LA MARCHA DE LA PANDEMIA

Menos testeos contra el COVID-19 por licencias y baja demanda de personas

La merma fue tal que algunos días -como el 26 de diciembre o el 2 de enero- se estuvo en guarismos similares a los reportados en setiembre.

Unidad móvil de la IMM para test de COVID-19. Foto: Darwin Borrelli
Unidad móvil de la IMM para test de COVID-19. Foto: Darwin Borrelli

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Cuatro horas antes de Navidad, el Sistema Nacional de Emergencias dio su sorpresivo informe oficial: aquel 24 de diciembre se habían realizado 13.346 exámenes para detectar casos positivos de coronavirus. Era la cifra más alta de test en un día en el país y la más próxima al objetivo gubernamental: llegar a los 15.000 exámenes diarios. Pero, en lugar de acercarse a aquella meta, 11 días después de la Navidad la cantidad de test cayó un 30% respecto a los 11 días previos.

La merma fue tal que algunos días -como el 26 de diciembre o el 2 de enero- se estuvo en guarismos similares a los reportados en setiembre. Esa oscilación de los análisis, en un momento de crecimiento exponencial de los contagios, hizo crecer el porcentaje de resultados positivos sobre el total de test y encendió la advertencia de que, con seguridad, se estaba dejando supuestos infectados fuera del reporte.

La explicación de “las fiestas” no conformó a los científicos ni a las autoridades. Entonces empezaron las otras opciones: que al haberse cerrado las fronteras no hay que realizarles exámenes a aquellos que están por acabar la cuarentena; que el personal encargado de procesar los test se pidió licencia en enero; que la suspensión de las cirugías programadas disminuyó los test que se hacen previo a las intervenciones quirúrgicas (aunque son menos del 10% de los análisis diarios); que en verano se tiene menos síntomas que sean confundibles con el COVID-19 y, por tanto, solo se testea a contactos de positivos confirmados; y que la gente huyó de Montevideo y escapó de los hisopados.

En el Ministerio de Salud dan por válidas cualquiera de estas explicaciones, pero tienen la sospecha de que las licencias del personal de laboratorios, de los médicos que prescriben los test y de otras partes de la cadena de análisis han terminado por estresar un sistema que, de por sí, estaba en la tercera semana de diciembre funcionando casi al máximo.

El tema estuvo sobre la mesa ayer durante la Comisión de Salud del Senado en la que compareció el secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, y el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas. En una conferencia final tras el encuentro, Salinas aseguró que “las cirugías y la suspensión de los vuelos influyeron” en la disminución de los test, que ayer subieron a 7.887 test.

Según Andrés Abín, director científico del laboratorio ATGen, el país tiene en la práctica una capacidad máxima de 10.000 test por día. Aquel récord previo a Nochebuena sería, en este sentido, una anécdota; tal vez fruto de que “algún laboratorio reportó ese día resultados que tenía retrasados”.

ATGen, dice el director, tiene la capacidad de realizar más análisis, pero notó la caída de la demanda, “en especial de los particulares que llegan al LATU en auto”.

Test de coronavirus en el LATU. Foto: Leonardo Mainé
Test de coronavirus en el LATU. Foto: Leonardo Mainé

Otro de los laboratorios, Genia, tuvo una baja en los test que realizaban en la frontera de Fray Bentos. Pero según su gerenta de operaciones, Alejandra Torres, “esa capacidad ociosa se redireccionó para prestadores de salud y se está trabajando a tope”.

De los 26 laboratorios que reportan diagnósticos de COVID-19 al Ministerio de Salud, entre ATGen y Genia reúnen al 50% de los test realizados. Pero mientras que estos son laboratorios especializados, que pudieron reconvertirse para abocarse casi de lleno a los análisis del coronavirus, en los laboratorios de los prestadores de salud tiene que seguir con la dinámica de análisis clínicos (de diabetes, colesterol o lo que fuera) y, además, COVID-19.

Esa exigencia hizo que la cantidad de personal de laboratorio no fuera suficiente para abastecer la demanda de análisis que se estaban solicitando.

