DE MONOTRIBUTISTA A GRAN CONTRIBUYENTE

Un quiosquero fue estafado y le debe US$ 1 millón a DGI

Un residente del barrio Kennedy de Punta del Este usaba su RUT para vender las recargas de celulares.

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Dueño de "La Proa" no puede creer lo que ha gastado en abogados y escribanos. Foto: R. Figueredo

El dueño del kiosco "La Proa" de Maldonado, que un año atrás había perdido unas boletas, recibió una comunicación de la DGI anunciándole que era deudor de más de un millón de dólares, cuando en realidad era al otro lado de la ciudad que alguien facturaba con su RUT.

Como el verano pintaba mejor de lo esperado, Santiago Plada, el kiosquero, como todo comerciante de la zona hizo un esfuerzo para sumar más productos a su quiosco. No quería que la temporada, buena como pocas, lo agarrara mal parado. Había que aprovecharla.

Todo marchaba como lo planeado. Los extensos horarios de trabajo rindieron sus frutos.

Empero, su vida cambió a las 10:00 horas de la mañana del pasado 17 de enero. Entonces ocurrió lo inesperado: se transformó en el señor K. de la novela "El Proceso" de Kafka.

"Todavía no sé lo que me pasó", reflexiona en el interior de su comercio mientras atiende a los clientes. Aquella mañana señalada, inspectores de la Dirección General Impositiva se constituyeron en su comercio. Le advirtieron que de monotributista tendría que pasar a "gran contribuyente". La explicación le sonó ilógica, inesperada e increíble.

El millón de dólares.

Los inspectores le advirtieron que debía entregar toda la documentación, facturas de compra y de venta y recibos, habida cuenta de su condición de importante cliente de una de las empresas de venta de recargas de celulares. "Usted realizó compras de hasta 3.000.000 pesos por mes en los últimos tiempos", le dijeron los inspectores de la DGI.

Ahí labraron varias actas y lo intimaron a que se presentara en el Hotel Iberia, sede de la Impositiva en Punta del Este, en un plazo no mayor a 48 horas. Además le dijeron que debía más de un millón de dólares por no pagar los impuestos. Al fin se supo, en cambio, que una persona que tenía como base el barrio Kennedy de Punta del Este era quien vendía recargas de celulares que previamente había comprado a una de las empresas que se dedican a esta actividad.

"Utilizó mi RUT y otro nombre. Se presentaba como distribuidor de recargas en todo Maldonado. Sin embargo, ningún quiosquero lo conoce. De todas formas, compraba una fortuna en recargas", recuerda Plada.

El estafador fue procesado el 19 de enero; la justicia determinó que el sujeto compraba recargas a nombre de una empresa trucha y no facturaba lo que vendía a sus clientes. El estafador reconoció que había usado el RUT de Plada, a partir de una factura que encontró en un tacho de basura. "Me pasé casi un mes trabajando todo el día para tratar de juntar un mango. ¿Y qué pasó? Me la gasté toda en abogados, escribanos. ¿Quién me paga todo esto? Puse el auto a la venta para recuperar algún mango", afirma Plada.

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