Atención a la vejez

El cuidado que “necesita” Uruguay para parecerse a Japón

A Uruguay le urge capacitar a 14.000 cuidadores de adultos mayores; y (ad)mira a Japón

Astur y Echo lideran el proyecto de capacitación. Foto: A. Colmegna
Astur y Echo lideran el proyecto de capacitación. Foto: A. Colmegna

Cuando el sol cede paso a la noche, cada día, la señora M. insiste con que se quiere ir a su casa. Pero en realidad ya está en su casa. No sale de allí desde que le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa, poco después de cumplir los 80 años. Cada vez que le vienen esos "ataques", la mujer que la cuida y que se tiene que presentar como si no se conocieran porque la señora M. no la recuerda, intenta calmarla y hacerla entrar en razón. Pero no hay caso: las pocas estrategias que maneja se le han ido acabando.

Este fue el último caso de estudio en las teleclínicas para capacitar cuidadores que imparte la Fundación Astur y el proyecto Echo, de la Facultad de Medicina de la UdelaR. "No es un curso y tampoco una terapia de grupo", advierte Soledad Vázquez, la coordinadora del proyecto.

Envejecimiento: hoy Uruguay tiene medio millón de adultos mayores; en 2050 serán el doble. Foto: AFP
Hoy Uruguay tiene medio millón de adultos mayores; en 2050 serán el doble. Foto: AFP

Todos los miércoles unos 60 uruguayos se conectan por un rato a una comunidad virtual. Uno de los participantes presenta un caso de estudio, una experiencia que lo desborda y que puede ser común a situaciones que enfrentan otros cuidadores. Un equipo coordinador —una especie de "grupo de sabios"— hace una devolución y luego se abre el espacio de intercambio. Siempre por videoconferencia, mientras unos viajan en ómnibus y otros preparan la cena.

Aunque por ahora es un proyecto incipiente, para el contador Enrique Iglesias, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, allí está la llave para destrabar uno de los problemas más inmediatos que enfrena Uruguay: la falta de preparación para cuidar a los adultos mayores en una sociedad envejecida.

"Hoy el país tiene 500 mil personas adultas mayores, pero en 2050 serán el doble", advierte Iglesias que, siendo también un adulto mayor, de 88 años, se ha puesto el desafío al hombro. "Este reto no es solo una cuestión financiera, ligada a la carga de la seguridad social, sino que se relaciona con que las personas puedan vivir mejor, con calidad física, psíquica, humana".

Si bien este envejecimiento de la sociedad es visto por los técnicos como una buena noticia, porque responde a que se estira la esperanza de vida, trae algunas complicaciones asociadas al propio alargamiento de esa vida. Como el caso de la señora M., son miles los adultos dependientes y que necesitan un cuidador; pero en Uruguay esta profesión "ha estado desprestigiada y cuenta con pocos recursos humanos formados", explica el médico Henry Cohen, líder del proyecto Echo que impuso la estrategia de teleclínicas para "democratizar el acceso al conocimiento y desmonopolizar la información".

Según cálculos del Sistema Nacional de Cuidados, urge capacitar a unos 14 mil trabajadores, pero por ahora se ha llegado a menos de la tercera parte. No solo eso, "también es necesario darle apoyo a los cuidadores ya en ejercicio, porque es una tarea extremadamente solitaria", agrega José María Puppo, director de la Fundación Astur.

En Japón calcularon que cada mil personas mayores de 65 años, son necesarios 15 trabajadores capacitados para la atención de la tercera edad. Y lo primero que hizo este país asiático fue la formación de los interesados, el incentivo económico para estas profesiones y la separación de esta especialidad del rubro de servicio doméstico. Cambió la ecuación: un cuidador no es un limpiador ni un cocinero.

Los otros orientales.

Si el envejecimiento poblacional al que Uruguay asiste fuera una serie de televisión, puede decirse que Japón va varios capítulos adelantados. Hace seis años, uno de cada cuatro nipones era mayor de 65 años. Para 2050, fecha que la OPP estima que Uruguay alcance este porcentaje que hoy vive el país asiático, la mitad de la sociedad japonesa será mayor de 50 años.

Pero lejos de ser un obstáculo para su crecimiento, Japón aprovechó el desafío para potenciar su desarrollo. "Claro que hay mucho de su cultura milenaria: allí camina un adulto mayor por la calle y es como si paseara un sabio. Hay que aprender de ellos", insiste el contador Iglesias, quien ha extendido el proyecto uruguayo al embajador nipón.

Un ejemplo de desarrollo es que la mayoría de los cuidadores son mujeres de entre 40 y 65 años; y para esa franja etaria "las tareas de cuidados son una de las pocas salidas laborales en las que hay demanda", dice Puppo.

Eso no quiere decir que la tarea de cuidados sea exclusiva de la mujer, aclara la coordinadora Vázquez. "En la medida de que exista más capacitación y el oficio gane prestigio, se irán sumando más hombres".

Ese prestigio, según la propia Vázquez, "está empezando a asentarse: la gente está comenzando a buscar que quien entre a la casa de un adulto mayor, o de una persona en estado de dependencia, sea alguien con capacitación". Al mismo tiempo, "el cuidador está más abierto a preguntar, a pedir ayuda".

