Descubren cisternas del siglo XIX y más de un cIEN vestigios en la Ciudad Vieja

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Tres cisternas subterráneas de almacenamiento de agua y más de un centenar de diversas piezas, como ser botellones, tazas inglesas, platos, azulejos, ladrillos antiguos, cerámicas y hasta un cepillo dental de madera fueron hallados en un terreno ubicado en la esquina de Reconquista y Zabala, después que retroexcavadoras comenzaron a prepa-rar el baldío en donde se construirá un edificio que cuenta con los permisos de la Intendencia de Montevideo.

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En el predio de Reconqusita y Zabala hallaron tres cisternas de almacenamiento de agua.

Los trabajos de arqueología no han terminado y su inicio se debió a denuncias de vecinos ante la Comisión Especial Permanente de la Ciudad Vieja que fueron de inmediato comunicadas a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación.

El equipo del departamento de arqueología de esta, reducido en recursos humanos a cinco personas para todo el país, pero experto y apasionado, debió enfrentar una situación no ideal: arribar al predio después de que las máquinas habían removido toneladas de tierra y vestigios incalculables, sea en cantidad como en su posible singularidad. Ese despliegue de obreros quedó en suspenso para dar lugar a la intervención de los arqueólogos.

El campo cercado por muros de bloques y portones ocupa un cuarto de manzana y se integra por los padrones 4109 y 403021. En el inventario del patrimonio arquitectónico y urbanístico de la Ciudad Vieja se dice que pertenecen a la Asociación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, instalada en otro padrón cercano.

María de los Ángeles Garbarino, una vecina que vive en un apartamento de un edificio que da a Reconquista (el más antiguo de los "Lamaro" de la rambla), contó a El País que en junio se detuvieron las excavaciones. Desde agosto, ella y otros residentes han enviado cartas a diversas jerarquías, entre otras la Unidad de Patrimonio de la Intendencia.

Reclaman "una decisión política urgente para que los hallazgos arqueológicos, bienes históricos y culturales que están apareciendo en ese predio y que pertenecen a toda la ciudad, sean respetados y declarados patrimonio".

Otras preocupaciones de los afincados en el barrio y de las monjas del convento son el actual estado del espacio en donde se descubrió una de las cisternas, colmada de agua estancada desde que cesó la primera etapa de la investigación arqueológica, y también el cerramiento del inmueble, puesto que al retirarse la maquinaria de obra quedaron por el suelo los tejidos de un portón, hecho que propicia el ingreso de consumidores de pasta base.

Tal invasión ya no es masiva después de patrullajes policiales, pero no cesó. Según se informó a El País, los arquitectos de la empresa constructora se comprometieron a contratar guardia de seguridad.

Casas de familia.

El predio de Reconquista y Zabala se ubica a pocos metros de la rambla Francia, hacia lo que fue el frente de mar sur, que estaba conformado por parapetos de piedra y tierra, muy bajos, mucho más que la muralla elevada por etapas entre los Cubos del Sur y del Norte.

Aunque hasta ahora no se han encontrado evidencias de ese frente y se estima que en su mayor parte debe haberse destruido al hacer la rambla, no es posible descartar algún hallazgo sorprendente cerca de la zona ahora intervenida.

En la actualidad, mientras los técnicos están en una etapa de evaluación de lo realizado y aguardan las próximas actuaciones, hay una negociación abierta para que en el futuro edificio sea viable integrar lo que se viene encontrando.

Además de las tres cisternas domésticas del siglo XIX y pocos rastros orgánicos (semillas), se recuperaron vasijas y seis bolitas de cerámica, lo cual permite proyectar la idea de que en el lugar hubo siempre viviendas de una sola planta con destino familiar. Por los planos geográficos se sabe que la manzana de Reconquista, Zabala, Misiones y la rambla estaba poblada ya a fines del siglo XVIII.

La arqueóloga Virginia Mata explicó a El País que los vestigios han permitido interpretar las diferentes épocas y sus construcciones. Se encontraron cimientos asociados a fincas coloniales con mortero de barro y cimentación en piedra, la reutilización de muros anteriores de ladrillo, o la cimentación de otras viviendas del siglo XIX.

"Las tipologías de las cisternas son muy diferentes y correspondían a casas distintas de mediados del siglo XIX. El mito de los túneles, muy frecuente a nivel urbano, estaba planteado entre los vecinos que veían construcciones subterráneas abovedadas, aunque al fin se determinó que eran cisternas de almacenamiento de agua", afirmó Virginia Mata.

Al encontrarse las cisternas se advirtió que estaban colmatadas por tierra de la obra. Pero lo interesante es que cuando comenzaron a limpiarlas, en los pozos de decantación apareció material de contexto que no fue removido o alterado por las excavaciones.

