CORONAVIRUS

En octubre podría empezar la vacunación a los menores

Hasta ahora solo se han vacunado seis adolescentes. Todos son trasplantados y tenían, en caso de infectarse, un “riesgo alto”.

Vacuna contra el coronavirus. Foto: Leonardo Mainé.
Vacuna contra el coronavirus. Foto: Leonardo Mainé.

En Uruguay ya se han vacunado contra el COVID-19 seis menores de 18 años. Todos son adolescentes trasplantados y tenían, en caso de infectarse, un “riesgo alto”. Son la excepción a la regla en una campaña de inmunización que puso el foco en la población más adulta. Pero según Catalina Pírez, profesora titular de Pediatría, “más tarde o más temprano”, el país tendrá que vacunar a la mayor cantidad de niños posible.

La incertidumbre de una pandemia que todavía está fuera de control en el mundo, hace que no sea nada fácil arriesgar fechas. Pírez, quien preside la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa (encargada de la operativa diaria de la inmunización contra el coronavirus) afirmó a El País que “antes de octubre la vacunación en adolescentes es más un deseo que una realidad”.

En el mejor de los escenarios -léase sin retrasos en los embarques de vacunas, sin inconvenientes en el sistema informático y con buena adhesión de la población adulta- faltarán dos meses para que las dosis lleguen a los brazos de todos los mayores de 18 años.

Eso supone acabar con la lista de espera y, desde junio, ir al terreno con vacunatorios itinerantes para “darles la posibilidad a aquellos que no pueden trasladarse, que no han sabido o podido agendarse o todavía están en duda”.

La evidencia muestra que a mayor edad, más riesgo hay de transitar el COVID-19 con complicaciones que deriven en una internación. En ese marco, Pírez explicó que, antes de la inmunización en menores de 18 años, “habrá que ir a los barrios” y hacer llegar el mensaje de la importancia de la vacuna “a todos los rincones”.

Ya “en octubre parecería razonable el comienzo de la vacunación en menores”, admitió. La campaña también daría inicio “con los más adultos” (dentro de los menores) en alusión a los mayores de 10 años. En esa franja etaria, el virus tiene un comportamiento (en la transmisión) más parecido al del adulto.

En los últimos congresos de pediatría en los que se ha discutido la vacunación contra el COVID-19 en niños, los especialistas llegaron a la conclusión de que existe un beneficio doble: evitar las pocas enfermedades graves que el virus causa en los menores de 18 años y reducir la transmisibilidad comunitaria. Esto quiere decir en palabras sencillas: bajar la cantidad de personas con síntomas. Lo que supone menos estornudos, menos secreciones nasales y por lo tanto menos carga viral. En la opinión del infectólogo pediátrico Álvaro Galiana, “para lograr un descenso significativo de contagios es necesario disminuir la circulación viral entre niños y adolescentes”. Eso, a su vez, les permitirá a los más pequeños mantener una vida social lo más parecida a la “vieja normalidad”.

Más contagios

En Uruguay, los menores de 15 años representan el 12,5% de los positivos al COVID-19. En enero, cuando la primera ola todavía no había mostrado toda su intensidad, los niños eran el 9,9% de los casos reportados.

Ese incremento de los contagios en niños hizo sospechar de la afectación de la variante viral P1 en la población más joven. Dos meses después “se sigue investigando, pero no se ha podido demostrar una relación lineal entre la aparición de la cepa y el aumento de casos en niños”, explicó Pírez. “Se ven más casos en niños porque hubo más casos de adultos”, añadió la pediatra.

¿Puede decirse que el COVID-19 no es un problema en niños? Según los pediatras no es tan así. Sigue dándose que los pequeños son, por lo general, el último eslabón de una cadena epidemiológica. Ellos se infectan si alrededor hay adultos contagiados. La mayoría cursa la enfermedad sin síntomas. Pero, poco a poco, los casos de Covid son más graves y ya hay menores con neumonías o síndrome inflamatorio multisistémico asociado al virus.

Brasil es uno de los países que más ha advertido por la aparición de este síndrome que, por lo general, ocurre entre dos y cuatro semanas después de la infección con COVID-19. Se caracteriza por la presencia de fiebre, sarpullido, fatiga y otros síntomas que a veces se confunden con la enfermedad de Kawasaki (inflamación en las paredes de las arterias medianas del cuerpo). El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) reportó que hasta mayo se registraron 4.000 casos de este síndrome en el país. “La buena noticia” -dijo Pírez- es que “los pediatras uruguayos tienen una muy buena capacitación para el trabajo de afecciones respiratorias y sistémicas y, por lo general, estos casos son recuperables”.

