LA MARCHA DE LA PANDEMIA

¿Cuáles son los trabajos con más y menos riesgo de exponerse al coronavirus?

El Ministerio de Salud Pública y médicos uruguayos usan el criterio estadounidense para clasificar el riesgo de exposición al COVID-19.

Riesgo de exposición más bajo es para aquellos que trabajan solos y a la distancia. Foto: Archivo
Riesgo de exposición más bajo es para aquellos que trabajan solos y a la distancia. Foto: Archivo

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La distancia es el mantra que invoca el fin de la pandemia, al menos hasta que se encuentre una cura. Esta palabra, que a comienzos de abril tuvo su pico máximo de búsquedas en internet, no es caprichosa. Cuando dos personas están alejadas a más de un metro, las chances de transmisión del SARS-CoV-2 se reducen a la quinta parte. Y el uso de tapabocas, reduciría el traspaso a la sexta parte.

Aunque hoy parezca una obviedad, no lo era cuando la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia, en marzo. De hecho, estos hallazgos surgen del grupo revisor de COVID-19 que financió la propia OMS y recién fueron publicados el lunes en la revista científica The Lancet.

La explicación de estos resultados también se ha repetido: el principal vehículo de transmisión del virus son las microgotitas que se expulsan por las vías aéreas (secreciones respiratorias). Por eso un médico, de esos que están en contacto directo con los pacientes de COVID-19, tiene más riesgo de contagio que un teletrabajador que está solo, en su casa, frente a su computadora.

Esta lógica es la que siguió la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de los Estados Unidos (OSHA, por sus siglas en inglés) para clasificar el riesgo de exposición al virus SARS-CoV-2 según cada labor. Se trata de una pirámide, en cuatro niveles (“muy alto”, “alto”, “medio” y “bajo”), que el Ministerio de Salud de Uruguay ha adoptado para la reanudación de las tareas presenciales en la construcción, los shoppings, las escuelas y el sistema sanitario.

Según la adaptación de este esquema que realizaron Julio Medina y Carolina Scasso, de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de la UdelaR, los trabajadores que tienen un “contacto laboral mínimo tanto con el público como con otros compañeros de trabajo”, son quienes tienen menor riesgo de exposición al nuevo coronavirus.

Hisopado para evaluar presencia de coronavirus. Foto: Leonardo Mainé
Hisopado para evaluar presencia de coronavirus. Foto: Leonardo Mainé

En esta categoría entran los teletrabajadores, los oficinistas que no atienden al público y están alejados de sus colegas, los camioneros de larga distancia y la telemedicina, entre otros.

Eso sí: la baja exposición al virus en sus labores, no significa que sean inmunes o que no deban seguir las medidas de higiene. Porque estos mismos trabajadores a veces conviven con otros empleados de mayor riesgo de contagio, o hacen compras, o mandan a sus hijos a la escuela. Y, sobre todo, porque del cuidado de cada uno depende, a la larga, el control colectivo de la pandemia.

“La pandemia nos ha enseñado a pensar en comunidad y no tan individual”, dice el infectólogo Medina. La clasificación del riesgo de exposición laboral, explica, sirve para entender que “no todo el mundo va a tener un riesgo altísimo si se incorpora al trabajo”. Pero, aclara, “nunca debe interpretarse que un bajo riesgo sea sinónimo de dejarse de lavar las manos, de mantener la distancia, de ventilar los espacios cerrados”.

En este sentido, el solo hecho de trabajar en un lugar con contacto frecuente o estrecho con otras personas, por más que no sean sospechosas de COVID-19, ya incrementa el riesgo a un nivel medio. Es lo que ocurre, cuando el virus está circulando en una ciudad, en los trabajadores de una escuela, de un supermercado o del transporte público.

Cuando se agrega que el contacto es cercano a personas con diagnóstico de la enfermedad, o al menos con sospechas, el riesgo se eleva al nivel “alto”. Es el caso de los choferes de ambulancias que transportan pacientes con COVID-19 o los empleados de una funeraria que preparan para el entierro el cuerpo de un fallecido.

Y cuando estos trabajadores tienen que hacer procedimientos con generación de aerosoles (como cuando el personal de salud hace una intubación o una broncoscopía), el riesgo se eleva a “muy alto”. Por eso en este tipo de tareas se suele ver al trabajador envuelto en un traje que parece de astronauta. Lo mismo le ocurre al forense que tiene que realizar una autopsia a un recién fallecido de COVID-19 o un laboratorista que manipula muestras de enfermos.

Esta clasificación “toma en cuenta que el mayor riesgo es el contacto y la circulación de las partículas aéreas: por eso la importancia del distanciamiento físico, la ventilación de los lugares cerrados, el colocar mamparas de vidrio o acrílico que separe la atención al público, el uso de mascarillas y de protección ocular”, resume Fernando Tomassina, catedrático de Salud Ocupacional.

En este sentido, explica el exdecano de Medicina, “no está recomendado el uso del aire acondicionado para calefaccionar o refrigerar un ambiente cuando hay varias personas allí”. ¿Por qué? El flujo de aire hace que las particular se diseminen más y, por tanto, es mayor la probabilidad de contagio a distancia.

Por eso el infectólogo Medina insiste en que, en tiempos de COVID-19, “hay que ser creativos y usar el sentido común: se puede calefaccionar antes que el personal ingrese a la sala o en los momentos de descanso en los que no hay gente, se puede abrir las ventanas, pero sin llegar a morirse de frío porque está todo abierto”.

El sentido común, también aplica para la llegada del trabajador a su hogar. “En la salud ocupacional hay un principio histórico: la ropa del trabajo debe quedar en el trabajo”, cuenta Tomassina, quien explica que “lo ideal sería tomar una ducha antes de salir de trabajar”.

Pero como eso no es viable en todas las tareas, o no es posible con un escolar que tiene que llevarse puesta la túnica para poder viajar gratuitamente en el ómnibus, el médico sugiere que, al llegar a la casa, se lave el calzado en un trapo con hipoclorito, se lave las manos durante 20 segundos con agua y jabón y que, todos los días, abra “un poco las ventanas para ventilar”.

Lavado de manos. Foto: Pixabay
Lavado de manos. Foto: Pixabay

Un simple detergente o jabón ya mata el virus en la ropa o en la piel. Un trapo con alcohol 70% ya basta para limpiar el teclado o el mouse de la computadora. Por más sencillo que sea, “no hay que darse por satisfecho y dejar de hacerlo”, concluyen los expertos, y por más importante que sea, no hay que excederse porque el remedio puede ser peor que la enfermedad.

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