CORONAVIRUS

Giovanni Escalante: “En una semana se verá un auge de los contagiados”

El representante de la OPS en Uruguay, Giovanni Escalante, entiende que en una semana más se empezaría a notar el crecimiento exponencial de los infectados en el país.

Giovanni Escalante, el representante de la Organización Panamericana de la Salud en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé.
Giovanni Escalante, el representante de la Organización Panamericana de la Salud en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé.

Uruguay fue de los últimos países en recibir la pandemia del coronavirus. Eso le dio una ventaja preparativa. Pero si no hay un cambio de actitud poblacional, tendiente al distanciamiento social, el sistema sanitario corre riesgo de colapsar. Así lo entiende Giovanni Escalante, el representante de la Organización Panamericana de la Salud en Uruguay. Según el experto, en una semana más se empezaría a notar el crecimiento exponencial de los infectados en el país.

-¿Cómo Uruguay está enfrentando esta pandemia en comparación al resto de la región?

-La ventaja de Uruguay es que se ha preparado desde antes. El país acumuló información de inteligencia sobre lo que ha sucedido en los demás países. Los primeros casos de infectados, importados, tienen muy pocos días. Eso ayudó a ganar tiempo para fortalecer los servicios de salud. Me consta que desde el primer día en su mandato, el ministro (Daniel) Salinas se puso al hombro este asunto. No lo hizo solo, sino que se valió de expertos que lo rodean. Es así que las cifras (de infectados) que están habiendo son las esperables.

-¿Qué es lo relevante para que las cifras sigan siendo “las esperables”?

-Lo importante es que la curva, que se irá graficando en el tiempo, tienda a aplanarse. Eso depende de dos factores claves: la dinámica de la población y la respuesta de los servicios de salud. La población tiene que acatar las medidas cuarentenales que está impulsando el gobierno. Es que todas las medidas, salvo aquellas de impulso económico, son cuarentenales: suspensión de clases, de ferias que no sean de alimentos, la sugerencia de aislamiento domiciliario, restricción de vuelos, cierre de fronteras y fin de los espectáculos públicos. Pero por más medidas de este tipo, en la ecuación lo que hace la diferencia es el grado de civismo (de responsabilidad cívica) que tenga el país. Respecto a la dimensión sanitaria, se ha hecho un relevamiento de las capacidades existentes. Están dadas como para atender a un incremento de casos de terapia intensiva, pero el sistema podría saturarse si es que la población incumple las medidas gubernamentales.

-¿Cuál es el punto de equilibrio para que no colapse el sistema?

-Hoy no se sabe. Hay una cifra de camas, cercanas a las 700, pero como es un virus nuevo se desconoce cuál es la respuesta inmunológica que tiene la sociedad uruguaya, la densidad población, los grupos de riesgo, cómo circula en la población. Pero también ese equilibrio está dado en que la gente haga un uso racional de los servicios de salud, que se vacune contra la influenza (se está adelantando la vacunación) para evitar otros agravamientos. Cuando una persona tiene síntomas similares a una gripe, no tiene que ir corriendo a hacerse un test de diagnóstico de coronavirus.

-¿Por qué?

-A veces se piensa que hacerse el test ya es terapéutico. Un diagnóstico no cura nada, solo viene a confirmar un cuadro que los médicos lo sospechan clínicamente. Por tanto, aquel que tiene síntomas, es más importante que se aísle a que corra por un test.

-En cada país, decía usted, el virus puede comportarse de otra manera: ¿cuál es la tasa de transmisión en Uruguay?

-Todavía no sabemos. Recién está iniciando la curva. En ese sentido, parecería que se está demasiado pendiente de los casos sospechosos y los infectados confirmados, pero en toda pandemia importan otros factores: los enfermos graves y críticos, los fallecidos (por grupos etarios), los recuperados y la población de referencia. Luego sí se puede estimar la dinámica de reproducción. Para complejizar un poco más el asunto: la capacidad de transmisibilidad del virus también está sujeta a las medidas que adopten las personas. El virus no tiene pasaporte ni credencial. Lo que hace España, Italia o Argentina también va a incidir en la transmisión global del virus. Como lo que hace Uruguay va a incidir en otros.

