LA ENTREVISTA DEL DOMINGO

Rafael Radi: "Los científicos en Uruguay estamos incómodos"

Este doctor en Medicina y en Ciencias Biológicas es el segundo uruguayo en recibir el Premio México de Ciencia y Tecnología 2016, uno de los galardones más importantes de la ciencia a nivel iberoamericano y el primero en integrar la academia de ciencias de Estados Unidos.

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Rafael Radi, primer investigador uruguayo en la National Academy of Sciences. Foto: Fernando Ponzetto.

Además encabeza las negociaciones con el gobierno para que se concrete la promesa de campaña del presidente Tabaré Vázquez de otorgarle a la ciencia el 1% del PIB.

—Recibió el Premio México de Ciencia y Tecnología 2016 que le fue adjudicado por sus "excepcionales aportes en el área de la biomedicina, particularmente en el campo de la investigación a nivel molecular y celular de patologías asociadas con estrés oxidativo y su extrapolación a nivel clínico". ¿Traducido qué significa?

—Hoy se sabe que la oxidación es una de las cosas que nos hace envejecer. A medida que transcurre nuestra vida nos vamos oxidando, si tomas piel de un niño y de un viejo, la piel del viejo tiene proteínas oxidadas. No es un asunto exclusivo de la especie humana, todo organismo que consume oxígeno tiene una toxicidad asociada. Esa oxidación no deseada hay veces que está concentrada en algunos tejidos y particularmente acelerada y ahí es cuando se asocia a la patología. Para que ocurra esa oxidación necesita oxígeno. El 99,5% del oxigeno que respiramos va por la ruta buena el 0,5% oxida y puede aumentar bastante en patología. Si fumas, por ejemplo, hay componentes del humo del tabaco que llegan al pulmón y pasan a la circulación y en la circulación reaccionan con el oxígeno y empiezan a generar sustancias tóxicas.

—¿Cómo se relacionan esto con las enfermedades sobre las que trabajan: arteriosclerosis, hipertensión, enfermedades neurodegenerativas?

—En la patología cardiovascular tratamos de entender de qué forma se van oxidando las lipoproteínas y cómo interaccionan con los vasos sanguíneos y como podes interferir en esa situación donde los lípidos se depositan o cómo podes prevenir esa oxidación. Respecto a la patología neurodegenerativa, estudiamos cuáles son las razones moleculares que hacen que una neurona pase de consumir el oxígeno (casi 20% del oxigeno se lo consume el cerebro) a que empiece a haber alteraciones que lleva a la formación de oxidantes que matan a las neuronas. Tenés una chance de interferir para que la célula no se te muera. A nivel bioquímico podemos entender qué componentes de la célula se oxidan primero, y hasta qué punto podemos bloquear eso para revertir y detener el proceso. En cardio también tenemos estudios en humanos.

—¿Hay señales de alerta de esa oxidación que sean visibles?

—A nivel de lo que es la expresión clínica no tenés forma de verlo. Son fenómenos subclínicos, dónde la forma de detectarlos implica desarrollar biomarcadores de daño oxidativo que es algo de lo que hace el laboratorio. En un llamado de la ANII ganamos un espectómetro de masa que el precio de mercado son US$ 750.000. Es una tecnología de última generación con el que podes tomar muestras de distintos sectores del paciente y medir si hay índices de oxidación. Si la enfermedad está establecida podes intentar intervenir para evitar su progresión. Es parte de las estrategias terapéuticas en las que estamos investigando.

—¿Cómo parte de las investigaciones tienen la noción de en qué grado hay evolución de enfermedades que pueden llegar a tener los uruguayos en diez años que todavía no estamos viendo?

—El perfil epidemiológico de la población está claro a nivel de la comunidad médica nacional y los organismos regidores del sistema de salud. Lo que tratamos de hacer es acompañar el entendimiento de las patologías prevalentes. Pero tenemos una población de diabéticos que aumenta, el exceso de azúcar en sangre es un estímulo súper intenso para generar estrés oxidativo vascular. La patología neurodegenerativa con el aumento de expectativa de vida es algo que tenemos arriba de la mesa, se va a ir profundizando década tras década. Ahí el país debería poner un esfuerzo enorme. Cada vez tenemos gente más añosa y con un acumulado de envejecimiento cerebral. Creo que el desafío de la medicina en general es cómo lograr mejor entendimiento de los procesos moleculares en la etapas tempranas de las enfermedades y en una época en que se producen menos medicamentos. Estamos trancados. No están apareciendo nuevos medicamentos.

—¿Y eso por qué ocurre?

—Hay varias razones, primero porque experimentar con humanos cada vez se vuelve más exigente. Se ha ido hacia una legislación de gran protección hacia los riesgos. Tenés que pasar por una cantidad enorme de etapas que no tenés como financiarlas. Nosotros mismos no hemos podido hacer muchos ensayos clínicos porque los costos son gigantes. Después hay otros fenómenos que tienen que ver con que lo que era más o menos fácil ya se hizo, ahora estamos en la sintonía fina. Se requiere una farmacología que tiene que entender mejor que está pasando a nivel microscópico y atómico. El gran aporte es conseguir un medicamento nuevo y es en lo que estamos nosotros. Hay varios ensayos clínicos a nivel internacional que han tomado parte de lo nuestro. Hemos desarrollado moléculas a modelos preclínicos que son bastante exitosas, el tema es que la etapa siguiente es compleja de realizar y sobre todo en Uruguay. Hay cosas que en Uruguay hoy no se pueden hacer con la calidad que se necesita, pero incluso están trancadas a nivel internacional.

