HISTORIAS

"Perdido por perdido vamos a probar todo", le dijo el médico y le ganó al COVID-19

Venció a la enfermedad y decidió expresar todo su agradecimiento al personal de la salud en una extensa y emotiva carta. "Me salvaron la vida", dijo.

Diego Ibarra y su familia. Foto: @sofii_ibarraa
Diego Ibarra y su familia. Foto: @sofii_ibarraa

Diego Ibarra le ganó al coronvirus tras una larga y ardua batalla y decidió expresar todo su agradecimiento al personal de la salud en una extensa y emotiva carta. Su hija, Sofía, decidió compartirla en redes sociales y la misma rápidamente se viralizó.

"Hace 50 días, mi padre, sin ninguna patología previa, se contagió de COVID. Ayer le dieron el alta con oxígeno y mientras lo llevaban en silla de ruedas a la ambulancia salieron todos a aplaudirlo y él a ellos! Fue largo el camino, pero les quiero compartir una carta que escribió, el mejor relato es el de él, si tienen tiempo posta vale la pena...", indicó Sofía la semana pasada.

"Está bueno que al menos la tengan ahí para cuando sientan que es su momento de leerla o cuando crean necesitarla. Compártanla si sienten que a alguien le puede servir... Cuídense mucho, a ustedes y a sus familias", agregó.

Diego, abogado, se dirigió en su carta al personal médico del quinto piso del SMI como el "reconocido por ser el peor paciente que alguien pueda pensar". Contó que era de los que se "cuidaba en todo momento", que nunca se sacaba el tapabocas, pero aún así salió "sorteado en la rifa COVID-19" el pasado 25 de noviembre por contacto con un positivo.

Al tener conocimiento de esa noticia, se aisló durante siete días. Tuvo "algún síntoma menor", lo hisoparon y le confirmaron que también tenía coronavirus. "Allí empezó mi odisea", comentó.

Durante los siguientes seis días, según el relato de Diego, comenzó a tener más síntomas: fiebre alta, malestar general, no podía comer y estaba muy dolorido.

El 10 de diciembre decidieron trasladarlo. "Ingresé al quinto piso (ala COVID) del SMI con un cuadro grave de neumonia bilateral, marcadores de inflamación impactantes y un pronóstico muy bajo de recuperación... Todo era un misterio, no sabían si resistiría...", narró.

Diego dijo que la soledad y el aislamiento "eran los peores enemigos". "Unas pocas veces al día se hacían presentes ustedes, gente anónima vestida de astronautas, con un uniforme que seguramente es muy incómodo y caluroso, para darme medicamentos, alimentarme, controlarme, arriesgando su vida ante este virus desconocido y traicionero y para el cual ninguno está preparadao y poniendo todo para sacarme adelante", expresó.

A Diego le administraron oxígeno de alto flujo (OAF). "Monitores, hemogramas diarios, inyecciones, me llenaron de medicamentos, algunos probados, otros sin evidencia científica que funcionen, pero tal como dijo el doctor: 'Perdido por perdido vamos a probar todo lo que haya disponible porque mal no le va a hacer'", contó.

"No tengo palabras suficientes para expresar mi más profundo agradecimiento a médicos, enfermeras, especialistas, nutricionistas, personal de mantenimiento, tisanería, personal que realiza los estudios, radiografías, etc. Sin querer olvidarme de nadie, agradezco también a todos aquellos que no aparecen en persona pero están detrás y colaboraron de una u otra forma para darme otra oportunidad de hacer mejor las cosas en la vida", agregó.

Diego agradeció también: "Cada momento, cada decisión, cada diagnóstico, cada medicamento, los reportes diarios a mi familia, la preocupación del Dr. Pamplillón que pedía colaboración a mi esposa para que me convenciera de hacer los ejercicios o que me levante de la cama al sillón que me costaba tanto al punto de querer abandonar".

"El mismo doctor que probó hasta el último recurso disponible y días más tarde me visitara en intermedio y me dijera que su mayor premio era verme respirar", sumó.

Diego tuvo que pasar las fiestas en el sanatorio. "Medicamentos varios y de postre... diazepam", ironizó.

"Ustedes estaban ahí, de guardia, también lejos de sus familias, cuidándome y realmente todos deberían saber el arduo trabajo que hacen, silencioso, digno de admiración, reconocimiento y respeto, un trabajo incansable con esfuerzo y valentía contra esta pandemia que sacudió al mundo entero", remarcó.

Tras dos semanas en una sala de tratamiento intermedio, Diego recibió el alta. "Ustedes estarán siempre en mi recuerdo, me salvaron la vida y cuando la esperanza no parezca suficiente, cuando tengan ganas de largar la toalla, recuerden a este paciente que está acá gracias a ustedes para conseguir fuerzas para continuar el gran trabajo que hacen", finalizó.

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