Un paso fundamental para esta dignificación del oficio, "sería separar al cuidado del trabajo doméstico", dice Puppo. El otro paso, agrega su colega Cohen, es que "se apuntale el Sistema Nacional de Cuidados".

—¿El tema estará en la próxima campaña electoral?

"El Sistema de Cuidados es como (el maestro Óscar) Tabárez, todos los candidatos dicen que lo van a elegir (risas). Fuera de broma, ningún político debería descuidar este aspecto", señala Cohen. E Iglesias sentencia: "Nadie, consciente de nuestra demografía, se atrevería a descuidar este aspecto".

"Son el salvavidas para los cuidadores"

Previo a comenzar con las teleclínicas, la coordinadora Soledad Vázquez pensaba que los cuidadores iban a demandar respuestas concretas, técnicas, asociadas a cómo cambiar una sonda o cómo mover al adulto mayor de la cama al sillón sin que se lastime. Pero la experiencia de estos primeros encuentro virtuales le demostró que los trabajadores están necesitando intercambiar sus experiencias con otros y, sobre todo, atender más los aspectos psíquicos de un oficio que puede llevar al "síndrome del quemado" (el desgaste). Tan así es que en una de las últimas actividades uno de los 60 participantes le comentó a Vázquez: "Ustedes son el salvavidas para los cuidadores, lo que estábamos necesitando para no sentirnos tan solos en la tarea". Esa es parte de la filosofía del proyecto Echo, presente en 30 países, y que Henry Cohen impulsa en Uruguay. Antes de trabajar con la formación de cuidadores, este proyecto era parte de la extensión de Facultad de Medicina. Se intercambiaba por teleclínicas "con médicos del interior, de pequeños poblados rurales, que no accedían a la información o las consultas si no viajaban a Montevideo", cuenta el gastroenterólogo Cohen. En los cuidados "la necesidad es mayor: hay falta de conocimiento, de reconocimiento y de formalismo".

Del miedo a la muerte al miedo a la dependencia

Los más veteranos, sobre todo aquellos que peinan años de canas, suelen repetir que ya no les asusta la muerte. Pese a que muchos de sus amigos y familiares han ido falleciendo, la muerte deja de ser para ellos un temible tabú. Pero hay otro miedo que, según el médico Henry Cohen, aflora con el paso de los años: el depender de otro. Uno de los problemas que tiene la sociedad actual, cuenta la especialista Soledad Vázquez, es que "no se suele preparar la vejez, llega como un invitado sin previo aviso". De golpe las personas "se dan cuenta de que dejaron de ser el sustento de la familia, que dejaron de correr como antes y que encima sus hijos se fueron a vivir a su casa y fue perdiendo su espacio". En el peor de los casos (aunque no por ello infrecuente), la dependencia se ve acompañada de un "abuso patrimonial, maltrato físico y/o psíquico". Al respecto, una de las primeras leyes que aprobó Japón, en su intento de desafiar el envejecimiento poblacional, fue una ley para proteger a los adultos mayores de los abusos. La aceptación e integración de los adultos, según el contador Enrique Iglesias, significa aceptarlos como humanos con derechos, "ofrecerles actividades y no hablarles como si fueran niños: Venga abuelito". El equipo de capacitación de cuidadores, a través de teleclínicas, entiende que "ser cuidado es un derecho, pero es la sociedad la que debe ejercitarlo".

Tres preguntas a Enrique Iglesias
Presidente de la Fundación Astur
Presidente de la Fundación Astur, Enrique Iglesias. Foto: Ariel  Colmegna.

"Un robot no saca a los adultos de su soledad"

1 - Algunos países desarrollados están inventando robots que cuiden a los adultos mayores: ¿la maquina sustituirá al hombre en este oficio?

Yo prefiero ser cuidado por una persona. El día que un robot responda a la pregunta que usted me hace, ese día preferiría mudarme a otro planeta. Hay cosas para las que sirve un robot, sobre todo en temas rutinarios y técnicos. Pero en el trato, en el afecto, el hombre es único e insustituible. El cuidado de una persona mayor requiere un trato humanizado, pero también activo. Un robot no saca a los adultos mayores de la soledad en la que están inmersos.

2 - En el modelo nórdico el mayor gasto público social está destinado a la infancia, ¿por qué el proyecto se centra en los adultos mayores?

El Sistema de Cuidados trabaja también con la infancia y las personas con discapacidad. Pero nosotros tomamos el segmento de los adultos mayores por un tema de capacidad, de necesidad país. Vimos que el proyecto Echo de la Facultad de Medicina nos podía dar la herramienta para capacitar a la gente y así lo hicimos. Pero además hubo organismos internacionales que nos hicieron notar la necesidad de Uruguay de formar cuidadores para adultos.

3 - La nueva ley de Salud Mental puso fin a las colonias psiquiátricas, ¿los cuidados reducirán a los hogares para adultos mayores?

Los países más adelantados están buscando el trato más personalizado, esa es una tendencia clara. Se van dejando de lado los residenciales, las colonias psiquiátricas, el aislamiento. Eso trae desafíos económicos, la adaptación de los lugares y también la necesidad de más capacitación. En dos sentidos: formar al cuidador y también proteger al cuidador. Todo esto es una inversión y también un cambio que tiene que ir dando toda la sociedad.

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