—El presidente Tabaré Vázquez en campaña anunció que aumentaría el presupuesto para investigación de 0,4% del Producto Bruto Interno (PBI) al 1%. ¿Qué pasó con esa promesa?

—Eso fue acordado y firmado por el presidente, pero no se concretó. El presupuesto está estabilizado desde 2010 en el 0,38% del PIB. Hablando desde la Academia de Ciencia, que me toca presidir, estamos en intensos negociaciones con el gobierno. Hubo un parate de la economía y todo se trancó, pero creemos que es esencial dar una señal política en 2017.

—¿O sea que están en conversaciones para lograr ese 1%?

—Estamos en conversaciones para lograr que se reactive el compromiso firmado. En lo personal me preocupa menos lo cuantitativo —si se llega o no al 1%— que lo cualitativo: que realmente haya una señal donde la pendiente cambie. Desde el punto de vista institucional la Secretaría de la Ciencia, adosada a Presidencia sí fue votada en la Ley de Presupuesto y estamos colaborando a darle contenido desde la Academia, pero esa secretaría sin financiación no tiene sentido. Entonces lo que es claro, y en las conversaciones que estamos teniendo queda claro, es que tienen que ir las dos cosas juntas porque Uruguay está a la cola de los países de Latinoamérica. Brasil, Argentina y Chile están en el 1%, por supuesto que Finlandia, Corea, 3% o 4% de PIB mucho mas altos. Estamos rezagados, hay una camada muy buena de científicos jóvenes a quienes es fundamental dar la señal para que se queden en Uruguay.

—¿No hay una conciencia del aporte que puede generar la ciencia a las políticas de Estado?

—Creo que hay un entendimiento creciente y hay un acuerdo unánime del sector político en cuánto a que vale la pena que Uruguay tenga ciencia y tecnología. Ese proceso fue saldado en la década de los 90, pero la coyuntura ahoga. La ciencia uruguaya no tiene la robustez de otros países, ese paso hay que darlo con audacia y convicción pese a que los réditos no sean obvios en el corto plazo. Además los científicos no tenemos gran lobby. Hoy los interlocutores pro ciencia del gobierno quedan diluidos en algunos ministerios como el de Salud, Industria, Ganadería o de Educación dónde priman otras prioridades. Estamos incómodos, no es que te estés muriendo, pero no nos dan para adelante. Hay una postergación que se va generando en el buen momento nunca llega. El año 2017 debería ser un punto de inflexión para la ciencia uruguaya. Sea quien sea la persona que designen en la Secretaría va a ser la persona con la que va a ser fácil hablar y va a ser el centro de sus preocupaciones que hoy no es de nadie.

"Es posible dedicarse a la ciencia y tener una vida digna".

"Cuando me integraron a la Academia de Ciencias de Estados Unidos, Rodolfo Gambini que era el presidente de la Academia Nacional de Ciencias me incluyó en la categoría de los individuos que colaboran con el progreso de la humanidad generando conocimiento. Al principio pensé: es muy grande pero después dije un poquito sí", contó el doctor Rafael Radi, quien fundó en 2004 el Centro de Investigaciones Biomédicas (Ceinbio) que funciona en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.

Este laboratorio modelo que trabaja en forma coordinada con instituciones como el Instituto Pasteur, el Hospital de Clínicas y el Instituto Clemente Estable, tiene tecnología por US$ 2,5 millones y forma a científicos uruguayos para que sean doctores en Ciencia, en Química, en Medicina. Además al entrar al laboratorio se escucha hablar en alemán o portugués, porque también se forman científicos extranjeros, todos bajo el liderazgo de Radi, de 53 años.

"Mientras la ciencia avanza se va formando gente en paralelo. Tener profesionales te genera personal altísimamente capacitado. Lo que producimos va a formar parte del conocimiento universal, lo que publicamos lo toman otros", señaló Radi.

Agregó que en el Ceinbio, "se forman doctores que aprenden cuál es la pregunta, cómo buscar material que responda a esa pregunta, cómo se hace la estadística, como separar la anécdota del descubrimiento. Estamos tratando de potenciar la mirada del recurso humano que se va formando".

"Alguno va a terminar haciendo un medicamento. Esto es una comunidad científica por eso los científicos nos reconocemos como pares, más allá si sos chino, polaco, o ruso. Las conexiones internacionales son fundamentales y los elementos que hemos contribuido a generar también: hay un trabajo nuestro citado 2.200 veces, seguramente fue leído diez veces más", destacó.

Por otra parte, consultado sobre si sigue siendo difícil para un científico vivir de esa profesión en Uruguay, Radi dijo que es posible "tener una vida digna".

Según explicó "un profesor titular, nivel de profesor adjunto o titular, está cobrando un sueldo mensual que está en el orden de entre 60.000 pesos a 90.000 pesos por mes en el nivel más alto, que son unos US$ 3.000 por mes. A nivel regional eso ha mejorado en los últimos diez años. A su vez, la gente que tiene cargos grado 1 o 2 que no son full time puede complementar el salario con becas o financiación de algún proyecto extrapresupuestal".

Radi informó que por una beca de doctorado un profesional puede cobrar 28.000 pesos por mes, y por una de maestría 20.000 pesos y si a eso le suman los 10.000 pesos por dar clases si se concursa y se obtiene el grado 1 "para un muchacho de 25 años está bien", dijo. "El tema salarial es aceptable", agregó.

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