LA ADHESIÓN A LAS VACUNAS

¿Por qué algunos uruguayos no quieren vacunarse contra el COVID-19?

Para tres de cada 10 uruguayos, las vacunas del COVID-19 suponen un riesgo para la salud

Vacuna de Pfizer-BioNTech. Foto: AFP.
Para el 94% de los que se quieren vacunar las vacunas son el instrumento adecuado para prevenir contagios y controlar el virus. Foto: AFP.

Hace 11 meses, cuando buena parte de los uruguayos se encerró en sus casas y los saludos se reinventaron en puño con puño, las vacunas contra el nuevo coronavirus eran la luz al final del camino. Ahora, en febrero, con más 166 millones de dosis administradas en el mundo, el 69,1% de la población de Uruguay mayor de 18 años manifiesta que, en cuanto esté disponible la vacuna contra el COVID-19, estaría dispuesta a vacunarse. En tanto, el 20,4% responde que no lo estaría y el 10,4 % no sabe o, simplemente, no contesta.

Así lo revela una encuesta telefónica que realizaron el diario El País y la consultora Metrocall Contact Center entre el 27 de enero y el 5 de febrero. El sondeo, del que participaron 833 entrevistados y que contó con la asistencia metodológica de la profesora titular de Sociología de la Udelar, Verónica Filardo, y de la investigadora Jimena Pandolfi, muestra que la mayoría de la población está alineada con el consenso científico: las vacunas sirven y para el 73% “son el instrumento adecuado para protegernos del virus”.

Salvo en los discursos de una minoría política -como los dichos del líder del Partido Ecologista Radical Intransigente, César Vega, o el pastor evangélico Jorge Márquez-, la campaña de vacunación en Uruguay cuenta con el aval de las sociedades científicas, de los técnicos que asesoran al gobierno, del Sindicato Médico y de los referentes del principal partido de oposición.

Eso, más una cultura de vacunación arraigada en la sociedad, explicarían la alta adhesión a vacunarse. Pero el exceso de información y exposición mediática del tema, advierten las investigadoras Filardo y Pandolfi, parecería estar ocasionando un efecto inverso “en un porcentaje para nada despreciable de la población: se instala la duda”.

El ciudadano conoce hasta el detalle del porcentaje de eficacia de cada vacuna y las diferencias técnicas entre cada una de las dosis. “A medida que se incrementa la información y el conocimiento, también se complejiza la decisión y la incertidumbre”. Tal vez por eso, dice la socióloga Filardo, “la predisposición a vacunarse es más alta en los niveles educativos más bajos, en los que hay menos cuestionamiento”.

Los años.

A juzgar por la encuesta de El País y Metrocall Contact Center, la edad es la variable que más pesa en la decisión: cuantos más años, mayor predisposición. Mientras seis de cada 10 jóvenes se vacunaría y el resto no sabe o no la haría, entre los mayores de 65 años la adhesión a la vacuna crece a casi ocho de cada 10 (77%).

Desde la comisión asesora de vacunas del Ministerio de Salud entienden que, para la primera etapa de vacunación en el país, ese dato es alentador. ¿Por qué? El objetivo que se trazó la comisión es que las vacunas ayuden a disminuir las presentaciones más graves del COVID-19 y reduzcan las chances de muertes. En este sentido, los adultos mayores son los que tienen más probabilidades de ser hospitalizados o de fallecer por esta infección.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) confirmó que los jóvenes de entre 30 y 39 años tienen cuatro veces más probabilidades de morir por la infección que causa el coronavirus que los de entre 18 y 29 años. En tanto, los mayores de 85 años tienen 630 veces más chances de fallecer que esos mismos jóvenes de 18 a 29 años.

El Ministerio de Salud prevé que la vacunación en Uruguay tenga una continuidad hasta alcanzar a todos los grupos etarios entre finales de agosto y principios de setiembre. La inquietud de los científicos es qué pasará con los jóvenes uruguayos en esa etapa más avanzada. En Israel, el país que lleva la delantera en la celeridad de la vacunación, más del 90% de los mayores de 70 años se han vacunado. Pero entre los jóvenes no llega siquiera a la mitad y los médicos están llamando, paciente por paciente, para convencerlos.

