Son dos menores de 15 y 17 años; matan por encargo a cambio de pasta base 

Sicarios de Casabó asesinaron a policía

Dos menores, considerados por la Policía como "los sicarios de Casabó", están plenamente identificados como los asesinos del funcionario policial que el viernes fue asesinado en el marco de una rapiña, contra un reparto, que la víctima atendía.

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Los homicidas son buscados en Casabó, donde han matado muchas personas. Foto: L.Carreño.

Mediante pericias policiales realizadas entre el viernes y el sábado, además de una serie de interrogatorios a testigos, se logró determinar que estos dos menores, de 15 y 17 años de edad, fueron los asesinos de Carlos Barrios.

El interrogatorio que se le practicó al compañero del policía en el reparto fue fundamental para terminar de ubicar a estos dos delincuentes en la escena del crimen.

El hombre, de 37 años de edad, fue baleado en ambas piernas durante el asalto y se recupera favorablemente.

Según indicaron desde la Zona 4 de Jefatura, los dos adolescentes tienen entradas al INAU por delitos de rapiña y hurto, pero desde hace un tiempo se dedican a matar por encargo en la zona de Casabó.

"Son sicarios. Matan gente para narcos grandes de la zona y lo hacen por plata o bien por droga", señaló una fuente policial en diálogo con El País.

Carlos Barrios tenía 55 años de edad y más de 30 de servicio en la Policía. Entre otros destinos policiales, estuvo en la Seccional 7a y en los Almacenes de Jefatura, último destino antes de iniciar los trámites para la jubilación.

Como pretendía seguir en actividad, había comenzado a trabajar en el reparto de pollos donde también trabaja su hijo, aprovechando que éste estaba de vacaciones.

Una semana antes de ser asesinado, Barrios había sido asaltado por dos delincuentes, también en la zona de Cerro Norte, pero en esa ocasión no hubo ni disparos ni heridos.

"Le decíamos el Pelado. Era tremendo tipo. Era muy querido. Nos dejó muy triste esto", dijo un ex compañero que estuvo con él en la Seccional 7a.

Barrios tenía dos hijos y un nieto. Vivía junto a su esposa en la ciudad de Sauce y a pesar de haber juntado años de servicio en la Policía, pretendía seguir trabajando.

Repartos.

"Mi hijo fue asaltado dos días antes en esa misma esquina", dijo la madre de un joven que hace poco tiempo comenzó a trabajar en una empresa de chacinados. "Él va a renunciar", agregó.

"Yo miraba la tele, viendo la noticia del repartidor asesinado y pensaba que esa persona podía ser mi hijo", concluyó la mujer.

La falta de seguridad en los repartos ha hecho que varios de estos trabajadores decidieran salir a hacer repartos más temprano e incluso dejar de repartir en determinadas zonas.

En el transporte de bebidas, desde hace varios años, las entregas se realizan con un policía, a modo de servicio 222.

"Como en todos los ámbitos, no hay una zona donde estés completamente seguro, pero hay barrios en los que cada vez se puede entrar menos sin ser robados", dijo un empresario del rubro, Robert Batista.

Diariamente, más de 40 efectivos policiales salen junto a los repartidores de bebidas, tanto refrescos como cervezas, a realizar pedidos en diversas zonas de Montevideo.

Para intentar dar más seguridad a los trabajadores, paulatinamente se está intentando sacar el efectivo de los vehículos. "Muchos repartidores ya están haciendo el cobro electrónico, evitando así andar con efectivo encima, para hacer menos tentador un robo", señaló Batista.

Más asaltos.

En tanto, los repartidores siguen siendo víctimas de robos. Ayer, un joven de 18 años que estaba al frente del reparto de una casa de electrodomésticos fue asaltado en Ruperto Pérez esquina Humbolt, en La Teja.

El joven realizaba entregas en el barrio, cuando fue sorprendido por dos delincuentes en moto que, mediante amenazas con un arma de fuego, lo obligaron a entregarles la totalidad del dinero.

Los rapiñeros fugaron del lugar en la moto, sin siquiera efectuar un disparo.

Richard Read

Para el chorro, el reparto de bebidas es una tentación", señaló el secretario general de la Federación de la Bebida, Richard Read. El gremialista sostiene que la situación en el sector es difícil y confirmó que hay zonas, como Marconi, Borro o Casabó, en las que se hace trasiego de mercadería. "El camión llega hasta determinado lugar, pasa la mercadería hacia otro vehículo y de ahí los llevan a los comercios de las zonas rojas", expresó. Read comparó esta situación con la que se da en Cabo Polonio "donde el camión llega hasta la entrada de las dunas y pasan la bebida a una 4x4 que pueda transportarlos". La idea de tener custodia arriba de los camiones surgió hace 3 años, cuando una ola de robos similar a la actual "obligó a que se tome esa medida".

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