En Uruguay ocurrieron dos casos; fallo inédito en Argentina

Secuestros virtuales se extienden en la región

Se trata de una variante de estafa más sofisticada que el "cuento del tío". Usted está durmiendo junto con su esposa. Sabe que su hija adolescente o joven salió a bailar.

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Los secuestradores virtuales llaman de madrugada cuando sus víctimas están indefensas.

En la madrugada suena el teléfono. Con voz llorosa, una delincuente se hace pasar por su hija. Le dice que fue secuestrada. Aprovecha que usted está dormido y tiene la guardia baja. Luego toma el teléfono un supuesto secuestrador y dice un monto para liberar a su "hija". Generalmente es una suma de dinero de escasa entidad. Usted se despabila y corre a buscar sus ahorros para salvar a su hija.

Esta modalidad, que se extiende en la región, fue calificada por la Policía como "secuestro virtual". En marzo de este año ocurrieron dos casos en Uruguay: uno en Montevideo y otro en Canelones.

En Argentina la modalidad se extiende cada vez más. Un fallo inédito obligó a los secuestradores a resarcir a sus víctimas por 700 mil pesos argentinos (unos $ 2 millones).

Miedo.

El 19 de marzo de este año, el jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera, informó, en una conferencia de prensa, que efectivos policiales de varias reparticiones de la capital y Canelones investigan dos llamadas realizadas a personas para solicitarles dinero a cambio de devolver a sus familiares.

Según el jefe policial, los secuestros virtuales salieron a la luz a raíz de denuncias realizadas por dos personas que viven en Montevideo y en Canelones y que recibieron de forma casi simultánea, llamadas extorsivas, diciendo que tenían a sus hijas secuestradas.

"Los testimonios coinciden en que las personas que realizan la extorsión tienen acento extranjero", sostuvo Layera.

"Las llamadas se realizaron de forma aleatoria. De hecho las dos personas que fueron contactadas tenían números correlativos", dijo el jefe capitalino. En ambos casos, las supuestas "secuestradas" estaban en sus trabajos.

El jefe policial capitalino pidió a la población que denuncie este tipo de situaciones, porque se sabe que hubo más llamadas de este tipo en las cuales las supuestas víctimas hicieron caso omiso.

En Argentina, el secuestro virtual es un delito muy conocido. Una banda, que operaba en los barrios bonaerenses de Belgrano, Palermo y Colegiales, concretó 10 secuestros virtuales entre marzo y mayo de 2014.

La Policía detuvo a los siete integrantes de la gavilla tras meses de investigaciones.

Ahora, en un fallo inédito de la Justicia argentina, cinco secuestradores deberán resarcir a sus víctimas por un total de 700 mil pesos argentinos y cumplirán 300 horas de trabajo comunitario. Los otros dos delincuentes enfrentarán penas de tres años de prisión.

Cada uno de los integrantes de la organización cumplía un rol definido. Primero hacían inteligencia de las casas a las que tenían previsto llamar. Uno de ellos se comunicaba, siempre de madrugada y llorando, simulando ser un familiar secuestrado.

Otro cómplice se hacía pasar por captor para negociar el rescate. Nunca llamaban desde un mismo teléfono. Y cuando dialogaban entre ellos lo hacían en un dialecto romaní o "gitano", según consignó el diario argentino Clarín en su edición del viernes 5.

Los delincuentes no querían dejar huellas. Por eso alquilaban casas por poco tiempo. Desde allí hacían las primeras llamadas. También cambiaban permanentemente de auto.

SABER MÁS

Una voz temblorosa.


Uno de los "secuestros virtuales" atribuidos a la banda argentina ocurrió el 5 de marzo de 2014. Eran casi las 3 de la mañana. Silvia dormía cuando sonó el teléfono. La voz parecía ser la de su hija Victoria que, desesperada, le decía que estaba secuestrada. La mujer metió 1.000 pesos argentinos ($ 2.900) y 1.000 dólares en una bolsa, que dejó junto a un auto, siguiendo la indicación del secuestrador, en Céspedes y Cabildo. Nunca le permitieron cortar la comunicación. Una vez que otro de los integrantes de la banda tomó la plata, la mujer se dio cuenta del engaño: a Victoria no le había pasado nada.

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