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Samir Selim: el homicida de Fremd era "muy solitario, lo que hizo fue personal"

Es el imán del Centro Egipcio de Cultura Islámica de Montevideo, que conoció al musulmán que asesinó al comerciante de Paysandú David Fremd. Lo definió como un hombre solitario, sin deseos de formar una familia, y tras el crimen lo calificó como “un loco”.

Samir Selim afirmó que el islam es una religión de paz y que el accionar del criminal no debe asociarse a los musulmanes. En Uruguay hay un millar de personas conversas al islam, 300 de las cuales residen en Montevideo. La mayoría de conversos son mujeres. En el primer año de su estadía en el país, el imán Samir, como gusta que lo llamen, convirtió a doce personas. A partir del crimen Samir siente acoso.

—¿Usted conoce al asesino del comerciante de Paysandú, quien dice llamarse Abdullah Omar?

—Sí, lo conozco. Como imán del Centro Islámico debo tener contacto con todos los musulmanes del Uruguay. Tengo contacto con él. Pero él no vino más que una vez al Centro porque me dijo que estaba en Paysandú, muy lejos de Montevideo y porque trabajaba como maestro de escuela. Yo hace un año que estoy en Uruguay y él solo vino una vez.

—¿Hoy (por ayer viernes) habló sobre lo sucedido en Pay-sandú durante la oración?

—Sí, vino mucha gente, unas 30 personas. Yo dije que los musulmanes rechazamos y condenamos este acto. No está con el islam cualquier situación de violencia o derramamiento de sangre. Como los judíos y los cristianos, el islam es una religión monoteísta, una religión de paz porque Alá en el Corán dice que la vida humana es sagrada. Quitar una sola vida es como matar a toda la Humanidad y salvar una vida es como salvar a toda la Humanidad.

—¿El asesino de Paysandú actuó entonces fuera de como debe comportarse un musulmán?

—Sí, es un loco. Leí en El País que esta persona tenía problemas con los judíos. Entonces no es un religioso, lo que hizo es un acto personal.

—De acuerdo con lo que predica el islam, él tuvo un comportamiento reñido con la religión. ¿Cómo tratarán eso? ¿Pueden expulsarlo?

—Sí, claro. El islam como religión es una religión de paz, amor, misericordia, como otras religiones también. Nuestra moral y ética ordenan misericordia, amar al prójimo, ser amable con la gente. En la vida nosotros somos amables con la gente, dar caridad a los pobres, llevarse bien con los vecinos, padre, madre, hijos, hijas, amigos, compañeros musulmanes y no musulmanes. No es razonable atribuir las acciones terroristas de una persona a la generalidad de los seguidores del islam.

—¿Cuando él vino al Centro, recuerda cómo se comportaba?

—Llegó acá y hablamos. Le pregunté si tenía esposa y me dijo que no. Le pregunté si buscaba una esposa y me dijo que no, que no quería casarse. Me dijo que no quería vivir en Paysandú porque estaba solo y porque no había otros musulmanes. Le dije que buscara entonces otro lugar como Chuy o Rivera donde hay muchos musulmanes, entre 400 o 500 solo en Chuy. Dijo que quería aprender idioma árabe. Le dije que fuera entonces a Rivera que era mejor para él, que buscara trabajar y me dijo InshaAllah (si Alá quiere). Me dijo que al Chuy no, que iría a Rivera al mes siguiente a buscar una escuela para trabajar y vivir, pero no sé qué pasó.

—¿Usted lo vio desequilibra-do, lo notó mal cuando conversaron?

—Conversamos normalmente.

—¿Le dijo si tenía intenciones de ir a La Meca, a Medina o a algún otro país islámico?

—No, no, nada de eso. El principal problema que le vi es que en Paysandú no había comunidad musulmana, que estaba solo, sin amigos.

—¿Dijo por qué se convirtió al islam?

—No, pero me dijo que fue hace diez años más o menos. Había leído algunos libros del islam y dijo que tenía la creencia, la fe de que ese era el camino correcto y que por eso había venido al Centro. Para confirmarlo como musulmán, vino al Centro y el anterior sheik (cambiamos cada tres años) lo convirtió al islam.

—¿En Uruguay hay muchos convertidos al islam? ¿Cómo se relacionan los que nacieron bajo la religión islámica con los convertidos?

—En un año que llevo en Uruguay he convertido a doce personas. Uno por mes, más o menos. En Uruguay hay unos 1.000 musulmanes uruguayos, 300 solo en Montevideo. La mayoría son mujeres. La conversión es aquí porque este Centro es el principal de la ciudad. El tratamiento en el Centro es igual para todos.

—¿Cómo es el proceso de conversión?

—La persona viene aquí, hablo con ella, me explica por qué quiere convertirse y entonces le hablo sobre la moral y la ética, le doy libros para leer acerca del islam. Si hay preguntas la persona viene otra vez a que las responda. Si viene y me dice que no tiene dudas ni problemas, entonces queda.

—¿Los islamistas se sienten vigilados o perseguidos en Uruguay? ¿Temen que se alimente la violencia contra los musulmanes por este episodio?

—Sí. Antes de este crimen Uruguay era muy bueno para nosotros. Íbamos por la calle con mi esposa con ropa islámica y nadie nos molestaba. Decíamos con ella qué bueno este país, no es como Europa, aquí no hay fobia, no hay na-da. Pero hace dos días fui con mi esposa a la parada del ómnibus para ir al Centro y una persona nos empezó a rodear diciendo algo que no entendimos. Por eso regresamos al Centro. Ayer una hermana musulmana me llamó para decirme que cuando andaba por la calle una persona le dijo no queremos musulmanes acá. Ella es uruguaya pero andaba con velo. ¿Quién tiene miedo de nosotros en Uruguay? Nadie. Lo que pasó en Paysandú no tiene que ver con el islam. También hay cristianos o judíos que cometen crímenes. Es un mito que todos los musulmanes son malos.

—¿Ha pedido protección a la policía para los centros de oración?

—No, no, nada de eso.

"Es un mito que todos los musulmanes son malos". Foto: Marcelo Bonjour
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