Un hallazgo con repercusiones

Los buzos detrás de la historia

Los dos hombres que hallaron el fuerte de Gaboto en Soriano, que data del siglo XVI.

Gómez y Quian extrajeron objetos que estuvieron perdidos 500 años. Foto: D. Rojas
Gómez y Quian extrajeron objetos que estuvieron perdidos 500 años. Foto: D. Rojas

Los protagonistas del descubrimiento del fuerte de Gaboto en Soriano cuentan cómo se realizaron las primeras incursiones en el río San Salvador que derivaron en uno de los principales hallazgos arqueológicos de los últimos tiempos: el sitio del primer asentamiento europeo de la conquista, que se había buscado sin éxito durante 200 años.

Consideran que el “relato oficial” de la Comisión de Patrimonio les asigna un mezquino papel que se reduce al hecho fortuito de haber hallado el sitio por un accidente, mientras se encontraban buscando un cuchillo perdido en una pesquería. Los buzos Alfonso Quián y José Luis Gómez, relatan la historia que abarca varios meses de trabajo y más de 180 inmersiones, todo costeado de sus bolsillos. También se mostraron críticos respecto a lo realizado hasta ahora por las autoridades municipales y de la Comisión, que no han abierto semejante hallazgo a la comunidad y sin embargo sostienen que cualquiera que vaya por río, puede caminar y hasta realizar excavaciones en el sitio histórico donde no existe ninguna medida de protección.

“Entre agosto y setiembre de 2010, voy con unos amigos a pescar al San Salvador y nos metimos en el arroyo El Espinillo. No pescamos nada hasta que vemos unos sábalos sobre la superficie. Ahí es cuando les digo: me voy a tirar al agua y voy a capturar uno de un cuchillazo, pegándole con el lomo del mismo. Al segundo intento, perdí el cuchillo”, recuerda José Luis Gómez. Ese fue el comienzo de la historia.

A los días conoció a Alfonso Quián, buzo profesional radicado en Villa Soriano, a quien le planteó su interés por recuperar el objeto perdido. Quián trabaja con varias empresas en todos los puertos del litoral y además colabora con Prefectura cada vez que requieren de sus servicios para hallar personas desaparecidas en el agua, algo recurrente en el verano.

Foto: Daniel Rojas
Foto: Daniel Rojas

“Le comenté de mi interés de conocer y explorar la zona en la que perdí el cuchillo, que además era la zona del antiguo muelle de la curtiembre de El Espinillo, por el que ya en 1860 se sacaba la lana y los cueros que iban a Europa”, comenta Gómez, quien además de aficionado a los deportes náuticos es productor rural y llegó a ocupar el cargo de intendente de Soriano como suplente de Guillermo Besozzi.

Quián no dudó en sumarse a la aventura: “Toda la vida trabajando en puertos, sé que donde hubo un muelle, siempre quedan elementos”, anota el buzo. Al llegar a la zona, la superficie no decía nada. No había vestigios a simple vista. “Estuvimos buceando un mes y sacamos en total 115 piezas, algunas de las cuales llevamos al museo Lacan Guazú (Dolores). Otras las dejamos en el agua, porque si no se conservan en forma adecuada, se deterioran rápidamente por entrar en contacto con oxígeno”, explicó Gómez.

Foto: Daniel Rojas
Foto: Daniel Rojas

El adelantado.

Una tarde cuando volvían de las expediciones, se encontraron con Paola Díaz, guía turística del grupo “Zaratina”, quien les contó la historia del adelantado español Juan Ortiz de Zárate, que había fundado hacia 1573 una ciudad en las costas del San Salvador. Según los documentos, en ese lugar se habían reparado y construido naves.

La pasión por el buceo y el interés histórico los llevó al nuevo desafío. Hablaron con baqueanos del lugar, tomaron apuntes y siguieron explorando hasta que un día la profesora de Geografía, Nelsi Negrin, se comunicó con ellos para contarles que en la biblioteca del liceo Campos de Mercedes, había encontrado una revista del Centro Histórico y Geográfico de Soriano, donde figuraban algunos datos aportados por el piloto Andrés de Oyarbide de 1801, donde en teoría pudo haberse fundado la ciudad Zaratina. Los integrantes del centro hicieron un dibujo con esos datos: era un lugar alto, profundo y al reparo de los vientos.

