EL AVANCE DEL COVID-19

¿Cuándo se espera que llegue el pico de coronavirus a Uruguay?

"La población debe saber que no todo pasó. El virus está, pero hubo medidas oportunas que evitaron el crecimiento exponencial. No tenemos un dios aparte", dice grado 4 en enfermedades infecciosas.

Los epidemiólogos e intensivistas locales coinciden en que lo peor aún no ha llegado al país. Foto: Darwin Borrelli
Los epidemiólogos e intensivistas locales coinciden en que lo peor aún no ha llegado al país. Foto: Darwin Borrelli

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El epicentro de la epidemia se mueve de Europa hacia las Américas y “estamos por vivir el peor momento de la epidemia en la región”, dijo esta semana Cristian Morales, representante en México de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y habló de “tendencias inquietantes” en América Latina. ¿Pero qué dicen los expertos locales? ¿Lo peor está por venir? ¿Y cuándo será? Está claro que habrá un aumento de los casos de COVID-19 y que la situación tenderá a complicarse en el sistema de salud. En eso influirán la flexibilización del aislamiento, los primeros fríos y la aparición de las tradicionales enfermedades respiratorias, algo contenidas por el confinamiento y las medidas de higiene.

La profesora agregada de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina, Susana Cabrera, dijo a El País que el anuncio de la OMS es lógico porque respeta el orden cronológico de los hechos: “A nosotros nos golpea más tarde, entonces se espera que ahora haya brotes importantes de casos”, pero también aclaró que las medidas precoces tomadas en países como Uruguay y Argentina “hacen la diferencia de cómo se ha comportado la epidemia” en el primer mes, con una evolución lenta, con una meseta, sin crecimiento exponencial.

“Esperamos más casos porque ya se nota la flexibilidad en las calles, pero lo importante es que haya alertas tempranas y para eso hay un grupo de expertos muy bueno trabajando en el gobierno”, indico Cabrera. Eso es vital para actuar antes de que se disparen los casos “y se sature el sistema”.

Cabrera cree que, si hay pico, llegará entre fines de mayo y principios de junio. “Se nos puede escapar, podemos ir a un crecimiento exponencial si nos retrasamos en identificar esa circulación viral”, afirmo la infectóloga e internista. “Estuvimos precioso el primer mes. Lo que no puede pasar es tener la sensación de que todo pasó. No: la población debe saber que no todo pasó. El virus está, pero hubo medidas oportunas que evitaron el crecimiento exponencial. Si se relajan todas las medidas, se dará ese crecimiento. No es que nos va bien porque somos uruguayos, no tenemos un dios aparte”, admitió.

En tanto, el infectólogo Eduardo Savio, coordinador del Comité de Inmunizaciones de la Asociación Panamericana de Infectología, dijo a El País que “es altamente probable que el evento pandémico alcance su mayor impacto en los próximos meses”. A diferencia de Cabrera, Savio dijo que la referencia aproximada del pico es julio, pero aclaró que eso no se puede predecir con certeza. Para ese cálculo, toma como elementos la experiencia internacional, la certeza de que las cepas virales en Uruguay entraron entre fines de febrero e inicios de marzo, antes que se identificaran los cuatro primeros casos, y que ya hay transmisión viral local.

Cualquiera sea la evolución de la pandemia, el escenario de distanciamiento físico quedará instalado por largo tiempo, lo que excederá a 2020, según Savio.

¿Y qué pasará cuando se den los típicos casos de gripe y se sumen al coronavirus? Eso sucederá pronto y “tensionará aún más” al sistema de salud, ante el predecible aumento en los requerimientos asistenciales, dijo Savio.

El intensivista Pedro Alzugaray, jefe de CTI del Sanatorio Americano, coincide con la OMS. “Lo peor está por venir seguro. Uruguay tomó un camino distinto a otros países y nos parecemos a países que están haciendo bien las cosas. Pero tenemos solo 400 casos y casi tres millones y medio susceptibles a la enfermedad”, explicó el médico. “Nos iremos infectando y yo pienso que acá durará más tiempo, en vez de hacer un pico y luego afloje”.

A la intensivista e infectóloga Daniela Paciel le preocupa cómo impactará la “nueva normalidad” cuando el virus se expanda a todas las clases sociales. “La afectación inicial fue a un grupo social y económico que pudo cumplir con la cuarentena y prescindir del trabajo, así como cumplir determinadas conductas”, pero hay gente que “se juega dos pesos para pagar la pensión en la que vive y la comida de los hijos”.

Paciel tiene preguntas aún sin respuestas. “El coronavirus viajó en avión, en auto y se replegó. ¿Qué sucederá cuando empiece a viajar en ómnibus? Como dijo una colega, ¿qué pasa cuando cruce avenida Italia y llegue a los grupos vulnerables, no por factor de riesgo, sino desde el punto de vista económico, por necesidad de trabajar y hacinamiento?”.

Los casos graves se disparan en el octavo día

Las posibles consecuencias de la mayor circulación que se ve en la calle estos días recién se sabrán en unas dos semanas. ¿Por qué? Tras un contacto con un enfermo, cualquier persona tiene hasta 14 días para desarrollar la infección. Así lo explicó la profesora adjunta de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas Victoria Frantchez: “La mayoría empieza con síntomas entre 5 y 7 días después. Pero en general la asistencia hospitalaria recién arranca en el día 8 de los síntomas. Ahí es cuando la persona mejora o desarrolla la infección grave, lo que sucede en el 15% de los casos”.

Respecto al panorama en la región, Frantchez explicó que no se puede hablar del COVID-19 en América Latina en genérico porque los países testean distinto, han aplicado medidas distintas y tienen densidad poblacional variada: “En Ecuador se muere la gente en la calle, en Brasil hay una realidad complicada. En Argentina, Chile y Uruguay por ahora no”.

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