En el laboratorio de uno de los tres prestadores privados que atiende a más población, reconocen que “el sistema de pool testing”, que había aconsejado el Ministerio de Salud, termina enlenteciendo el reporte. Se trata de una estrategia que consiste en juntar varias muestras de hisopados y hacerlas correr en el sistema como fueran una única muestra. Si el resultado es negativo, se supone que todos esos hisopados (que por lo general son entre cinco y siete) son negativos. Pero si da positivo, “hay que volver a correr cada uno por separado para saber cuál persona de ese pool es la positiva; entonces, si hay positivos se pierde el doble de tiempo”.

Cerrado por licencia.

En el personal de la salud todos coinciden en que las personas salieron de licencia y “se olvidaron” que debían consultar al médico por cuadros de resfrío, fiebre o tos, síntomas propio de la enfermedad.

La presidenta de la Unión Médica de Maldonado, Ana Bernengo, adjudicó la baja en el número de los testeos a que “la gente está de vacaciones”, el personal de la salud entró en su licencia anual reglamentaria y que en algunos laboratorios no se atendió durante las fiestas. Incluso, reveló que en casos puntuales, como en la Red de Atención Primaria (RAP) de Maldonado, “faltaron tubos” de ensayo para los procedimientos de los exámenes.

hisopado
Hisopado para el diagnóstico del coronavirus. Foto: Archivo El País.

La Unión Médica de Maldonado advierte que con la llegada de veraneantes se puede llegar a saturar el sistema de salud, y con ello la disponibilidad de camas de CTI. Pero también alerta que es necesario aumentar la capacidad de testeo en el este del país, sobre todo en las ciudades o balnearios más visitados por los turistas.

“La gente no quiere hacer la cuarentena porque está de licencia”, señaló la dirigente médica a El País, que añadió que “la chiquilinada que anda transportando el virus, son asintomáticos y si están con gripe, capaz no les dicen a sus padres”.

En la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) también preocupa la disminución en la cantidad de los testeos. Entienden que se debe a las licencias del personal, pero sobre todas las cosas a “los procesos manuales técnico-dependientes y no automatizados de los laboratorios”. En este sentido, desde el organismo se intenta “mejorar la automatización” para poder aumentar los análisis.

Estiman que la disminución de las cirugías coordinadas “afecta poco” en la cantidad de test. La ubican alrededor del 10% y citan el ejemplo del Hospital de Clínicas, donde se dedican 70 test diarios para ingresos quirúrgicos y médicos y, al no haber cirugías, se realizan apenas 20 exámenes menos.

Otro de los aspectos que preocupa es el “efecto boomerang”, por el retorno a la capital de miles de veraneantes a mediados de enero. Aunque para eso aún falta tiempo.

Prevén falta de reactivos de lamp en Tacuarembó

El Poder Ejecutivo está muy conforme con los primeros resultados de los test lamp que se implementaron en un plan piloto en el Hospital de Tacuarembó. Los exámenes, que se aplicaron a alrededor de 100 personas, permiten detectar la presencia del coronavirus en un plazo de una a dos horas.

Sin embargo, los kits que produce el Instituto Pasteur se están terminando en Tacuarembó y estiman que en unos 10 días puedan faltar para seguir testeando a pacientes que requieran una rápida internación. De todas maneras, hay expectativa dado que las autoridades de la salud estiman que en 10 días llegará al país material necesario para su fabricación y posterior distribución en el centro del país.

La técnica que es utilizada en Tacuarembó desde el 20 de noviembre ha permitido diagnosticar el virus en pacientes sospechosos que requieren internación por cirugías de urgencia, neurocirugía, politraumatizados graves, y en aquellos que llegan al hospital para realizarse estudios imagenológicos de urgencia. También destacan que suelen ser muy útiles en el personal de la salud. Las autoridades del centro de salud sostienen que “su realización permite en poco tiempo disminuir los riesgos de contagios interpersonales”, al tiempo que otorga “tranquilidad y seguridad a los técnicos y permite su reintegro rápido a su función” en el hospital.

El objetivo de las autoridades es poder extender esta nueva técnica a otros hospitales del país. Hoy, alrededor del 6% del total de infectados son trabajadores de la salud, de acuerdo a datos del Sistema Nacional de Emergencias (Sinae). Mientras tanto, el Hospital de Tacuarembó también incrementó la capacidad de testeo por PCR, dado que instaló una segunda área destinada a los exámenes con capacidad para realizar más de 100 test diarios. Hoy, Tacuarembó es el cuarto departamento con más casos del virus, y se encuentra en riesgo asociado a color naranja.

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