LA MARCHA DE LA PANDEMIA

COVID-19 en Uruguay: hay pacientes en CTI en diez departamentos

Entre las 260 personas que alguna vez cursaron la enfermedad en CTI, una estuvo 81 días y sobrevivió. Otra pasó 98 días, pero falleció.

Pacientes hospitalizados en CTI. Foto: AFP
Entre los pacientes en CTI que requieren ventilación invasiva, la mortalidad asciende al 85%. Foto: AFP

Cuando el reloj indique las 00.00 horas de Uruguay, esta noche, habrá muchos levantando sus copas para brindar. Un saludo que, en más de un caso, reflejará la alegría de haber sobrevivido a este año tan duro. Pero habrá decenas que, desde sus camas, no estarán para festejos o ni siquiera serán conscientes de que es momento de dar vuelta la página del calendario. Son esos los que aún se miden inhalación a exhalación contra la infección que causa la enfermedad del COVID-19.

Una de cada diez camas de las unidades de cuidados intensivos de Uruguay estaba ayer ocupada por un paciente positivo. Entre los ocupantes de esas plazas estaba un hombre que lleva 35 días entubado. Había seis personas en los CTI de los departamentos que son frontera con Brasil y tres menores de 45 años.

Las ocupaciones de camas de cuidados intensivos son la “foto con retraso” de infecciones que, en promedio, fueron contraídas hace dos semanas. Y si en estas últimas dos semanas hubo un aumento de los contagios en el país, “la lógica indica que seguirá el crecimiento de la ocupación de CTI”, explicó a El País el médico intensivista Arturo Briva.

La rotación hospitalaria es alta: solo en diciembre pasaron 151 personas por los CTI de Uruguay. Los que fallecen ni bien ingresan o aquellos que sobreviven y no requieren de la asistencia de un ventilador, bajan el promedio de días de internación. Pero la media de los pacientes que requirieron cuidados intensivos en el país es de 16 días de permanencia.

Hubo un paciente que permaneció 98 días internado en un CTI de Montevideo. Pese a esa capacidad de supervivencia y el esfuerzo del personal de salud, falleció. Hubo otro que estuvo 81 días y fue dado de alta.

Mapa de Uruguay con la cantidad de pacientes con COVID-19 en CTI por departamento
Mapa de Uruguay con la cantidad de pacientes con COVID-19 en CTI por departamento

Son, a veces, meses enteros de soledad en una cama sin la visita de un familiar. Semanas “sin conocer a la nieta que acaba de nacer”, como le ocurrió a una paciente de la infectóloga e intensivista Daniela Paciel; o festejar el cumpleaños con una máscara de oxígeno y “habiéndose enterado que su madre, también Covid positivo, acababa de morir”, como le sucedió a un paciente del intensivista Luis Núñez.

Las personas detrás de las cifras.

De las 5.310 personas que cursaban ayer la infección del COVID-19 en Uruguay, había 74 en cuidados intensivos. Así lo señala el último reporte del Sistema Nacional de Emergencias. También eran 74 el día anterior. Y eran 74 el día previo a ese anterior. Pero, aunque el número permanezca congelado, las personas detrás de la cifra no son siempre las mismas.

De hecho, en estos tres últimos días en los que se repitió las 74 camas ocupadas por pacientes con COVID-19, hubo 25 personas nuevas que ingresaron y suplieron a otras 25 que fallecieron o fueron dadas de alta.

Para este fin de año, los matemáticos que asesoran al gobierno estimaban que la ocupación treparía a unas 90 camas. La diferencia entre la proyección y la realidad todavía es un misterio. Pero los científicos ya manejan sus hipótesis: que hubo varios fallecimientos, por lo que hay gente que entró y desocupó la cama de CTI o ni siquiera ingresó a cuidados intensivos; o que las nuevas infecciones se están concentrando en los más jóvenes que son los que tienen menor probabilidad de tener una complicación severa con la infección (según cálculos del neurocientista Daniel Herrera, un joven de 22 años con COVID-19 tiene 0,063% de chances de un desenlace crítico).

La intensivista Paciel quiere que su “yo emocional” le gane a su “yo consciente” y, en realidad, esté habiendo un enlentecimiento en la marcha de la pandemia. “El miedo no es bueno, pero a la población había que sacudirla porque el mensaje no estaba llegando...”.

Enfermera en sala de CTI. Foto: AFP
Enfermera en sala de CTI. Foto: AFP

En los CTI, contando las camas que ocupan los pacientes con y sin COVID-19, todavía hay espacio (45% libre). Aun así, el Ministerio de Salud se reunió ayer, por tercera vez en un mes, con Núñez y representantes médicos para ultimar el proyecto de formación en cuidados intensivos dirigido al personal de salud. Esos médicos y enfermeros que tendrán que verle la cara a quienes luchan contra el coronavirus.

Porque los 260 pacientes con COVID-19 que, desde que comenzó la pandemia, alguna vez pasaron por un CTI en Uruguay, son (o eran) personas de carne y hueso que, como resume el intensivista Briva, “además de la infección le pelean a la angustia y soledad.

¿Cómo se trata al paciente en intensivos?
Sala de CTI. Foto: AFP

De las 74 personas que ayer transitaban su enfermedad de COVID-19 en un CTI de Uruguay, había 40 que estaban intubadas y la fuerza de respirar la hacía una máquina. Si la estadística que maneja la Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva se cumpliera a rajatabla, de esos 40 pacientes con ventilación, 34 fallecerán y las otras seis (esas que sobrevivirán) pasarán, en promedio, 34 días internadas. Entre los 34 pacientes que no requirieron de la intubación, tres morirán y las restantes 31 estarán hospitalizadas, en promedio, menos de diez días.

La conclusión es sencilla: si se evita la ventilación invasiva, en los casos que se pueda, se reduce el tiempo de internación y se acota las chances de morir. Y al usarse menos respiradores innecesarios, baja la probabilidad de que se agoten.

Esta fue la gran enseñanza que dejó el COVID-19 en los equipos médicos de cuidados intensivos. Porque al comienzo de la pandemia, la norma era la ventilación invasiva. “La mayoría de pacientes llegan con falta de oxígeno en sangre y se suponía que al intubarlos se reducía las chances de que los aerosoles que transportan el virus se dispersaran por toda la sala poniendo en riesgo al personal y a otros pacientes”, explica el intensivista Arturo Briva.

Pero a mitad de año, tras la investigación Recovery, en Europa, los tratamientos dieron un giro: “desde entonces se intenta no llegar a la ventilación invasiva, se usa ventilación parcial (como máscara y oxigenoterapia de alto flujo) y protectores de equipos y personas para que los aerosoles no contaminen”.

En simultáneo, se descubrió que “la inflamación que se generaba en el organismo para defenderse del virus era, a veces, más severa que la propia infección, entonces se empezó a suministrar dexametasona (un corticoide con propiedades antiinflamatorias)”, cuenta el intensivista Luis Núñez. Los corticoides no sirven como fármaco preventivo, como tampoco los anticoagulantes que a veces se usan.

En algunos pacientes, agregó la intensivista Daniela Paciel, “podría servir (para atacar la infección en contados casos) un antiviral (Remdevisir), al que la OMS se opuso, pero que no se importa a Uruguay y su costo en EE.UU. ronda los US$ 5.000”.

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