DURAZNO

Ruta se encuentra en mal estado y aceleró el parto de una beba

Pararon al costado de la carretera y el padre ofició de partero

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Vittoria junto a sus padres Diego y Ana. Foto: Víctor Rodríguez

Los duraznenses siguen conmovidos con la historia de la beba Vittoria que nació dentro de un auto, a la vera de una carretera rural, el pasado 27 de septiembre.

"Nació en medio de una nube de tierra y los nervios de nosotros", dijo Diego Torres Negreira, de 29 años, el papá de la criatura. Él y su pareja Ana Ramos, de 39 años, están radicados en San Jorge, 100 kilómetros al noreste de Durazno.

"Ella tenía previsto ir al otro día a la mutualista para un control, porque la bebé estaba bajando de peso. Y yo estaba esquilando en un establecimiento contra la ruta. Me llamó porque tenía contracciones, pero dijo que me quedara tranquilo porque se daban cada veinte minutos. Llamé a mi hermano (el padrino de Vittoria) y me dijo que demoraba media hora porque andaba a caballo recorriendo el campo", relató a El País, Torres Negreira.

"En el pueblo el doctor la revisó, estaba todo normal y dijo que era conveniente ir para Durazno. En el viaje ya venía con contracciones cada diez minutos, el camino está feo feo, y a los pocos kilómetros las contracciones comenzaron a acelerarse, cada tres minutos y las últimas cada 43 segundos".

Todo sucedió en la ruta 100, a la altura del camino Paso de las Piedras, que conecta con Villa del Carmen. "Ella me dice no aguanto y fue ahí que decidimos parar al costado de la ruta. Le pedí a mi hermano que pusiera algo sobre el asiento trasero y trajera agua, me lavé las manos y entré al auto. Ella comenzó a pujar y la beba fue apareciendo; cuando salió la tapamos, atamos el cordón con una cinta de una agenda y cortamos con un cuchillo, tipo gaucho nomás. Después la puse encima de la mamá, una genia, se portó buenazo; para ella es el tercer parto. Y yo tengo un hijo, entré al parto de él y esa experiencia me fue útil", contó Torres Negreira.

El parto duró unos 10 minutos y enseguida en el auto sonó un celular; los médicos de la ambulancia iban en camino.

"Mi hermano por vergüenza o por temor andaba a la vuelta del auto, pero se portó genial. De pronto pasó un vehículo y una señora nos dijo si precisábamos algo. Me asomé por la ventana y le agradecí, pero no me di cuenta y levanté la mano que estaba ensangrentada y tenía un cuchillo. La gente igual paró y se interesó. Gracias a ellos, al doctor Renato de San Jorge y a Camedur", contó.

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