PERFIL DEL JUEZ DE LA OPERACIÓN LAVA JATO

Sergio Moro, el juez que sacude Brasil y acorrala a Dilma y Lula

Tiene 43 años, estudió en Harvard y se deslumbró con la histórica operación Mani Pulite.

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Foto: Reuters.

Héroe que rescató a Brasil de la plaga corrupta o golpista que ha desencadenado un virulento terremoto político desde su fuerte sureño: todos los caminos conducen a Sergio Moro, el juez que hoy tiene en jaque a la presidenta Dilma Rousseff y a su mentor, Lula Da Silva.

Hace dos años, un osado magistrado de Curitiba, la capital del estado de Paraná, ordenaba la detención de un viejo conocido, Alberto Youssef, un cambista de poblada ficha judicial, que le indicaría el camino hacia las cloacas del poder.

Nacía así la mayor operación anticorrupción que ha visto Brasil y, con ella, la estrella de Moro, el magistrado encargado de juzgar el multimillonario fraude que desangró a la gigante estatal Petrobras.

Casi 100 condenas y 24 fases de la Operación Lava Jato después, en las redes del juez han caído desde exdirectivos de la petrolera a los dueños de las mayores constructoras brasileñas. Y sus acusaciones implicaron al hasta entonces intocable expresidente Lula.

La frialdad casi temeraria de este Quijote de la justicia le llevó a irrumpir en la casa de Lula el 4 de marzo, cuando ordenó a la policía que le condujera a declarar. "Yo, sinceramente, estoy asustado con la República de Curitiba. Porque a partir de un juez de primera instancia, todo puede ocurrir en este país", afirmó Lula en una conversación telefónica pinchada, y difundida, con autorización del propio magistrado.

"Manos Limpias".

Moro nació hace 43 años en la ciudad paranaense de Maringá, y allí se licenció en derecho y se convirtió en juez en 1996. Doctor y profesor universitario, completó su formación en Harvard.

"Es un magistrado técnicamente preparado, con una capacidad de trabajo extraordinaria y experiencia en procesos de gran magnitud", dijo Antonio Bochenek, presidente de la Asociación de Jueces Federales.

Fascinado por descifrar los caminos del dinero sucio, a Moro siempre le deslumbró la histórica operación Mani Pulite (manos limpias), que desarticuló una red de corrupción en Italia en la década de 1990.

Como una profecía, el juez esbozaba en un articulo de 2004 sobre esa operación la arquitectura del caso que le lanzaría a la fama una década después, defendiendo la estrategia de las confesiones premiadas de delatores o las filtraciones a la prensa, una potente arma con la que ha jugado la operación Lava Jato (lava coches) desde sus inicios.

"Moro instituyó la prisión preventiva como regla, cuando en cualquier país civilizado es la excepción", criticó el abogado Antonio Carlos de Almeida, defensor de varios implicados en el fraude de la petrolera estatal.

El magistrado entrenó su olfato en el caso Banestado, donde fueron condenadas 97 personas implicadas en una trama de lavado de dinero. Entre ellas, Alberto Youssef.

Posteriormenre asesoraría a una ministra del Supremo en el juicio del Mensalao, el primer gran escándalo de corrupción que sacudió al PT.

Al filo de la ley.

Casado y con dos hijos, este magistrado de aire obcecado se ha convertido en el ídolo de las mareas opositoras, que le ven como un llanero solitario que pelea a pecho descubierto contra el mal que hunde al país.

En un quiebre inusual de su opaca discreción, el juez afirmó sentirse "conmovido" después que los más de tres millones de brasileños que se manifestaron el domingo pasado le ofrecieran su devoción.

Pero su último golpe de efecto, y el más arriesgado, estaba aún por llegar. Ocurrió el miércoles 16, apenas dos horas después de que Lula fuera nombrado ministro, el juez hizo que Brasil temblara de nuevo. Airado por la maniobra política que sacaba a Lula de su radar —al integrar el gobierno obtiene fueros— Moro levantó el secreto sobre las escuchas realizadas al exmandatario, incluida una embarazosa conversación con Rousseff. (En base a AFP)

"Nos vamos a librar de Moro", dijo líder sindical.

Sonó como una amenaza el sábado durante el acto que encabezó el ex presidente Lula Da Silva en San Pablo. Vagner Freitas, presidente de la Central Única de Trabajadores de Brasil, acusó al juez Sergio Moro de golpista, y lanzó la polémica frase que por estas horas todos los medios brasileños destacan: "Nos vamos a librar de Moro". Al lado de Freitas, Lula miraba hacia abajo sorprendido por lo que estaba diciendo el líder sindical.

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