PANDEMIA

De cada tres infectados de COVID-19 en Uruguay, hay uno que no es diagnosticado

Llevado a las cifras oficiales actuales, implica que serían unos 8.000 los que tienen la infección activa y no los 5.200 informados.

Test de COVID-19. Foto: Estefanía Leal.
Científicos sugieren cautela con datos estadísticos de Navidad y dicen que es “prematuro” saber si medidas tuvieron efecto. Foto: Estefanía Leal.

En las pandemias lo esencial a veces también es invisible a los ojos. Se ven los muertos, los hospitalizados y a los que un test molecular los etiquetó de “positivos”, pero no aquellos que, aun habiendo infectado, jamás fueron diagnosticados.

De cada dos personas que en Uruguay son reportadas como positivas del coronavirus, hay una tercera infectada que no es diagnosticada. Esto, llevado a las cifras oficiales actuales, implica que serían unos 8.000 los que tienen la infección activa y no los 5.200 informados.

A este cálculo de subreporte de casos llegaron los científicos del Grupo Uruguayo Interdisciplinario de Análisis de Datos de COVID-19 (el Guiad) tras observar lo visible: los enfermos críticos. Ocurre que algún asintomático o quien padece un simple resfrío, podría escaparse de la estadística. Pero es improbable que no se reporte un internado en cuidados intensivos. En este sentido, la literatura científica internacional permite estimar que, para una población con las características demográficas de la uruguaya, se espera que acontezca un desenlace crítico en el 1,3% de las personas infectadas. Los investigadores uruguayos conocen cuántos ingresos nuevos a CTI hubo en el país en diciembre. Y así pudieron estimar cuánta sería la población realmente infectada (un 35% mayor que la reportada por el Sinae).

La cifra adquiere particular relevancia en un momento en que el país transita una fase de “transmisión comunitaria”, según definió a Uruguay la OMS en la tercera semana de diciembre. La pandemia ya no se comporta como brotes a los que es posible hacerles un seguimiento, sino que “es difícil anticipar en qué ámbitos pueden aparecer casos próximamente”, explican los científicos de Guiad en un documento preparado exclusivamente para esta nota periodística.

La epidemióloga Silvia Guerra, una de las médicas que se ha encargado de “apagar brotes”, ejemplifica la situación que se vive hoy en Uruguay con una anécdota: el 20 de diciembre falleció por COVID-19 una señora. Cinco días después, en Navidad, murió su esposo también por el virus. Ambos se habían contagiado en un foco familiar. La hija mayor había contraído la infección en su trabajo y como hacía más de dos semanas que no veía a sus padres, los fue a visitar sin saber que estaba contagiada. Ese foco entre familiares llegó a abordar unas 20 personas, entre ellas el matrimonio fallecido. “En Uruguay está pasando lo que antes veíamos de otros países”, resume Guerra.

Un trabajador de la salud en las inmediaciones del Palacio Legislativo muestra un test diagnóstico de COVID. Foto: Estefanía Leal
Un trabajador de la salud en las inmediaciones del Palacio Legislativo muestra un test diagnóstico de COVID. Foto: Estefanía Leal - archivo El País. 

La anécdota, según el neurocientista Daniel Herrera, refleja lo que acontece en el país: “se percibe un discurso de que todos se cuidan y que el descuidado siempre es el otro, el desconocido”. El investigador está cansado de escuchar entre sus amigos y en las redes sociales que “siempre la culpa es una manifestación, una aglomeración en un parque o los jóvenes, pero no hay una real consciencia de que el virus está circulando ampliamente y que las chances de enfermar, o de que uno esté infectado sin saberlo, son cada vez más altas”.

Tanto es así que, según las proyecciones de él y sus colegas del Guiad, Uruguay llegará al primer día laborable del 2021 con unos 1.300 contagios nuevos por día.

Eso dice el modelo matemático, pero, como en la biología y el comportamiento humano nada es tan lineal, los científicos se atajan: “Es posible que en los próximos días comencemos a ver un enlentecimiento, debido al cambio de comportamiento en la población, y que a fin de año se tenga una cantidad algo menor a los 1.000 casos”. Sucede que el éxodo de montevideanos hacia los balnearios, la baja de la actividad laboral, la reducción del uso del transporte público, los cuidados extremos para pasar las fiestas en la burbuja podrían surtir efecto.

Si bien algunos indicadores de movilidad (Google, Apple) parecen mostrar una pequeña reducción en Montevideo y si bien hay ciertas oscilaciones en los valores diarios que reporta el Sinae, los científicos del Guiad dicen que aún “es prematuro” advertir un cambio de la tendencia. Al punto que las proyecciones a corto plazo “no cambian”.

Prueba de ello es que, aunque se haya disminuido en algún día el tiempo de duplicación de los casos, el matemático Ernesto Mordecki calculó que en Uruguay se duplican los casos cada 17 días y en Montevideo cada 16.

Proyección de aumento de casos de COVID-19 en Uruguay.
Proyección de aumento de casos de COVID-19 en Uruguay.

