LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

En retirada

El director nacional de Policía, Mario Layera, reconoció la semana pasada, y a pocos días de un nuevo encuentro clásico, que el cuerpo uniformado que lidera no tiene "la fuerza suficiente" para controlar a los "barrabravas".

La afirmación de Layera es de una gravedad tal que cuesta entender que el alto jerarca policial no haya presentado, juntos con estas afirmaciones, su renuncia al cargo que ocupa. ¿Es posible afirmar que uno dirige una fuerza armada que no es capaz de mantener el orden en las canchas de fútbol y en las afueras de los estadios, y permanecer luego en el cargo como si nada sucediera?

Ocurre que, en este peligroso reino del revés, Layera no está solo, sino muy mal acompañado. El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, y el subsecretario Jorge Vázquez, hermano del presidente de la República, son los responsables políticos de esta suerte de rendición incondicional de la autoridad frente a los delincuentes.

Son quienes han tomado la decisión de sacar a la Policía de las tribunas. Y lo han anunciado, urbi et orbi, para que todos los delincuentes y criminales que van al fútbol a robar, a vender drogas y a violar la ley sepan que dentro de las tribunas van a estar seguros. Que nadie los va a reprimir. Faltaba más. Casi como poner un aviso en el diario diciendo que nos iremos de vacaciones y dejaremos la puerta abierta y la alarma desconectada.

¿Y la gente honesta? ¿Y los que quieren disfrutar de un partido de fútbol sin alterar el orden? Que se embromen. ¿O qué pretenden? ¿Que el gobierno ordene a la Policía reprimir a los violentos? ¿Que se asuma el riesgo de que en un procedimiento policial algo pueda salir mal? De ninguna manera. La estrategia es clara. Si no se hace nada, y se responsabiliza de todo a los demás, nada podrá salir mal ni nadie podrá acusar al ministro, al hermano del presidente y al propio primer mandatario de represores. Y con eso, créame, ya se dan por satisfechos.

¿Acaso es algo diferente de lo que está sucediendo en el resto del país? ¿Verdad que no? La delincuencia gana espacios cada día. La Policía se muestra en retirada. Llega tarde, para levantar un parte policial y ver si, en una de esas, puede aclarar lo que pasó. O si puede deslizar que se trata de "un ajuste de cuentas", porque esas muertes pareciera que hay que contabilizarlas diferente. O si la víctima hizo algo que no debía, en cuyo caso el propio Bonomi se encargará de regañarla en público, incluso cuando ésta ya no pueda defenderse.

No es posible pensar en que un jerarca como Layera diga lo que dijo, y no renuncie o no se le pida la renuncia, si uno no entiende que sus superiores son el ministro Bonomi y el subsecretario Vázquez, que han demostrado en siete años de gestión carecer de la más mínima autocrítica.

Pobres de los uruguayos. Y pobre de quien venga atrás de los Vázquez, los Mujica, los Bonomi y los Layera, y tenga la intención de restablecer el orden y la autoridad policial. La que le espera.

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