ENTREVISTA

Harold Robinson: "El acceso a salud sexual retrocedió a 1990"

El director regional del Fondo de Población de Naciones Unidas fue enfático en la necesidad de que los países focalicen las políticas, sobre todo tras el impacto poblacional del COVID-19.

El director regional del Fondo de Población de Naciones Unidas, Harold Robinson Davis. Foto: Estefanía Leal
El director regional del Fondo de Población de Naciones Unidas, Harold Robinson Davis. Foto: Estefanía Leal

Los parlamentarios y exparlamentarios de nueve países de América Latina y el Caribe acordaron esta semana, en Montevideo, redoblar los esfuerzos para reducir las inequidades sociales y económicas a las que se enfrentan los afrodescendientes.

El director regional del Fondo de Población de Naciones Unidas, Harold Robinson Davis, fue enfático en la necesidad de que los países (incluyendo Uruguay) focalicen las políticas, sobre todo tras el impacto poblacional del COVID-19. Estiman que hay 9 millones de mujeres que por haber caído bajo la línea de pobreza han discontinuado en el último año el uso de métodos anticonceptivos modernos en América Latina.

-¿La pandemia obstaculizó el acceso a los métodos anticonceptivos?

-En el acceso a los métodos anticonceptivos América Latina retrocedió a 1990 por esta pandemia. En esta región el 70% de las mujeres compran, con su bolsillo, sus propios métodos anticonceptivos. Y como las mujeres fueron las que más recibieron el impacto de la crisis de empleo, eso redundó en que tuvieran menos acceso a los métodos.

-¿El Estado no se hace cargo?

-Con las agencias de Naciones Unidas hemos estimado que hay 9 millones de mujeres que por haber caído bajo la línea de pobreza han discontinuado en el último año el uso de métodos anticonceptivos modernos en América Latina. A este número se suman otros 11 millones de mujeres que han dejado de acceder a los mismos a través de la provisión pública o de los sistemas de seguridad social de la región. El problema es que el sistema sanitario ha tenido que reorientar recursos y eso a veces retrasó la compra de insumos o bien dio prioridad a otras compras. A eso se le suma el cese temporal de las consultas médicas presenciales, de los chequeos ginecológicos, cuyas consecuencias empiezan a advertirse ahora.

-¿Qué otros impactos poblacionales se están notando en estas latitudes?

-Las muertes maternas aumentaron en un 30%. Eso recién se empezó a revertir con la vacunación. El incremento de la violencia de género, que por algo se le llama “la otra pandemia”, también está trayendo impactos fuertes.

-Si el golpe de la pandemia fue tan generalizado, ¿por qué se insiste en políticas focalizadas?

-Porque antes de la pandemia ya existían problemas y desigualdades estructurales. La pandemia hizo que quien estaba más abajo se quedara más atrás. Es decir: hay que fortalecer lo universal, porque lo universal sufrió, pero hay que hacerlo teniendo en cuenta en aquellos que quedaron más relegados y que el propio modelo lo deja atrás.

-La pobreza entre los uruguayos afrodescendientes triplica al porcentaje de los no afro. ¿Qué explica esto si la esclavitud se abolió hace casi dos siglos, si hay cuota laboral para las personas afro, si…?

-El racismo tiene distintas manifestaciones. En América Latina hay un racismo estructural que tiene su súmmum en la negación de que existe el racismo. Las políticas no están diseñadas para llegar a esos grupos más relegados. COVID-19 solo lo puso en evidencia con más crueldad: si la educación es virtual, por ejemplo, queda en evidencia aquellos que menos acceden a internet.

-¿Las cuotas cambian algo?

-Sí, sin dudas. Uruguay en eso es ejemplo.

-Sin embargo no se llegan a los guarismos.

-Eso solo demuestra lo difícil que es llegar a los grupos y que los grupos puedan hacerse valer. Uruguay es un modelo para América Latina. El problema para Uruguay, y con razón, es que se compara consigo mismo. En ese sentido, Uruguay está teniendo problemas que a la propia sociedad le llaman la atención. Por ejemplo, en Uruguay cerca de la quinta parte de los niños viven en hogares por debajo de la línea de la pobreza, mientras que en los más adultos es menos del 2%. Eso habla de que la inversión, el esfuerzo que hace la sociedad, tal vez no está del todo bien direccionado.

-¿Cuánto pesa la caída de los nacimientos en esta necesidad de invertir en los más desfavorecidos?

-Siempre hay una cuestión de derechos. Pero, a la vez, para un país que ha hecho la transición demográfica como Uruguay es importante que nadie quede atrás. El país tiene que buscar el máximo desarrollo de cada uno de los cerca de 35.000 niños que nacen por año. Pero a la vez, los embarazos no planificados, en especial en la adolescencia, terminan teniendo un impacto fiscal enorme. Eso también se debe atender.

-¿Cuál es el impacto económico de los embarazos en adolescentes?

-Según las estimaciones realizadas para América Latina, el costo de oportunidad promedio de prevenir el embarazo en la adolescencia es el 0,35% del PIB, el equivalente a 1,242 millones por país y por año.

-¿Qué prioridades de trabajo conversó con las autoridades uruguayas?

-Uruguay tiene una marcha exitosa en la reducción del embarazo en adolescente. Eso lo tiene que mantener. Lo que está surgiendo ahora es el bajo nivel de fertilidad (de nacimientos) en la población ya adulta.

-¿La exoneración impositiva, como plantea una propuesta en Uruguay, es una buena medida al respecto?

-La evidencia dice que los incentivos son parte. Pero eso suele funcionar con más énfasis en países que son de base muy igualitarios. Porque el tema de la fertilidad va atado al contrato de género. Los hombres somos expertos en librarnos de la responsabilidad reproductiva. Entonces en la práctica a las mujeres se les hace muy difícil conciliar su vida reproductiva con el estudio, el trabajo y las otras prioridades. Hasta que no cambie el pacto social y el hombre se incorpore en el cuidado y las responsabilidades reproductivas, será muy difícil revertir la baja natalidad entre aquellos que quieren ser padres y no lo son.

-En Uruguay este año acabará con más muertos que nacidos vivos. ¿Eso se notará en la marcha futura de la población?

-No. Es un impacto fuerte que no afecta la estructura. En algunos lugares, como el norte de Italia, sí se nota una caída de la esperanza de vida sobre todo porque afectó mucho a los octogenarios. Pero eso tiende a corregirse con el correr de los años. Un estudio reciente que hicimos con el Fondo de Población muestra también que en Perú y Cuba hubo una caída de la fertilidad en el año que está en curso. Si eso es una tendencia no lo sabemos, pero claramente no está ocurriendo un baby boom como algunos vaticinaban.

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