristina.

Según datos de la Dirección General de Planeamiento de la Universidad de la República, divulgados en un informe publicado por el semanario Brecha el pasado 9 de marzo, solo 22% de quienes ingresan a la Facultad de Ingeniería son mujeres. De todos los que empiezan a estudiar en la Licenciatura de Física, 80% son varones.

Para empezar a desentrañar las razones de esta disparidad es que la Mesa de Mujeres en Ciencia y Tecnología investigó con el propósito de identificar las razones por las cuales las mujeres son minoría a la hora del ingreso, y, además, no llegan a cargos jerárquicos o a los espacios de decisión dentro de la investigación. El informe final —coordinado por la asesora en género de la dirección de OPP Mariana González-Pírez— se presentó a fines del año pasado.

Titulado Mujeres en ciencia, tecnología, e innovación, un problema de justicia, ahí se puede constatar, entre otras cosas, que "la mayoría de las instituciones consultadas visibilizan factores de segregación en cuanto al tipo de integración de mujeres en el área de ciencia y tecnología" y que entre las razones para tal segregación "predominan los aspectos vinculados a la maternidad y la división sexual del trabajo (...), que asigna tradicionalmente los roles de cuidado a las mujeres".

La investigación abarcó a un importante número de instituciones públicas y relevó la cantidad de políticas específicas que se llevan a cabo para promover una situación más equitativa en cuanto a cuestiones de género. Entre las recomendaciones finales, se postula que "todos los organismos incorporen el enfoque de género, generen espacios y recursos dedicados a revisar este enfoque en sus políticas y prácticas", entre ellas: "paridad en los cargos directivos"; "llamados específicos para promover el desarrollo de mujeres en estas áreas"; "promover la corresponsabilidad de género y la corresponsabilidad social en el cuidado (de los hijos)" y "discutir y proponer una nueva legislación sobre el teletrabajo que permita mayor flexibilidad en las condiciones de trabajo", entre otras.

La conclusión final de la investigación es "el país ha comenzado a instrumentar una serie de medias en cuanto a la equidad de género para promover la participación plena de mujeres en las áreas de CTI" (por Ciencia, Tecnología e Innovación).

Pero también se constata que hay veces en las cuales se declaran buenas intenciones pero no se concretan acciones acordes al discurso. Más allá de algunas medidas adoptadas, estas "no se integran a las políticas institucionales" y "en otros casos se observa el interés por recoger información a la interna de la organización, pero aún no se ha plasmado en medidas concretas".

"Hay que ganarse el lugar todos los días"

Elizabeth González es investigadora en el Instituto de mecánica de los fluidos e ingeniería ambiental en la Facultad de Ingeniería desde hace 29 años, y obtuvo su doctorado en 2000. Lidera un equipo en el cual hay cinco hombres y dos mujeres, una de las cuales divide sus proyectos entre el staff de González y otros. Desde sus inicios hasta ahora, González ha detectado dos grandes cambios. "Por un lado, es mucho más visible el trabajo de las mujeres en la ciencia actualmente. Por el otro, la actitud de los hombres más jóvenes es muy distinta. Para ellos es natural que las opiniones de sus compañeras de trabajo sean igualmente válidas que las de ellos, y discutimos todos los temas técnicos en plano de igualdad". Aún así, González sigue señalando y sintiendo el menosprecio y la condescendencia. "Es ir un poco más allá de mi equipo para constatar que una, tras casi 30 años, sigue teniendo que ganarse el lugar, todos los días. Es muy frustrante tener que volver a demostrar que la rueda es redonda, que lo que hacemos es científicamente válido. Y eso influye sobre la investigación, porque desgasta mucho. Es triste que sea una la que tenga compartir eso en el grupo, para abrirle los ojos y para que a ellas no les pase y que no se las cuestione solo por el hecho de ser mujeres".

Visión de género desde el Plan Ceibal

Fiorella Haim es ingeniera y gerenta general del Plan Ceibal, y dice que no siente haber sido discriminada en su camino académico. "Me hubiese gustado, por ahí, haber tenido más compañeras mujeres. Fuimos solo dos durante la carrera, en una clase de unas 50 personas. Ahora, desde el Plan Ceibal y con otra edad, veo que sería importante aumentar la participación de las mujeres en la ciencia y la tecnología. Hay tantas oportunidades, y tanta necesidad de mano de obra calificada, que es una pena perderse, de pique, a las mujeres, porque falta gente. Estás arrancando prácticamente con la mitad de las posibilidades. Algo que es muy poco eficiente".

Maternidad afecta y precisa más apoyos

En el estudio realizado por la Mesa de Mujeres en Ciencia y Tecnología de la OPP, se señala el caso de una investigadora premiada y su producción a través de publicaciones arbitradas. En la gráfica presentada en ese estudio, queda claro que la maternidad significó una interrupción total en su trabajo. "A simple vista podemos decir que por (...) su producción en revistas arbitradas, estamos ante una profesional con una producción abundante y sostenida, lo que debilita la idea de la baja producción científica de las mujeres. Si bien se trata de un solo caso, probablemente esta gráfica representa la realidad de varias investigadoras que decidieron ser madres", se expone en la investigación. A partir de esto se plantea que las mujeres deberían tener más apoyo en ese período de sus vidas.

Tres preguntas a Liliana Borzacconi - Ivenstigadora Grado 5 en la Facultad de Ingeniería .

"Las mujeres tenemos otros enfoques"

1 - ¿Alguna vez sintió que por el hecho de ser mujer su trayectoria en la investigación científica fue más complicada de llevar adelante?No. En los últimos años de la carrera fui la única estudiante mujer en mi grupo, pero no sentí que me costara más. No creo que me hubiese sentido distinto si hubiese sido hombre. Tal vez yo no sea el caso más representativo en este sentido, porque soy un poco particular en mi forma de ser: si a mí me discriminan ni cuenta que me doy. Tal vez tuve suerte y me tocó un entorno en donde hubo cabezas muy abiertas, pero nunca sentí que se me menospreciara por ser mujer.

2 - Más allá de su propia trayectoria ¿Ha visto casos en los cuales les haya costado más a la estudiante seguir adelante en su carrera?

Sé que hay personas que sienten eso. Lo que creo es que se le hace mucho más difícil —y a lo mejor aún más a las mujeres— entrar a la Facultad de Ingeniería cuando se proviene de un contexto social precario. Es como que eso se ve como algo muy lejano, imposible de alcanzar. En muchas facultades de ciencias, las mujeres que entran son minoría y eso es un filtro también, porque creo que eso inhibe a muchas mujeres que vienen de hogares carenciados.

3 - ¿Le parece que hay que implementar políticas de género que incentiven una mayor presencia de las mujeres en la investigación científica?

Sí, me parece muy importante. Las mujeres tenemos otro enfoque, y es importante contar con la mayor cantidad de enfoques diferentes, no solo en la ciencia. También en la política y en otros ámbitos. Hay un desequilibrio en cuanto a la participación de hombres y mujeres en muchos campos, en el mío también. Y es necesario que haya una igualdad, porque las mujeres pueden aportar aspectos diferentes, lo que enriquece mucho.

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