Giovanni Escalante, el representante de la Organización Panamericana de la Salud en Uruguay. Foto: Leonardo Mainé.
"Aquel que tiene síntomas, es más importante que se aísle a que corra por un test", dijo Giovanni Escalante. Foto: Leonardo Mainé.

-¿Uruguay está haciendo bien esos deberes o no está siendo del todo solidario?

-Hay medidas que parecen sensatas, pero, reitero, la ecuación incluye a cómo se comporta la población, la respuesta sanitaria y, agrego, la constancia de respuesta a lo largo del tiempo.

-¿Se debería decretar la cuarentena general obligatoria?

-Es una decisión del gobierno. Como cooperación internacional solo suministramos información e inteligencia para que sean los gobiernos los que opten qué camino seguir.

-¿Qué sugiere esa inteligencia?

-Por el momento las medidas son adecuadas. Pero exhortaría a tener en cuenta otros factores: las determinantes económicas y de trabajo, la garantía de los derechos humanos y de movilidad, de violencia de género. Las cuarentenas extremas a veces pueden perjudicar a los que más lo necesitan, por eso una medida no puede ir contra derechos fundamentales.

-Con el escenario actual, ¿cuándo sería el pico máximo de infectados en el país?

-La experiencia que hemos visto en otros países, en especial en China y Corea, es que a las dos semanas levanta más la curva y luego empieza a estabilizarse. En Uruguay es de esperar que dentro de una semana se vea un auge de los contagios. Esa curva puede crecer más si la gente no cumple con el aislamiento domiciliario. Ninguna cuarentena sirve si la gente dice: “Igual me voy de fiesta”.

-¿Cuán viable es el aislamiento cuando el virus circula a gran escala?

-Vayamos al caso extremo. Alguien que vive en mi misma casa tiene coronavirus. En la medida de lo posible, lo mejor es que esa persona puede tener un cuarto aislado y ventilado.

-El “paciente 31” de Corea del Sur fue a la iglesia y contagió a más de 1.160 personas. Uruguay tuvo su “multidiseminador” en el “paciente 1”: ¿cómo puede afectar este hecho?

-Por suerte, Uruguay se dio cuenta rápido. También por suerte se hizo una rápida búsqueda de los contactos. La información puede ayudar en ese sentido. Si tenés síntomas, tomá medidas de aislamiento.

-¿Hay alguna medida que sea necesario afianzar mejor?

-El cuidado del personal de salud. Este tipo de pandemias desgastan a los equipos sanitarios: hay que regular los turnos, intensificar la higiene y la bioseguridad. Para que ello fluya mejor la población tiene que usar los recursos de manera prudente. Uruguay tiene una ventaja, que es ejemplo regional: tiene un sistema integrado de salud. La complementación entre lo público y lo privado es clave en estas instancias, ni que hablar en departamentos del norte con población más dispersa.

-¿Hay quienes aprovechan la pandemia para hacer negocios?

-No hemos notado esta especulación. Ahí es clave la regulación del Ministerio de Salud, por ejemplo, para que no haya una escalada del precio de los insumos básicos y del equipamiento de salud. En este sentido, es muy buena la iniciativa de producción de test locales

-Cuando asumió el nuevo gobierno dijo que “no había” un plan para enfrentar al coronavirus. Usted es asesor de los gobiernos: ¿había un plan?

-Estamos en el país dando cooperación desde 1952. Nuestro deber es brindar todo el apoyo e información necesaria para que haya planes preparativos. Cada año se reevalúan los preparativos. Le corresponde al Ministerio de Salud la actualización. Toda alternancia en el gobierno supone cambios de opiniones. Pero nuestra misión es solo ayudar.