“Tomada esa referencia, un día anclamos a 200 metros de la desembocadura del arroyo Olivera, pero cuando estábamos dispuestos a iniciar la búsqueda subacuática, nos encontramos con una melaza de barro a escaso metro y medio de profundidad que impedía cualquier tipo de inmersión. Cuando nos aprestábamos a regresar al bote, sin mucha esperanza de nada, José Luis insiste, quizás por intuición. Vamos sobre aquella playita y la verdad que fue muy grande nuestra sorpresa. Yo no quería bucear más y José Luis volvió a insistir”, expresó Quián.

El hallazgo.

Foto: Daniel Rojas
Foto: Daniel Rojas

En esos 6 o 7 metros de arena encontraron una infinidad de “cacharros”. Luego de bucear aproximadamente 100 metros aguas arriba por el veril, a unos 6 metros de profundidad y en una absoluta oscuridad, empezaron a encontrar piedras de mediano y gran porte, algo atípico para ese tramo del río. El hecho les llamó poderosamente la atención. “Nos sorprendimos al encontrar piedras perfectamente acomodadas coincidiendo unas con otras”, recuerda Quián.

En otra inmersión realizada el 7 de enero, la sorpresa fue aún más grande: “Hallamos trozos de vasijas, cinceles de calafateo, cabos, clavos forjados y otros elementos para la reparación en madera. No tocamos nada. Fue entonces que decidimos dejar una piedra del lastre en la zona y comunicar el hallazgo al prefecto de Nueva Palmira, José Luis Elizondo”, recuerda Gómez.

Pocos días después las autoridades de Prefectura, del Juzgado y sobre todo de Patrimonio se constituyeron en el lugar.

Dolidos con la Comisión Nacional de Patrimonio

“No fue un hecho fortuito, no es que nos tropezamos con el fuerte de Gaboto. Acá hubo investigación con integrantes de la comunidad. Es cierto que pudimos tener suerte, pero detrás de esto existe causalidad, porque estábamos trabajando en esa dirección”, expresó Quián, quien recordó el apoyo que obtuvo de Alberto Quintela, exdirector de la Comisión de Patrimonio, quien “apuntaló mucho todo esto junto a la dedicación que le pusieron (los buzos) Buffa y Cordero, así como el representante de Unesco”. “Nunca nadie había buscado el sitio por el agua, nunca se había buceado allí. Después de eso, entre 2011 y 2015, trabajamos con Patrimonio y calculamos unas 180 inmersiones que en definitiva fueron 180 días”, aclaró Gómez.

“La Intendencia durante ese tiempo solo cubrió el costo de las cabañas para los estudiantes de Facultad que venían a colaborar, pero hasta las visitas de las ministras que vinieron las hicimos en mi yate”, precisó Gómez, un tanto dolido porque sienten “con amargura” que nunca fueron reconocidos, “excepto por Prefectura” y que ahora “ya ni los invitan a las presentaciones como la que hizo José López Mazz, de la Comisión de Patrimonio, hace una semana.

Hallazgo de cerámica europea y guaraní

En días pasados, el equipo de arqueólogos supervisado por la Comisión de Patrimonio mostró los trabajos que viene haciendo cerca de la desembocadura del río San Salvador.

“Esto es emblemático por cuanto representa el lugar en el que se asientan y proyectan la conquista del Río de la Plata”, explicó el antropólogo José López Mazz, y precisó que “adentro de lo que fue un rancho doméstico, la cerámica de los europeos aparece asociada a la cerámica guaraní”.

Las piezas halladas y vestigios de las paredes de adobe de las chozas fueron presentadas “en sociedad” ante un grupo de autoridades y vecinos encabezados por el intendente Agustín Bascou y el alcalde de Dolores, Javier Uttermark.

Sobre el fuerte de Gaboto, se ha podido determinar que el asentamiento en 1527 “fue breve, poco más de un año debido a los constantes conflictos”, mientras que las crónicas históricas indican que la ciudad Zaratina (1574) funcionó como tal entre 4 y 5 años.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)