En rojo.

La capital del país está, desde el pasado martes, en la zona de más riesgo del COVID-19 dentro de la clasificación de la Universidad de Harvard. A esa fase roja llegó luego de superar una media de 25 contagios cada 100.000 habitantes en el promedio semanal.

Cuando los países o ciudades entran en zona roja, dicen los científicos de Harvard, se entiende que “han llegado a un punto de inflexión para la propagación fuera de control del virus y se requerirán el uso de órdenes de permanencia en el hogar y/o avisos para mitigar la enfermedad”.

Las proyecciones estimadas por el Guiad no muestran que Montevideo sea capaz de salir de esta fase en el corto plazo. Al contrario: hay más chances que, dada la proporción de población que significa la capital y Canelones, y dada la temporada de verano, todo Uruguay se acerque al nivel rojo.

El 21 de setiembre, cuando en Inglaterra había 58 infectados cada millón de habitantes, los científicos londinenses habían sugerido un confinamiento en la capital de ese país. El gobierno no hizo caso y recién ordenó el “lockdown” un mes después, cuando los contagios superaban los 330 cada millón.

En Melbourne, Australia, la medida de cuarentena se tomó con menos casos: por debajo del 50 por millón (estaba en zona amarilla aún). Y aunque la dureza de la medida fue controvertida, su resultado medido en baja de contagios asombró a los científicos.

Una trabajadora se prepara para realizar un test de COVID-19 este lunes en Montevideo. Foto: Darwin Borrelli
Una trabajadora se prepara para realizar un test de COVID-19 en Montevideo. Foto: Darwin Borrelli - archivo El País. 

Más cerca de Uruguay, en Bogotá, la capital colombiana, la Alcaldía había decretado el aislamiento voluntario de ocho días para quienes quisieran reunirse en Navidad y Fin de Año; celebraciones que, por recomendación, solo debían festejarse con los convivientes o no más de diez personas. Allí se suspendieron las cirugías coordinadas y hasta el 15 de enero se suspendió la venta de bebidas alcohólicas luego de las diez de la noche. ¿El objetivo? Descender la ocupación de CTI que trepaba al 75%.

En Montevideo no se piensa en medidas que no estén alineadas a las políticas nacionales, aclaró Virginia Cardozo, directora de Salud de la comuna capitalina. De hecho, en unos días se capacitará a funcionarios de las policlínicas de la Intendencia para que cumplan funciones de rastreadores. Y mañana habrá una reunión de coordinación barrial con organizaciones del oeste de la ciudad “para intentar persuadir a los vecinos en el cumplimiento de las medidas que dispuso el gobierno nacional”.

El Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), que asesora a Presidencia, no recomienda el “lockdown”.

Hubo 124 ingresos a CTI durante diciembre

En lo que va de diciembre, ingresaron a los CTI de Uruguay más pacientes con COVID-19 que todos los que lo habían hecho en los ocho meses previos. De hecho, desde que se detectaron los primeros positivos de la infección en el país, el 13 de marzo, y hasta el término de noviembre, pasaron por cuidados intensivos 109 personas. El intensivista Luis Núñez, quien realiza el reporte de camas ocupadas que llega cada día al Ministerio de Salud y a los científicos que asesoran al gobierno, le llama a esa etapa la “época de ondulaciones”.

En lo que va de diciembre, en cambio, fueron internados en CTI 124 pacientes. De ellos, 32 fallecieron (representa la cuarta parte), 38 fueron dados de alta y 68 permanecen internados.

A estas personas que cursan la enfermedad en cuidados intensivos, se les suman otras tres que están en CTI desde antes del primer día de diciembre. Por eso en el reporte del Sistema Nacional de Emergencias figura que, de los 5.224 casos activos de Uruguay, hay 71 cursando la infección en CTI.

Según los cálculos del Guiad, la ocupación de camas de CTI por casos de COVID-19 está teniendo un crecimiento que “se aproxima a lo exponencial”. De continuar esta tendencia, los científicos del Guiad estiman una “ocupación en el entorno de 90 pacientes en CTI para fin de año”.

Un aumento de este tipo no haría colapsar el sistema en el corto plazo (de las 759 camas de CTI, el 55,2% están ocupadas y por pacientes COVID-19 son el 9,4%). Pero el crecimiento exponencial complicaría la situación “hacia la mitad del verano”.

En este sentido, el reporte de personas en cuidados intensivos y de fallecidos (ayer se contabilizaron cuatro nuevos decesos) adquiere más relevancia en tiempos en que la cantidad de test que se hacen cada día oscila demasiado.

El jueves se realizaron 13.346 tests (de ellos, el 5,65% resultaron positivos). El viernes hubo 6.215 análisis (con 6,29% de positivos). Y ayer tan solo 3.353 (pero de los cuales el 11%, 371, fueron positivos).

Montevideo sigue siendo el epicentro de la pandemia: allí se concentra el 65% de quienes fueron diagnosticados positivos y están transitando la infección.

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