EN EL DÍA MUNDIAL

Por la Ruta de los Humedales de Montevideo

Una recorrida desde el pueblo Santiago Vázquez permite acercarse a una de las 15 áreas protegidas de todo el país.

Se realizaron visitas guiadas por el entorno del Río Santa Lucía. VEA LA FOTOGALERÍA
Se realizaron visitas guiadas por el entorno del Río Santa Lucía para poner al día lo que se hace en preservación especies y su medio ambiente. Foto: F. Flores
Foto: Francisco Flores
Foto: Francisco Flores
Foto: Francisco Flores
Foto: Francisco Flores
Foto: Francisco Flores
Foto: Francisco Flores

Hay lugares que se recorren tarareando, en especial cuando alguna antigua canción habla de ellos o los describe. Uno de ellos es el pueblo Santiago Vázquez, junto al río Santa Lucía, del lado de Montevideo. La canción El loco Antonio, de Alfredo Zitarrosa, funciona como una perfecta banda sonora.

Ayer se celebró el Día Mundial de los Humedales, y el Área Protegida con Recursos Manejados del Santa Lucía lo recordó con recorridas guiadas. Es una de las 15 zonas del país que gozan de ese estatus y la que tiene más presencia humana.

Gastón, Beto y Washington, los tres guardaparques que cuidan la parte montevideana de las 86.517 hectáreas del parque, tienen su base de operaciones en la que fue hace mucho la casa del Loco Antonio, según asegura la mitología urbana del paraje.

Washington tiene a su cargo la primera parte de la charla introductoria. El hombre era un administrativo de la Intendencia hasta que un día surgió la oportunidad de cambiar de rubro. De eso hace 17 años, y no se arrepiente.

Con pasión, repasa todos los hallazgos de flora y fauna del lugar. Armó una mesa para exhibir cráneos de zorros, carpinchos, lechuzas, nutrias, mano peladas y caparazones de tortugas. También muestra una piel de zorro y fotografías de las familias de la zona que trabajan con el junco que cosechan del río. En frascos con formol hay distintos animales, entre ellos el "ratón colilargo", responsable de trasmitir distintas enfermedades al ser humano, entre ellas el mortal hantavirus.

Enseguida toma la palabra Gastón y explica que en la zona hay unas 200 especies de aves, muchas de ellas son migratorias, encuentran en la desembocadura del Santa Lucía un lugar ideal para pasar una temporada y seguir camino. También han detectado 13 especies distintas de animales anfibios.

Camino.

La recorrida comienza atravesando una larga pasarela de madera sobre el agua. A la izquierda se puede ver el pequeño puerto. Hay yates, veleros y las frágiles chalanas de los pescadores artesanales. A lo lejos están los dos puentes sobre el Santa Lucía y su desembocadura en el Río de la Plata. Hace días que no llueve pero está crecido, aseguran los guardaparques. "Es por el viento sur que entra una corriente del Río de la Plata", dice Beto.

Hay lugares en que el agua está quieta y otros donde las corrientes se cruzan y no es posible saber su dirección. Washington tira un junco secor para chequear el sentido de la corriente pero el yuyo no se mueve.

Zitarrosa describió ese fenómeno: "Puente de fierro sobre el pajonal, agua sin rumbo, como en el mar, la luna lo abandonaba y se anegaba en el barrial".

Cuando la pasarela gira, una garza posa al sol en medio del pajonal. Y allí Zitarrosa vuelve a la memoria: "Cruzando el puente, milonga, acordate hay un lugar donde las garzas rezongan al lado de un manantial".

Tras la pasarela está el puente San Gregorio. Hace algunos años la Intendencia cerró el camino que lo atraviesa y ya no pasan vehículos. Ahora es un peligroso trampolín para quienes se arriesgan a zambullirse desde sus barandas. Está prohibido bañarse pero pocos hacen caso.

El cauce tiene una profundidad de cinco metros pero es un verdadero peligro. Bajo las turbulentas aguas hay vigas de hierro del viejo puente. La Policía no tiene jurisdicción en la zona y a la Prefectura le faltan medios.

El puente es la única forma de conectarse con la "Avenida de los Deportes", un camino de tierra que de un lado tiene un largo palmar y del otro un arroyo que permite hacer competencias de remo. Ayer no había embarcaciones y los pocos usuarios eran grupos de jóvenes que llegaban en moto a pescar.

Un sitio para avistar aves y descubrir más riquezas.

La semana pasada un grupo de ingleses llegó en crucero a Montevideo y buscó un lugar para avistar aves. Los llevaron a los Humedales del Santa Lucía. Allí localizaron especies de lechuzas y picaflores que no habían visto en otros sitios, según contó Gastón, uno de los guardaparques.

Los particulares interesados en recorrer los Humedales deben llamar con tiempo al teléfono 2312 57 68 para solicitar una visita guiada. Se trata de un servicio gratuito. Por el momento, el ingreso al parque es libre.

Tiene varias entradas, la mejor es desde el centro del barrio, tomando Batlle Berres y luego la calle La Guardia, al fondo.

Los guardaparques de los Humedales recomiendan llevar sombrero, calzado cómodo, protector solar, agua y repelente. Permiten tomar fotografías, pescar con cañas y hacer caminatas por determinados senderos.

Entre los asados y los fuegos prohibidos.

Por definición, los humedales, como el del Santa Lucía, son ecosistemas de transición entre el ambiente terrestre y el acuático y tienen diversas funciones. Entre ellas se encuentra el mejoramiento de la calidad del agua, evitar la erosión del suelo, reducir la proliferación de algas y ayudar al control de las inundaciones. Además, funcionan como fuente para la recarga de acuíferos, acumulan agua subterránea y en su interior mantienen una alta diversidad biológica, de acuerdo a la explicación ofrecida por el equipo de guardaparques.

Los funcionarios municipales tienen a su cargo diversas tareas. Por ejemplo, la vigilancia de toda el área del parque, la reparación e instalación de cartelería, evitar el avance de la flora exótica, y la conducción de visitas guiadas a escolares, liceales y particulares.

También realizan el control de la pesca, ya que está prohibido el uso de redes y trasmallos. Una de las tareas principales de los guardaparques es evitar los incendios. La normativa indica que está terminante prohibido hacer fuego, pero muchas personas reclaman su derecho a hacer un asado dentro del área protegida.

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