SALUD MENTAL

Una guardia en la línea antisuicidio

Cada dos horas, en promedio, alguien llama al *0767 porque quiere quitarse la vida

Toda hora. Romina Gallo y Carmen Gamazzo comparten guardia, pero cuando terminen su turno, dos compañeros ocuparán sus lugares. Foto: Francisco Flores.
Romina y Carmen comparten guardia, pero cuando terminen su turno, dos compañeros ocuparán sus lugares. Foto: Francisco Flores.

Un sonido diferencia a un suicidio de una adicción. Cuando el tono del teléfono es más espaciado, es casi seguro que esté llamando un uruguayo desesperado por cómo actuar con un familiar drogadicto. Pero cuando es estridente y alto, es indudable que es alguien pidiendo ayuda para no matarse. Cada dos horas, en promedio, la línea vuelve a sonar de esta última manera y quien levanta el tubo para responder lo hace con la misma serenidad de siempre: “Atención telefónica…”.

─ No doy… (el llanto hace incomprensible las palabras). No doy más, dice una voz femenina joven y con una angustia que le dificulta completar la frase.

La psicóloga Carmen Gamazzo, que en ese momento está de guardia en la línea antisuicidio de ASSE, intenta serenar a la adolescente. Le pregunta su nombre -que aquí se oculta por motivos de confidencialidad-, le consulta qué le pasa y le recuerda si sabe adónde está llamando.

─ Sí, a… a…

Puede que sea el tabú que significa el suicidio o el temor que causa la muerte con solo mencionarla, pero de las 1.077 personas que desde julio discaron al *0767 casi ninguna logró verbalizar la palabra clave del motivo de su llamada. Ni siquiera la Real Academia Española consigue definir al suicidio como lo que es, y solo dice que se trata de una “acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza”.

Uruguay tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo. Solo el año pasado, en el país se quitaron la vida 686 personas (19,64 casos cada 100.000 habitantes), una cifra bastante similar a la que arrojó el fatídico 2002.

Los números fríos confirman, también, que entre los jóvenes está la tendencia más clara de aumento de los suicidios. A juzgar por las llamadas que recibe la Línea Vida de ASSE, los psicólogos y licenciados en Enfermería que trabajan allí dicen que el fenómeno tiene nombre y apellido: bullying, soledad y, en menor medida, trastornos psiquiátricos.

─ Me pasa que no me quiero ni mover de la cama, nadie me llama, mis padres no me dan bola…

La adolescente logra, por fin, hilvanar las palabras. Cuenta que está terminando el liceo, que se atiende en una mutualista privada (la Línea Vida no distingue por prestadores de salud) y que desde hace unos años un psiquiatra le recetó “unas pastillitas para dormir”.

Ahora que la chica está más calmada, Carmen busca sacarle información mientras completa un formulario electrónico. Entre las cosas que primero necesita averiguar es dónde está la chica, porque en la era del GPS el sistema aún es incapaz de geolocalizar la llamada.

Hace unos días, Romina Gallo, la psicóloga que ese día comparte la guardia de la tarde con Carmen, atendió a un hombre de una zona rural que no recordaba su paraje exacto. Entre la ubicación de un tanque de agua y un árbol pudieron rastrearlo y dar aviso al 911 para que acudiera al lugar antes de que anocheciera y ya ni se vieran las señales.

Pero esta vez, con la adolescente, Carmen tiene claro dónde está y que, pese a que llama desde su habitación, no está sola en su casa. También sabe que la chica ha intentado suicidarse antes, cortándose en el antebrazo izquierdo, pero que en ese momento no tiene un plan concreto para matarse.

Por eso el peligro de esta llamada es moderado y no alto, en una escala que distingue tres tipos de riesgos y que los telefonistas deben ponderar.

La Línea Vida de ASSE brinda apoyo psicológico y ayuda a la prevención del suicidio. Para recibir asistencia podés comunicarte a través del 0800 0767 por télefono o *0767 desde tu celular en cualquier hora del día.

La mayoría de los llamados (58,8%) son de riesgo “bajo”, el 34% moderado y el 18,4% alto. Resta un 3% del que no hay registro, en general porque se corta la línea y no se le hace seguimiento.

─ La vez que me corté les dije a mis padres que me había lastimado con una puerta.

Hubo nueve uruguayos que el año pasado se mataron con un objeto cortante. Se trata de una técnica, sobre todo para sentir dolor, que está extendida entre adolescentes, pero que no es la más usada en la población en general para consumar un suicidio. El ahorcamiento, aunque parezca propio de las películas, sigue siendo el método preferido (65% de los casos).

"Atención telefónica"

En una oficinita de uno de los laterales de una casa amarilla (Portal Amarillo), donde el barrio Belvedere da paso a Nuevo París, desde julio funciona la primera línea estatal de atención a los intentos de autoeliminación: *0767 (desde el celular) y 0800 0767 (desde teléfono fijo).

En el teclado del teléfono, la letra “s” está ubicada en el número “7” y la letra “o” se posiciona en el “6”. De ahí que la combinación 7-6-7 signifique “SOS” (pedido de auxilio).

Cuando un usuario marca ese número, cualquier día a cualquier hora, hay al menos dos telefonistas de guardia para atender su crisis.

El psicólogo Ricardo Cor, que por lo general atiende en el turno de 19.00 hs. a 01.00 hs., enfatiza en la palabra crisis. “Esta es una línea que busca sacar a la persona de una situación crítica, pero no es un tratamiento ni mucho menos”.

A diferencia de Último Recurso, la ONG que hasta comienzos de este año tenía la única línea antisuicidio del país y que por falta de recursos la tuvo que cerrar, en la Línea Vida de ASSE la atención de los telefonistas termina al cerrar cada llamado.

Eso en la teoría. Es que hay un tipo de usuario, al que le dicen “recurrente”, que llama todos los días y a veces hasta más de una vez por día.

“Son usuarios con los que tenemos un pacto de que no pueden llamar más de una vez por día, pero cualquier cosa los desborda y nos llaman. El simple hecho de que el agua de una olla no hierva ya los saca de quicio”, cuenta Romina.

A una mujer cuarentona, que es usuaria recurrente y a la que llamaremos Susana, este día sí le hirvió el agua a tiempo. De hecho acaba de cocinar “moñitas con manteca” y llama para contarlo. Es la cuarta vez, en menos de diez horas, que disca el *0767 por algún motivo.

─ ¡Mirá qué rico! Susana: ¿vos te acordás del pacto y para qué es esta línea?, le pregunta Carmen.

─ Ah, me quiero matar, responde.

Carmen le hace preguntas básicas para descartar cualquier intento de suicidio, califica a la llamada de riesgo “bajo” y ni siquiera la registra porque la usuaria llamó tanta veces que eso alteraría la estadística.

Los usuarios recurrentes suelen tener alguna patología. Pero, sobre todo, “tienen unas terribles ganas de conversar, de que alguien los escuche”, explica Ricardo. “A esta gente”, agrega, “le vendría bien que en Uruguay existieran más talleres y espacios de socialización para adultos durante el día”.

─ ¿Quién sos vos para convencer a alguien de que no se quite la vida?

─ Podría responder que soy un profesional, que vuelca aquí buena parte de lo que aprendió en la Facultad. Pero en el fondo creo que si alguien está llamando es porque hay algo en él que lo alienta a buscar ayuda, hay una parte que quiere seguir viviendo.

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