ENTREVISTA

Chabalgoity: "No alcanzan dos dosis de Sinovac para estar vacunado"

"Por ahora no sabemos si este virus es erradicable. Ni siquiera sabemos si se logrará que el virus sea endémico", dijo el especialista.

Alejandro Chabalgoity, profesor de Desarrollo Biotecnológico. Foto: Leonardo Mainé.
Alejandro Chabalgoity, profesor de Desarrollo Biotecnológico. Foto: Leonardo Mainé.

¿Las vacunas contra el COVID-19 implantan un chip para que Bill Gates controle a la humanidad? Alejandro Chabalgoity, integrante de la comisión asesora en vacunas, no lo sabe. Pero sí está seguro de que las vacunas previenen buena parte de los fallecimientos. El especialista afirma en entrevista con El País que, dado el comportamiento de los anticuerpos, el esquema básico pasó a ser dos dosis de Sinovac más una tercera con Pfizer, o bien dos de Pfizer.

-¿La obligatoriedad de la vacunación facilitaría la erradicación del COVID-19?

-Por ahora no sabemos si este virus es erradicable. Ni siquiera sabemos si se logrará que el virus sea endémico; eso significa que el virus tiene una circulación basal, como en reposo, y que cada tanto emerge provocando brotes que no comprometen al sistema de salud.

-¿Entonces la obligatoriedad de la vacunación es una cuestión más política que científica?

-Correcto. Desde lo científico, hoy por hoy, la obligatoriedad de la vacunación no es un tema central. Sí es central la mayor cobertura posible a escala mundial. Porque uno de los problemas que tiene este virus, en la medida que es pandémico, es que el único reaseguro que tenemos para controlar la pandemia es que se vacune de forma masiva en todos los países. La situación actual, en la que hay muchos países con menos del 1% de la población vacunada, es un impedimento para que se alcance el control de la pandemia y es el escenario perfecto para que surjan nuevas variantes de preocupación.

-La OMS insiste mucho en eso de no avanzar en la vacunación a niños o en terceras dosis hasta mejorar el porcentaje de vacunación mundial en general. ¿Eso entonces no es un posicionamiento político?

-La distribución equitativa de vacunas no es solo un problema de solidaridad. La vacunación masiva es el único reaseguro de controlar la pandemia. De lo contrario, equivale a dejar bolsones en los que el virus circula libremente.

-¿Qué significa estar vacunado? ¿Son dos dosis o es también la tercera dosis?

-Estar vacunado significa adquirir una inmunidad que permita no infectarse o, en el caso de hacerlo, infectarse de manera leve. Para eso, en la teoría, alcanza con un esquema básico que suele ser de una o dos dosis. Hay veces que la cantidad de anticuerpos circulantes baja mucho y se necesita un refuerzo. El ejemplo más conocido es la antitetánica: cada diez años se necesita un refuerzo.

Alejandro Chabalgoity, profesor de Desarrollo Biotecnológico. Foto: Leonardo Mainé.
Alejandro Chabalgoity, profesor de Desarrollo Biotecnológico. Foto: Leonardo Mainé.

-¿Le preocupa que solo el 35% de la población uruguaya tenga la tercera dosis?

-El problema es que con COVID-19 todavía no tenemos claro cuál es el esquema básico. Tenemos vacunas de una dosis y otras de dos dosis porque fue lo que se probó en los ensayos clínicos y se comprobó su eficacia a los dos meses. En el caso de Pfizer ya está bastante claro que dos dosis es el esquema de vacunación. El resto son refuerzos que podrán tener que ver con la aparición de variantes. El problema con Sinovac es que no sabíamos si ese era el esquema básico. El haber administrado las dosis de Sinovac fue lo mejor que pudimos hacer en el momento que teníamos que hacerlo. Cuando empezamos a ver que los anticuerpos caían mucho con solo dos dosis, vimos que era necesario completar con una tercera dosis. En lo personal creo que las dos dosis de Sinovac más una de Pfizer termina siendo el esquema básico de vacunación.

-¿Eso significa que se estuvo mal en vacunar con Sinovac?

