Camionetas reparten carne brasileña clandestina en barrios de Artigas

"La situación comercial es tétrica"

Mi situación no es dramática, es tétrica. Tengo dos carnicerías y ya estoy pensando en cerrar una porque viene carne de Brasil en camionetas y se distribuye en los barrios", dijo a El País el empresario Ariel Lencina.

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Los comercios brasileños están repletos de "turistas" a cualquier hora. Foto: Néstor Araújo

En Melo, el comerciante Antonio Guzmán cerró su puesto de verduras. No fue el único. En los barrios de Melo cierra un comercio por semana.

Los barraqueros de Rivera ven como camiones de Livramento, Brasil, reparten hierros, portland, arena y otros productos por los barrios de esa ciudad, sin ningún tipo de control estatal.

Los comerciantes del Chuy, aburridos y acodados en sus mostradores, ven como hordas de uruguayos se dirigen al otro lado de la frontera. Los fines de semana no se puede caminar por las calles de la ciudad brasileña. Llegan "turistas" de todos los departamentos. En los comercios ubicados en el lado uruguayo, las ventas cayeron más de un 50%, dijeron empresarios a El País.

La culpa de este fenómeno es la caída de la cotización del real en un 72% en comparación con el peso uruguayo en un año.

Pase libre.

Las dos carnicerías de Lencina, denominadas el "Emporio de la Carne", son las más grandes de Artigas.

La caída de las ventas en un 50% en dos meses y que se agrava día a día con la devaluación continua del real en comparación con el peso uruguayo, obliga a Lencina a pensar que deberá enviar al seguro de paro a todos sus empleados.

"Ahora ya estoy al borde del cierre. Si esto sigue un mes más, cierro los establecimientos", advirtió el empresario.

A diferencia de lo que ocurre en Artigas, las carnicerías de Quaraí —un puente de unos dos kilómetros que une ambas ciudades— están llenas, con filas de 30 y 40 personas aguardando a ser atendidas.

Según Lencina, ingresar carne de Brasil es doble delito: es contrabando y puede afectar la sanidad. En la frontera artiguense corren rumores que de que en los municipios de Uruguayana y de Quaraí, hay brotes de aftosa. "Acá se percibe una gran omisión e irresponsabilidad de Barreras Sanitarias que no controla nada en el puente", dijo Lencina.

Hace un año atrás, al costado de la cabecera del puente internacional de "La Concordia", había un cartel que decía: "Prohibido ingresar productos orgánicos, carne vacuna, pollo y cerdo". Hoy alguien hizo desaparecer el cartel.

Roberto Arbiza, encargado de la estación de servicios Ancap, decidió que parte de su personal se tomara licencia ante la baja de las ventas de combustible en el entorno de un 20%.

Arbiza, quien conoce desde hace muchos años a sus 19 empleados, no quiere por ahora apelar al seguro de paro como medida salvadora de la empresa. "Si esto no cambia, no tendremos más remedio. Todavía la peleamos con el descuento al Imesi (Impuesto Específico Interno) a los combustibles y bajando los gastos. Pero el panorama está muy oscuro", dijo.

Los despidos ya comenzaron en varias barracas de Artigas, un sector muy afectado por la devaluación del real.

Rivera.

En esta ciudad el panorama tampoco es alentador. Producto de la crisis en los últimos meses, en las calles Sarandí, Agraciada e Ituzaingó —las tres arterias céntricas de Rivera—, han cerrado sus puertas 100 comercios.

Juan Eduardo da Cunha, propietario de una de las inmobiliarias, señaló que, solo en septiembre, inquilinos entregaron alrededor de 30 locales comerciales a las inmobiliarias que los gestionaban. En tanto, quienes transportan encomiendas estiman que cerca de 150 comercios ya cerraron sus puertas en el centro en nueve meses de 2015.

La barraquera Silvia Janet Olivera tiene comercio desde hace 15 años. En tiempos de bonanza "llegamos a contar con ocho empleados. Hoy van quedando tres, y sí las cosas no cambian, a fin de año cerraré", dijo. Agregó que "para pagar sueldos, tengo que endeudarme, porque no vendo nada". Enseguida agregó: "Mientras en mi comercio no entra nadie, por la calle pasan varios vehículos de barracas brasileñas que vienen a repartir materiales de construcción. Es la realidad de la frontera. No puedo culpar al vecino porque quiere hacer rendir sus pesitos", sentenció. Sin embargo, recordó que las autoridades brasileñas prohíben que comerciantes uruguayos distribuyan mercaderías en territorio norteño.