La persuasión parecería ser la estrategia generalizada para una vacuna que no es obligatoria y que, según la nueva encuesta, menos de la mitad quiere que sea obligatoria (42,6%). Pero, ¿convencer de qué?

Dilemas.

Una de las novedades del cuestionario que elaboraron Filardo y Pandolfi es que indaga sobre la cosmovisión en torno a las vacunas. Prueba de ello, entre quienes no se quieren vacunar, el 66% considera que las vacunas responden a intereses económicos y para más de la mitad (51%) representa un riesgo para la salud (en la población en general es 28,4%).

Para el 94% de los que se quieren vacunar, en cambio, las vacunas son el instrumento adecuado para prevenir contagios y controlar el virus, y el 85% dice que las dosis permitirán volver a la (vieja) normalidad.

Jaim Rafalowski, uno de los integrantes de la Mesa de Crisis Coronavirus de Israel, había dicho a El País que los opositores a la vacunación “se han transformado en un problema”. La Organización Mundial de la Salud estima que, para alcanzar la inmunidad colectiva (o de rebaño), es necesario que se vacune al menos el 70% de la población objetivo (todos menos los niños).

El experto israelí había explicado que el mayor obstáculo “no son los clásicos antivacunas, no son aquellos que piensan que se les va a inyectar un chip con el 5G y que todo esto es obra de Bill Gates; el mayor problema es convencer a los que simplemente desconfían de los políticos y de la ciencia”.

La encuesta de El País y Metrocall Contact Center revela que entre la población uruguaya que no se quiere vacunar, cuatro de cada 10 piensan que “las vacunas van a perjudicar a la humanidad”.

La decisión de vacunarse es individual: “Es mi cuerpo, es mi decisión”. Pero, según la socióloga Filardo, se distinguen dos actitudes entre los menos predispuestos a vacunarse: “Una es más ‘egoísta’, pensando en un posible riesgo que supone para uno; la otra es más ‘principista’ y es la asociada a que es un mal para la humanidad”.

Algo que parecería preocupar a parte de la población es la seguridad de las vacunas dada la velocidad en el desarrollo de las mismas. El catedrático de Enfermedades Infecciosas de la Udelar, Julio Medina, reconoce que se debe “informar más sobre este aspecto: una plataforma acelerada de desarrollo no ha puesto en riesgo la seguridad”. El profesor, quien ha leído los resultados de la encuesta, explica que “la vacilación sobre las vacunas varía desde reservas y preocupaciones menores hasta una negativa total. No todos son ‘antivacunas’”.

En esa misma línea, Pandolfi y Filardo identifican un peculiar subgrupo entre los que no se quieren vacunar: “Aun creyendo que las vacunas son un instrumento adecuado de prevención de contagios (14%) y que son el vehículo para volver a la normalidad (15%), no se vacunarían”.

Este perfil de usuarios queda más en evidencia entre los dubitativos: la mitad reconoce el beneficio de las vacunas para el retorno a la normalidad y el freno de la transmisión del virus.

La comisión asesora en vacunas está ultimando un formulario en el que los usuarios podrán conocer los pormenores de la vacunación y su importancia. Los científicos entienden que esta herramienta, que se prevé pueda descargase previo a que la persona concrete la cita web para que se le dé la primera dosis, adquiere más relevancia en base a los datos preliminares de letalidad de nuevas variantes.

En un documento preliminar publicado esta semana, la facultad de higiene y medicina tropical de Londres calcula que el riesgo de muerte es un 30% más alto entre los infectados por la variante británica que entre los contagiados por la antigua cepa.

En este sentido, las sociólogas Filardo y Pandolfi recomiendan que las autoridades sanitarias cuenten con instrumentos de medición de la predisposición a vacunarse para ir orientando la campaña vacunatoria.