-No, al contrario, ¡estuvimos brillantes! Vacunamos con lo que teníamos y generamos un buen escudo protector para llegar a dar la tercera dosis en un escenario mucho más tranquilo. En conclusión, en Uruguay necesitan la tercera dosis con Pfizer aquellos que tienen solo dos de Sinovac.

-¿Y los que tienen dos de Pfizer o AstraZeneca?

-Me preocupan bastante menos. Aunque ya se ve que bajan un poco los anticuerpos y son menos efectivas ante la variante Delta, que es la predominante en Uruguay. Lo importante en todo esto es tener claro que no sabemos todo, se va adquiriendo conocimiento en tiempo real. Hay solo una cosa sobre la cual no tenemos dudas: ¡las vacunas funcionan!

-¿Habrá que vacunarse todos los años?

-No lo sabemos. De las mediciones que hicimos tras las terceras dosis hemos visto que el nivel de anticuerpos crece entre 20 y 30 veces. Pero no sabemos cómo será la evolución en el tiempo. Por ejemplo, me impresiona lo poco que están durando los anticuerpos con las vacunas con ARN mensajero; pensábamos que, por la propia tecnología, durarían mucho más.

-¿COVID-19 acabará siendo como una gripe más?

-Eso es falso. La vacunación contra la gripe es anual porque los virus de la influenza varían muy rápido de un año para el otro. Este no parece ser el caso del COVID-19. Su tasa de variación es más lenta y, por ahora, tras la variante Delta no han surgido nuevas variantes de preocupación. Para el caso de COVID-19, además, todavía no sabemos si sigue el mismo comportamiento que el resto de enfermedades respiratorias, de las que suelen observarse más casos en el invierno. Recién ahora Europa entrará a su primer invierno con población vacunada contra el COVID-19.

-Usted decía que es necesaria la vacunación masiva a escala mundial. ¿Eso incluye a los menores de 12 años?

-El patógeno circula entre humanos. Cuando se le complica colonizar un nicho, busca otro nicho. Hace un año atrás casi no infectaba a niños. Pero conforme avanzó la vacunación, al virus se le fueron cerrando puertas y encontró en los niños una población fértil, no vacunada. Por eso no tengo dudas de que habrá que vacunar a toda la población.

-El comité de expertos que asesoró a la FDA, en Estados Unidos, concluyó que la vacunación a niños entre cinco y 11 años no tiene discusión cuando la circulación viral es muy alta: son más los beneficios que cualquier riesgo de un eventual efecto adverso por la vacunación. Pero habría más dudas sobre qué hacer cuando la circulación viral es baja. ¿Cómo está posicionado Uruguay frente a esta evidencia?

-Toda medida sanitaria es un balance de riesgo y beneficio. Por eso para Uruguay, donde la circulación del virus no es tan alta y dado que los niños enferman poco, habrá que discutir con la comisión de vacunas todos los detalles.

Vacunación contra el COVID-19. Foto: Fernando Ponzetto
Vacunación contra el COVID-19. Foto: Fernando Ponzetto

-¿La discusión pasa más por cuándo es el momento de vacunar a los niños que si es necesario hacerlo?

-Todo hace pensar que si mantenemos en los niños un reservorio de circulación del virus, eso será una fuente de surgimiento de nuevas variantes y de circulación comunitaria. No tengo claro si ahora es el momento de salir a vacunar a los niños.

-Algunos pediatras dicen: si los niños enferman de manera leve contra el COVID-19, ¿para qué los vacunamos?

-Es un razonamiento lógico. Solo que esos profesionales tienen que demostrarnos a los miembros de la comisión de vacunas, con datos, que la circulación del virus no es problemática.

-¿Cuán probable es que en el futuro el combate al COVID-19 sea un esquema de vacunación básico que se da en la infancia como contra otras enfermedades?

-Es muy probable. Pero como no sabemos si es erradicable, todavía no sabemos cómo será el futuro. La enfermedad de la polio está tratándose de erradicar -la circulación comunitaria queda solo en tres países- y para hacerlo hay que combinar una vacuna de virus inactivado, que reduce la enfermedad, con una vacuna oral que evita el ingreso del virus por las mucosas. Es probable que para COVID-19 haya que pensar en combinación de vacunas.

