Farmacia cerrada, “cuota” para estudios y larga serie de medidas arbitrarias

Relato de 72 horas de "anarquía" en Clínicas

Entre el lunes y el miércoles de esta semana se realizó en el Hospital de Clínicas una huelga de los funcionarios no médicos. Sus reivindicaciones tenían que ver con una postura contraria a la reforma que anuncia el gobierno y el eterno reclamo de ingresar más personal.

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Los trabajadores se oponen a una reestructura del hospital universitario. Foto: L. Carreño

Fue, seguramente, un paro más de los cientos que ha sufrido ese hospital. Pero no para los pacientes internados que perdieron tres días de sus vidas, ni para los que habían esperado meses para que se les coordinara una cirugía que se postergó, ni para los que debieron acudir a la emergencia y se encontraron con un servicio a media máquina y un ambiente tenso.

Para los médicos, fueron "72 horas de anarquía" en las que se sintieron rehenes de decisiones arbitrarias. Según dijo a El País un profesional que trabaja allí, durante la huelga "cada trabajador hizo lo que quiso". Algunos no sabían por qué estaban reclamando, aseguró. Y agregó: "Los dirigentes del sindicato tomaron medidas sin avisar a los médicos, que son los responsables máximos de los pacientes".

La Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas (UTHC) había dicho que procuraría que el paciente se viera lo menos afectado posible. Para los médicos del hospital agremiados en el Sindicato Médico, esto no se cumplió. Durante la huelga se quejaron de que los funcionarios se negaban a reprogramar operaciones suspendidas y que bloqueaban a los médicos el acceso a ciertas historias clínicas, permitiéndoles usar solo las que ellos consideraran necesarias.

El "detrás de cámaras" de la huelga tuvo otros ingredientes. La farmacia estuvo cerrada nueve horas del día para los pacientes crónicos o las urgencias, y cerrada por completo para medicamentos "simples".

En las policlínicas directamente no hubo personal de enfermería. Por tanto, no hubo quién llamara a los pacientes ni quién hiciera las curaciones. Estas tareas, que asumieron los médicos residentes, en muchos casos ni siquiera se pudieron hacer porque tampoco había gasas, compresas ni bisturíes.

Los médicos que debieron atender pacientes oncológicos graves esos días anotaron los avances en "hojitas", con la esperanza de que luego serían anexadas a las historias.

En la emergencia, donde supuestamente no habría afectación por el paro, las camas para recibir pacientes estuvieron bloqueadas (solo se habilitaron los sillones). Los médicos rezaban para que no ingresara un paciente que hubiera que operar de urgencia porque la disponibilidad de block quirúrgico fue errática.

Hacer pasar a un paciente de la emergencia a "piso" fue, en varios casos, una hazaña. El personal de enfermería se negaba a hacerlo, por lo que debía ingresarlo el médico a la fuerza y subir por su cuenta al paciente en camilla.

Otro escollo: mandar muestras de pacientes a analizar al laboratorio. Esto, que según los médicos ya supone demoras en días normales, con la huelga se alteró al punto que en el laboratorio solo aceptaron analizar una determinada cantidad de muestras por hora (a criterio del funcionario que estuviera a cargo en el momento).

Los funcionarios se negaron a agendar fechas para estudios o se tomaron tiempos excesivos para hacerlo. Para pedir una tomografía de un paciente grave los médicos debieron reclamar e insistir al trabajador a cargo.

De acuerdo a la versión médica, los funcionarios agremiados en UTHC no se ocuparon de informar al paciente que eran los responsables de la huelga, debiendo aclarar ellos que no era un "paro médico" como se corría por los pasillos del desavenido hospital.

La huelga finalmente se levantó el miércoles al mediodía porque la comisión directiva del Clínicas se dispuso a discutir parte de la reforma. El debate recién comienza.

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