Dosis de la vacuna de AstraZeneca contra el COVID-19. Foto: AFP
Dosis de la vacuna de AstraZeneca contra el COVID-19. Foto: AFP
Mónica Pujadas, epidemióloga. Foto: Archivo El País.
Mónica Pujadas, epidemióloga
“Este tipo de encuestas son muy necesarias para poder establecer el diagnóstico de situación. El dato de que el 69% de la población reflejada en esta encuesta está dispuesta a vacunarse, y con la salvedad que implica este tipo de comparaciones, es más optimista que los resultados revelados en encuestas anteriores. Pero el hecho de que el 20% diga que “no quiere vacunarse” nos invita a la reflexión.
Quienes trabajamos en vacunas hace ya tiempo, hemos estudiado el fenómeno de la vacilación a la vacunación. La vacuna del COVID-19 no escapa a la regla. Más aún al tratarse de vacunas de emergencia hechas con gran celeridad y que, por tanto, podrían despertar más dudas en parte de la población. Pero una cosa es la vacilación que se mitiga con información asertiva y otra es el rechazo de grupos que, directamente, niegan la pandemia.
Las vacunas son víctimas de su propio éxito. Dada la efectividad que han tenido a lo largo de la historia, eliminando la viruela, logrando controlar la poliomielitis, la rubéola congénita y un largo etcétera, la gente se olvida de los efectos que esas enfermedades han causado. Entonces hay quienes se enfocan en los efectos secundarios que podría traer una vacuna, cuando estos efectos son muy bajos y marginales.
El objetivo de la vacunación contra el COVID-19 es reducir la mortalidad, la carga de enfermedad y el impacto social negativo. En este sentido, las vacunas contra el COVID-19 son únicas en la historia.
La enfermedad afecta a toda la población en sus distintas dimensiones, por eso se asigna una clasificación de riesgo: desde el impacto de enfermar, de enfermar severamente, de transmitir la infección, e incluso el impacto social de la pandemia.
Según el último informe epidemiológico del Ministerio de Salud Pública, fechado el 28 de enero, de cada 100 casos de COVID-19, 9,4 requirieron hospitalización. La mortalidad supera 11 cada 100.000 habitantes y, si bien se centra con más énfasis en los adultos mayores, también está presente entre las poblaciones más jóvenes.
Pese a la vacuna, las medidas no farmacológicas deberán mantenerse por un tiempo. La Organización Mundial de la Salud estima que la inmunidad colectiva o de rebaño se alcanzaría al vacunar el 70% de la población. De ahí que la adhesión de la población a la vacunación va a condicionar el curso evolutivo de la pandemia.
Las vacunas son la segunda estrategia más importante de salud pública para disminuir la mortalidad y la morbilidad de las enfermedades infecciosas. Han logrado controlar e incluso eliminar infecciones de alta prevalencia en la población. ¿Por qué no habrían de funcionar para el COVID-19?”
Julio Medina
Julio Medina, infectólogo 
“Esta encuesta ayuda a visualizar algunos aspectos importantes hacia donde se debe enfocar la promoción de la vacunación contra la COVID-19. Hay un porcentaje no despreciable de personas que están vacilando mucho si vacunarse o no. Hay que trabajar para que el beneficio a nivel de la salud pública sea el máximo.
Es cierto que la desinformación y la información errónea que se difunde, sobre todo por redes sociales, determina que muchas personas duden en darse la vacuna contra la COVID-19. Pero también es cierto que enfocarse sólo en la desinformación pasaría por alto las preocupaciones reales de las personas. Tenemos que comprender que la incertidumbre se ha instalado desde hace ya bastante tiempo y eso determina ansiedad y dudas.
Algo que preocupa es la seguridad de las vacunas dado la velocidad en el desarrollo de las mismas. Tenemos que informar más sobre este aspecto: una plataforma acelerada de desarrollo no ha puesto en riesgo la seguridad.
Como bien mencionan algunas plataformas de ciencias sociales (SSHAP), la vacilación sobre las vacunas varía desde reservas y preocupaciones menores hasta una negativa total. No todos son "anti-vacunas".
Así como las personas pueden sentirse reacias a vacunarse debido a preocupaciones sobre su seguridad, también pueden sentir ansiedad por no acceder a las vacunas”.

Ficha técnica:

Se realizó una encuesta telefónica automática con respuestas digitalizadas a hogares con telefonía fija. La misma fue realizada entre el 27 de enero y el 05 de febrero de 2021 por el diario El País y Consultora Metrocall Contact Center. La muestra, con un total de 833 casos, es representativa de la población mayor de 18 años residente en todo el territorio nacional; con un nivel de confianza de 95% y un margen de error de 5%. Los resultados se encuentran ajustados según sexo, nivel educativo y edad, de acuerdo a las distribuciones de población de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) 2019, INE.

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