Julio González, propietario de un supermercado de Rivera, dijo a El País que sus ventas cayeron un 30% por la devaluación del real. "Una solución razonable sería que, en la frontera, el Estado pague parte del sueldo de sus funcionarios con tiques. De esa forma lograríamos que consuman acá", dijo.

Cerro Largo.

Juan Soto era un almacenero minorista que tenía cerca de ochenta clientes en Barrio Los Vascos, en Melo.

Dijo que comió su mercadería. "La gente los fines de semana se va a la frontera y hace el surtido para todo el mes con un poco más de tres mil pesos. Nosotros solo nos limitábamos a vender leche y pan. Entonces terminé cerrando y la mercadería que tenía en el almacén me la comí yo y mi familia. Envié al seguro de paro a una muchacha que tenía trabajando conmigo", dijo Soto.

En los barrios de Melo cierra un almacén por semana, de acuerdo a los datos aportados por Rafael Rivero, propietario de una distribuidora. "En nuestro caso particular vendemos un 60% menos de mercaderías y son esos productos que del Brasil ingresan fácilmente por los bajos costos", agregó Rivero.

Una estación de servicio ubicada en Avenida de las Américas de Melo debió cerrar debido a las bajas ventas. Su dueño argumentó que es muy difícil mantener un negocio abierto y poder competir con el gasoil y la nafta brasileña que ingresa de contrabando a Uruguay.

Chuy.

La carnicería "La Frontera" sintió la devaluación del real. Las ventas cayeron un 50% en ese comercio, según el encargado de la carnicería. "Está feo acá. La cosa (ventas) se está achicando. Vienen pocos clientes", dijo un empleado.

Fredy Pereyra, encargado de la estación Ancap, afirmó que las ventas se sostienen gracias a las compras con tarjetas que realizan turistas aprovechando el "combustible de frontera". Sin embargo, Pereyra dijo que la gran afluencia de público en el Chuy "no se refleja" en las ventas. "La situación está bastante complicada", expresó.

En Brasil, el litro de "Super" vale $ 24. Con el descuento del Imesi, en las ciudades uruguayas de frontera cuesta $ 33. En otras partes de Uruguay, vale $ 43,50. Producción: Freddy Fernández (Rivera) y Néstor Araújo (Cerro Largo)

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Hablan los comerciantes


MELO: "NO SE PUEDE COMPETIR CON LOS PRECIOS DE LA FRONTERA".

Antonio Guzmán cerró su puesto de verduras. "Aquí no se puede vender nada si trabajás con lo legal. Yo traía de Montevideo todas las verduras, pero no se puede competir con los precios de frontera", sostuvo. Dijo que la papa, la cebolla y la zanahoria viene toda de Brasil y la traen los motoqueros en moto, que son quienes hacen de mandaderos de los grandes almaceneros de aquí que mezclan las verduras, y si los aprieta la DGI (Dirección General Impositiva) muestran las boletas. Pero venden lo camuflado que es brasileño", sostuvo. "Entonces así no se puede, si quieres pagar los impuestos y estás legal tienes que cerrar o ponerte a contrabandear. Pero yo no estoy para esa, prefiero cerrar y dedicarme a mi taller de motos". En los últimos dos meses, muchos almacenes de barrio cerraron en la capital melense.

CHUY: "VENTAS DE PRODUCTOS DE BARRACA HAN CAÍDO UN 30%".

En el Chuy el panorama es sombrío. Luis Pérez, encargado de la barraca Sedan, dijo que, en los últimos años, los brasileños venían a comprar a Uruguay y que ahora la situación se invirtió. "Los fines de semana vienen muchas personas de otros departamentos a comprar del lado brasileño", explicó. Sin embargo, aclaró que la afluencia de público no es de la magnitud de hace 20 años. "Antes la gente venía a comprar y se llevaba mucha mercadería. Todavía no se ven excursiones como sí se observaba antes", dijo. Pérez estimó que las ventas de mercaderías de la barraca cayeron un 30% por la devaluación del real y por la baja temporada. "La devaluación es un problema reciente. Si sigue así tal vez la situación empeore", expresó. Pérez apuesta a la temporada veraniega para sortear esta coyuntura. "En el verano las ventas suben", dijo

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