EL DEPARTAMENTO DE MODA

En Rocha no cabe ni un alfiler

Las playas de La Paloma, La Pedrera y Cabo Polonio están repletas de turistas a toda hora.

Las playas de La Pedrera, La Paloma y Cabo Polonio están repletas. FOTOGALERÍA
Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
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Foto: Fernando Ponzetto

Nadie puede pasar por La Paloma sin ser testigo de un atardecer en La Balconada, que incluye un aplauso estridente cuando el último rayo de sol se oculta. Pero no todo es poesía en esta vida. Muchos se acercan a esta playa por un atractivo económico: se venden latas de cerveza a $ 50. Los surfers la eligen por las olas y el viento; y la muchachada, por el parador y por ser un clásico que nunca pasa de moda.

En La Aguada, en cambio, el público es más familiar. Bajan padres con sus hijos, improvisan arcos de fútbol con chancletas, toman mate en la arena, o juegan al tejo. A la noche, el panorama de La Aguada cambia, ya que allí funcionan los boliches, entre ellos Barbas, al que asisten la mayoría de los jóvenes que bailan hasta el amanecer. El costo de esa diversión es $ 600, si la entrada se compra anticipada, y sube a $ 800 en la puerta.

No todo es sol y relax. Para los amantes de la aventura, hoy sábado, comienza desde la estación de Ancap la "Travesía La Paloma-Sierras de Rocha", un recorrido en 4x4 que transita por la playa, pasa por distintas estancias de Rocha hasta salir a la Ruta 9. Los vehículos se internan por caminos vecinales para dirigirse al punto más elevado del departamento, desde donde se pueden apreciar las lagunas de Rocha y Castillos y las dunas del Cabo.

Esta aventura se realizará todos los sábados del verano.

El Polonio.

Este balneario agreste ubicado en el kilómetro 264 de la Ruta 10, al que solo se puede acceder en camiones todo terreno, tiene dos playas: Norte, la preferida de los surfers, y Sur, más llana y quieta.

En la Sur se alquilan kayaks y muchos turistas eligen practicarlo. Otros prefieren jugar al volley en la arena. Hay un único parador donde se vende comida rápida, bebidas y tragos.

En la Norte hay más opciones gastronómicas, y aunque la impresión de la gente es que está más caro que la temporada pasada, en ningún restaurante cabe un alfiler. Una picada de mar para dos cuesta $ 850 y un jugo de naranja $ 150. En los boliches de paso te preparan un licuado por $ 200.

La gente cambia el celular por un buen libro en la arena: la escasa electricidad hace que prefieran ahorrar batería.

La Pedrera.

El Barco, una de las dos playas de La Pedrera, está colmada de jóvenes. Descienden por los médanos en oleadas luego de las cuatro de la tarde, porque la vida en el balneario para ellos arranca después de esa hora. Algunos duermen una siesta en la arena con el fin de recuperarse de una larga noche; otros juegan al fútbol tenis, a la paleta, y hacen surf. Varias chicas toman sol en hamacas paraguayas, mientras se oye la música que sale de los chiringos.

La arena está repleta de gente. Pero hay dos pizarrones que sobresalen entre la multitud: uno ofrece masaje tailandés y el otro yoga. En ninguno de los dos figura el precio del servicio, solo un número de teléfono donde consultar, y el nombre de un tal César.

En esta playa las sombrillas han sido sustituidas por quinchos de paja. Alquilar uno todo el día cuesta $ 900, pero se pueden rentar por hora a $ 200. Para los que quieren empezar a beber desde temprano, el parador les ofrece una ganga: dos cubalibres por $ 200.

En El Desplayado, la otra playa del balneario, hay yoga todos los días a partir de las 8:00. Lo primero que se ve al descender a la arena es un cartel que promueve el cuidado del medio ambiente: "Reúsa, recicla y reutiliza", dice en letras pequeñas. Hay red de volley y cuatro chicas desafían a cuatro muchachos a jugar un partido. Aquí los surfers faltaron con aviso porque el agua es muy calma para los fanáticos de la parafina.

Además de los clásicos y accesibles choclos ($ 100), el parador del Desplayado ofrece una propuesta original para incluir en el menú playero: gazpacho (sopa fría de origen andaluz) a $ 380. Se puede tomar en la arena o sentado en las mesas con sombrilla.

En las playas de Rocha está permitido regatear. Los gorros cuestan $ 300 pero si te gusta te lo dejan llevar por $ 250. Lo mismo en el caso de los pañuelos. Te persiguen hasta el auto para que les compres, y aprovechan para avisar que a la noche también están en la peatonal con el resto de los artesanos.

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