-¿El diseño fue equivocado?

-Nunca un plan está terminado. La circulación del virus es muy reciente. Empezó a fines de diciembre. Al principio era en China y países vecinos. Las enfermedades emergentes tienen dinámicas que no hacen tan previsible las velocidades.

-¿La enfermedad emergente hace que se deje de lado otras problemáticas de la salud?

-No se debería descuidar nada. Con el ministro Salinas hemos coincidido en la necesidad de un plan de respuesta multiamenaza.

-¿Qué significa?

-La salud pública tiene que tener en cuenta un racimo de amenazas: enfermedades emergentes y reemergentes, bioterrorismo, radiación, intoxicación masiva, desastres naturales. Entonces el plan de respuesta debería responder a cualquiera de esas amenazas. Para que funcione, tienen que estar todos los sectores.

-¿Cómo está afectando la pandemia de Covid-19 a la salud más silenciosa: la mental?

-Toda emergencia genera una exageración del estrés. Un poco de estrés es sano, porque te mantiene alerta. Pero el exceso, genera depresión, neurosis. Se ve un aumento en el consumo de alcohol. Pero hay otro desafío: las familias están aisladas y eso puede generar problemas de convivencia. O, por el contrario, puede que se deje de lado a los más adultos.

-Parte del estrés es la incertidumbre: ¿hasta cuándo esto?

-En el caso de China ha evolucionado en unos 45 días. Cada país tendrá su tiempo. Lo importante es no entrar en la ruta del pánico y la histeria, porque eso genera reacciones violentas. Ya se ha visto personas que van al supermercado y se compran todo el papel higiénico o todo el alcohol en gel. Esas son reacciones inapropiadas.

-Para aquel que pierde un empleo o un ser querido, esta pandemia no tiene nada bueno. ¿Pero puede que haya algo positivo tras esta tormenta?

-Esta pandemia va a traer lecciones importantes. La primera de ellas es darle el verdadero valor a la salud. Fue muy acertada la medida del estado uruguayo de haber invertido tanto en salud: más del 9% del Producto Interno Bruto. Todo sistema es perfectible. La segunda lección es la reflexión de si nuestros hábitos y costumbres producen bienestar. Durante esta pandemia ha quedado demostrado que las bajas defensas son muchas veces fruto de nuestros hábitos: comer mal, dormir mal, fumar.

-¿La solidaridad será otra lección?

-Tal vez la más importante. Es lo que decíamos antes: si Uruguay hace todo bien, pero sus países limítrofes no, se va a perjudicar igual. O viceversa. Pero también este tipo de enfermedades emergentes ponen de manifiesto cómo nos comportamos con el otro, cómo nos informamos, cómo hacemos las compras.

¿El adiós al hábito del mate compartido?

-Hace un mes en Uruguay preocupaban más el sarampión y el dengue que el coronavirus, ¿ahora el Covid-19 es lo más urgente?

-Esta es una enfermedad emergente. Es una de las tantas que hubo y que irá a haber. Se ha demostrado que un 70% de este tipo de enfermedades víricas están vinculadas a las zoonóticas: se producen porque se ha alterado la interface entre los animales y humanos. El Covid-19 surge en un mercado con aglomeración de humanos y de animales silvestres, vivos, en Wuhan. Hay una diseminación de animales a humanos. Eso nos debe llevar a una reflexión sobre cómo modificar este relacionamiento. Tras esta pandemia, hay que reflexionar si nuestros estilos de vida y costumbres son los más saludables.

-¿Le está diciendo “adiós” al mate compartido?

- (Risas) Efectivamente. No digo que el mate sea malo. Hay que reflexionar si compartir el mate es una práctica saludable. Puede que yo comparta el mate sin tener síntomas, pero expongo a la otra persona.

-¿En qué incidirá un cambio de hábitos?

-Estamos notando que el sistema inmunológico de una población está incidiendo directamente en las tasas de contagio.

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