Entre las piezas que dan información de las rutas de comercio, la técnica Alejandra Otatti narró a El País que una botella de mediados del siglo XIX pertenecía a una fábrica de Estados Unidos que por ese tiempo se instaló en Cuba. El envase contenía un agua de flores que tenía muchísimas funciones, desde aromáticas hasta terapéuticas.

Otro resto de botella, su pico, fue datado en el siglo XVIII, en la era colonial. El carácter utilitario de varias cerámicas se infiere por las huellas de hollín.

La tierra y el agua.

A diferencia de lo ocurrido en Buenos Aires, en donde los pobladores podían beber el agua del Río de la Plata, en Montevideo la salinidad impedía hacerlo.

Desde la colonia hasta 1871, cuando surgen los sistemas de agua potable, la forma de abastecerse era gracias a manantiales y pozos que captaban agua subterránea y se complementaban con aljibes que recibían el agua de lluvia.

"Cuando se habla del uso de agua subterránea estamos ante lo que se llama pozos de agua, que la tomaban de la napa freática. El aljibe tenía el brocal por donde se extraía el agua, un sistema de cañerías en las azoteas que mandaba el agua a la cisterna en donde se almacenaba. En general esta se hacía subterránea, porque todas tenían grandes dimensiones (de cinco metros por tres o seis por tres) y eran ubicadas en el segundo patio de las viviendas", explicó Virginia Mata a El País.

"Desde nuestra formación, que es antropológica, el objetivo radica en entrar en el conocimiento de las formas de vida en el pasado, reciente o muy lejano, como el de los primeros pobladores de la región hace diez mil años. En la Ciudad Vieja hay una diversidad de patrimonio arqueológico", sostuvo.

Los técnicos participantes indicaron que en algún rincón de la Ciudad Vieja existe asimismo la posibilidad de dar con vestigios indígenas, como pasó en Colonia del Sacramento, ya que ellos participaron en la labor de las fortificaciones.

Los vecinos dieron la voz de alerta a Patrimonio.

Los arqueólogos de la Comisión de Patrimonio llegaron a intervenir en el predio de Reconquista y Zabala después de que se comenzara a remover tierras para construir allí un edificio. Actuaron ante advertencias de varios vecinos que observaron cómo las retroexcavadoras cargaban en los camiones materiales que parecían reliquias y se iban entreverados con los revoques y arenas. También les llamó la atención la aparición de pozos y bóvedas de ladrillos que pensaban eran las entradas a túneles de la época colonial. Los técnicos esperan más hallazgos.

Negocian la conservación.

n En la zona en donde se realizaron los hallazgos de las cisternas de almacenamiento de agua de mediados del siglo XIX irán los garajes del edificio a construir, que cuenta con permisos de la Intendencia de Montevideo. Desde la Comisión de Patrimonio se negocia con los encargados de la obra y propietarios para integrar a la obra determinados hallazgos, por lo menos una de las estructuras de las cisternas, con información e iluminación adecuada. Pero todo está en proceso. Falta remover el relleno de una de las tres cisternas, que da hacia la calle Misiones y auspicia el descubrimiento de más información arqueológica en tanto en ese sitio las máquinas excavadoras de la obra no llegaron nunca a intervenir y provocar daños.

Pozos y aljibes de agua con historia.

Desde 2013 el departamento de arqueología de la Comisión de Patrimonio lleva adelante un proceso de investigación a fin de caracterizar, analizar y reflexionar sobre los dispositivos construidos en el área urbana de Montevideo para captar y almacenar agua, desde la época colonial hasta mediados del siglo XIX.

Durante el transcurso de otra obra de construcción, en la calle Cerrito entre Treinta y Tres e Ituzaingó, se excavó un pozo de agua del siglo XVIII para captar y almacenar aguas subterráneas poco profundas, que ya se había dejado de usar a comienzos del siglo XIX. Esa obra estaba hecha con ladrillos unidos con mortero de arena y cal y su fondo era la roca natural.

El pozo estaba en el patio de una vivienda familiar ubicada en una de las primeras manzanas pobladas al fundarse Montevideo.

En el barrio La Aguada se investigó uno de los pozos coloniales identificado co-mo Pozos del Rey. Está en un predio de padrones protegidos como Monumento Histórico Nacional por corresponder a la zona de los manantiales del arroyo Canarias. El propietario del comercio allí existente informó que actualmente utiliza el agua del pozo para consumo, limpieza e higiene.

Dos aljibes que merecieron la intervención de las arqueólogas y técnicos de la Comisión de Patrimonio son el de 25 de Mayo y Bartolomé Mitre (que es propio de una vivienda suntuosa). Y el perteneciente, por el contrario, a un conventillo de Palermo, situado en Ejido entre Isla de Flores y Gonzalo Ramírez. El agua de lluvia era usada por todas las familias. En 1921 se construyó allí una vivienda con patio que no contaba con aljibe y se demolió en 2013.

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