-¿Fue muy arriesgado haber combinado Sinovac y Pfizer sin que existieran estudios previos con esas dos vacunas específicamente?

-Uruguay hizo lo que podía hacer y salió muy bien. Usamos un producto que era seguro para ganar tiempo. También hicimos lo correcto cuando se decidió dar con Pfizer la tercera dosis. Porque veíamos que bajaban dramáticamente los anticuerpos y porque la combinación de vacunas no es algo nuevo. Las dosis heterólogas vienen probándose desde principios de los 90. Entonces hicimos algo que nadie lo había probado pero que, desde el punto de vista científico, sabíamos que iba a funcionar y que no tenía riesgos.

-¿La campaña de vacunación le generó alguna duda?

-Si un científico pierde la capacidad de dudar deja de hacer ciencia. No se confía por fe, hay que demostrarlo. Pero al mismo tiempo es nuestro deber sacar los miedos del terreno irracional para llevar un poco de racionalidad. En un intercambio en televisión yo les decía a los llamados “antivacunas”: yo no sé si es cierto o no que las vacunas contra el COVID-19 nos ponen un chip para que Bill Gates nos pueda controlar. Tampoco sé si nos van a convertir en robots. No tengo información al respecto. Pero sí sé que el virus existe, circula y mata. Y lo que tenemos que hacer es evitar que la gente se siga muriendo. Los movimientos antivacunas existieron siempre. En la primera vacuna -que proviene de un patógeno aislado de las vacas, de ahí el nombre “vacuna”- había quienes pensaban que con la vacunación nos saldrían vacas por las orejas. No hay que intentar ridiculizar a quienes opinan así, hay que empatizar e intentar discutir con argumentación.

-¿Le preocupa que entre las voces del contra-relato haya algunos profesores titulares de la Udelar?

-Que haya gente que contradiga las opiniones mayoritarias no es un problema. En todo caso me debería llevar a replantearme mi rol: si yo no puedo explicarle a la gente por qué las vacunas son buenas, estoy fracasando como científico. Tengo el poder de demostrar que las vacunas funcionan bien.

Vacuna, vacunación, dosis. Foto: Leonardo Mainé.
Dosis de vacuna contra el COVID. Foto: Leonardo Mainé.

-Con el porcentaje de vacunación actual, ¿tiene sentido seguir contando los casos de infectados por día?

-En la mayoría de epidemias se diagnostica hasta que el virus adquiere una circulación comunitaria. Luego se deja de contar casos. En COVID-19 no se hizo así porque había una relación muy directa entre los casos de infectados y las ocupaciones de camas en el CTI. En el contexto actual, de baja circulación y mucha población vacunada, tiene poco sentido como predictor de la ocupación de CTI. El problema es que la contracara es que, de no cuantificar, puede perderse el surgimiento de una nueva ola, que es como se vino comportando este virus.

Un mercado de US$ 150.000 millones

-¿Cuánto costaron las vacunas que se dan en Uruguay?

-Sé que bastante, pero por contrato de confidencialidad no se ha hecho público. El mercado mundial de vacunas contra COVID-19 es de 150.000 millones de dólares. ¿Cuánto deberían valer? Eso siempre lleva a pensar que es conveniente tener un Instituto de Vacunas propio. Es un tema de emergencia: Uruguay obtuvo las vacunas que pudo, no las que quiso. Y es un tema económico.

-¿Los laboratorios se aprovecharon de la “vulnerabilidad” humana?

-Todo es discutible. Las empresas tienen que asegurarse su margen de ganancia, su inversión, el pago de patentes. No se trata de buenos científicos y malos empresarios. Ese es un debate fuera de sentido. Sin las empresas que saben de la logística es imposible, por más que el conocimiento surja de universidades en su mayoría públicas.

-¿Cuán probable es que haya una vacuna contra el COVID-19 made in Uruguay?

-Recién comenzamos el desarrollo de un prototipo de vacuna oral contra el COVID-19. La pandemia nos enseñó que las tecnologías pueden cambiar la realidad. También que es imprescindible asegurarse las vacunas en tiempo y forma. Eso Uruguay lo tiene que pensar para el futuro e invertir en ello.

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