Las vacunas en los niños podrían prevenirlos de estas reacciones graves. Mientras esa campaña de inmunización es una proyección, a nivel internacional Pfizer tiene acabados los ensayos que demuestran la seguridad y eficacia de la vacunación en menores.

Pírez:
“En la pandemia apareció tics y angustia en niños”
Catalina Pírez. Foto: Francisco Flores.

-¿Cómo afectó la pandemia a las consultas pediátricas?

-Hemos perdido el contacto normal que los pediatras tenemos con los pacientes y la familia. Se mantuvo el contacto con los recién nacidos, pero en el resto de los niños y adolescentes hemos sufrido interrupciones, que no se sustituyen con la consulta telefónica o virtual. Eso trae consecuencias, en especial en el seguimiento y vimos que aparecieron algunas patologías y desaparecieron otras.

-¿Por ejemplo?

-Los niños tuvieron, y están teniendo, menos infecciones respiratorias. Eso pudo haberse debido a las medidas de higiene, de protección y a la buena campaña antigripal del año pasado. Pero las consultas que teníamos, por ejemplo por una gripe, llevaban a que el pediatra podía indagar otros aspectos: del desarrollo, del esquema de vacunación. A la vez, aparecen nuevas patologías: episodios de ansiedad, angustia, y, aunque no sea una patología como tal, los tics nerviosos.

-¿Algunas consecuencias serán irreversibles?

-En los primeros años de vida, sin duda hay daños que son difíciles de recuperar. Pero uno cree en lo reversible porque el niño tiene capacidad de recuperar. Como sucede con otras crisis, hay marcas que van a quedar y se van a ver en décadas.

-Uruguay sumó 100.000 nuevos pobres en un año, la mayoría en hogares con niños. ¿Qué consecuencias traerá?

-En la crisis de 2002 hubo un gran impacto en las familias. El gran temor siempre es la restricción alimentaria, pero hay otros impactos.

-¿Se está notando el hambre en niños?

-Lo primero que se verá aumentada es la obesidad, porque baja la calidad de la alimentación balanceada. Sobre la privación alimentaria, justo esta semana tuvimos un caso en el (hospital) Pereira Rossell con una clara desnutrición. Da la impresión que era en parte por la falta de consultas pediátricas y de detección temprana.

- ¿También aparecieron problemas en administración de las vacunas?

-El informe del Ministerio de Salud, de octubre pasado, advierte que hay menos dosis administradas. No sabemos si es solo una cuestión de retraso en el calendario o que efectivamente no se están vacunando.

-¿Las vacunas en los niños se pueden retrasar?

-Hay edades de la vida en que no. Si la vacuna de los 12 años se da a los 13 años, tal vez no es tan grave. Pero las vacunas del primer año de vida y hasta los 15 meses, si no se dan en el tiempo estipulado pueden dejar al niño muy vulnerable durante meses. La meningitis es un problema, por ejemplo. Los virus que dejaron de circular con tanta frecuencia, como la gripe el año pasado, van a reaparecer. Es importante que el virus no encuentre muchas personas susceptibles por no haberse vacunado. El otro riesgo es que, desde hace un año, hemos tenido las fronteras cerradas y lo vimos de lejos, pero aún hay problemas de brotes del sarampión y difteria en América Latina.

-¿Se requerirán tres dosis de la vacuna contra el COVID-19?

-No sería extraño. Sucede con muchas enfermedades. Con la gripe, por su variación, se vio que era necesario todos los años. No sabemos cómo reaccione la enfermedad cuando el mundo vuelva a la normalidad.

-¿El COVID-19 será endémico como la gripe?

-La sociedad, sin vacunación, no se ha logrado inmunizar. Vemos países de Europa con tres olas. No es admisible que con los adelantos médicos de hoy haya tanta cantidad de muertos por una única causa.

-¿Es alcanzable la inmunidad de rebaño?

-Está en duda. Es un número teórico que, para otras vacunas, se ha investigado. Tal vez se alcanza luego de una tercera dosis, o repetición del esquema. El rebaño debería llegar, no solo por las vacunas. Es probable que tenga que ver con un cambio de actitud. El contacto físico, a los abrazos, por un tiempo seguirá siendo poco frecuente.

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