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No quedó ni el mostrador del Hollywood: todo fue a remate

Robos, cuentas en rojo, y la muerte de un socio llevaron al cierre del bar.

Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Fernando Ponzetto.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Fernando Ponzetto.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Marcelo Bonjour.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Marcelo Bonjour.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Marcelo Bonjour.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Marcelo Bonjour.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Darwin Borrelli.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Darwin Borrelli.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Fernando Ponzetto.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Fernando Ponzetto.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Darwin Borrelli.
Se remata el Bar Hollywood, ubicado en Ejido. Foto: Darwin Borrelli.

Como se fueron otros, el Hollywood de Uruguay y Ejido bajó sus cortinas la pasada semana. El miércoles 14 de diciembre, desde las 15:00 y hasta las 20:00 horas, casi todo lo que había dentro pasó a remate.

Lo más valioso, la reliquia del bar, su centenario mostrador de mármol, fue subastado en casi $ 30.000. Lo adquirió un bolichero, pero no para instalarlo en un negocio propio sino en la barbacoa de su casa.

El rematador Germán Di Cicco contó a El País que entre otras piezas que pueden considerarse antigüedades hubo por ejemplo botellas de ginebra de hace más de 70 y 80 años.

La puja entre los asistentes por ese tipo de lotes y otros (como una antiquísima caja registradora) no se dio sin embargo en razón del valor patrimonial sino por el puramente comercial.

Un puñado de personas llegó sí al remate —de más de 2.600 objetos agrupados en 273 lotes— con el objetivo de llevarse un recuerdo. Pero la gran mayoría era gente que trabaja en el ramo de los bares, atentos a cantar una cifra por vasos, platos y taburetes.

La verdad es que la carpintería del bar, salvo por un par de aparadores, no ofrecía más que piezas de uno de esos aggiornamientos que se dieron en cadena en la zona céntrica y el Cordón hace ya décadas: mesas con el enchapado de cármica blanca o puertas de aluminio.

Tampoco el Hollywood arraigó en la historia gracias a su carta de especialidades, aunque hay quienes recomendaron durante mucho tiempo la "milanesa obrera".

Al Hollywood lo encumbraron sus parroquianos y su último propietario, y le puso color la canción de Miriam que compuso Alberto Mandrake Wolf.

En las redes sociales, el diputado nacionalista por Rocha Juan José Amorin sintetizó sus recuerdos del bar: "Grandes reuniones de lucha contra la dictadura, sobre todo cuando nos ocuparon Casa de los Lamas. Parte de la historia de la resistencia".

Políticos y artistas.

Felisberto Balsa, el último dueño del Hollywood, dijo a El País que la lista de políticos que pasaron por allí incluye nombres como los de Wilson Ferreira Aldunate, Luis Alberto Lacalle, Fernández Huidobro o José Mujica.

"Del Frente venían casi todos, porque tenían la sede por acá. Tengo una foto abrazado con Mujica; siendo presidente llegó, se sentó en esta mesa, mire, por acá, y me dijo: ´Gurí, no te jubiles porque te vas a morir de hambre´. Él ya venía antes de ser presidente, y siendo presidente venía solo, dejaba la guardia por ahí y se tomaba un vinito o su cervecita, lo más bien", recordaba Felisberto el día previo al remate.

Casualmente, un tocayo suyo, el escritor Felisberto Hernández, llegó a narrar con singular mirada el por qué alguien puede elegir tal o cual bar o boliche, más allá de que visto desde su exterior no parezca poseer atributos atrayentes. Como si un detalle, por más raro que resulte a los otros, puede determinar el confort personal, un estado de comodidad no emparentado con el lujo.

"…en el café La Forza del Destino sentía un gran bienestar. Pero no creo que sólo se debiera al tiempo libre, sino a que encontré una manera de apoyar un pie en un escalón que hay al costado de mi silla. Eso me da un placer físico desacostumbrado y me predispone a tolerar las personas, el lugar, la calle y las casas con su fealdad tan variada".

El espacio físico del Hollywood ha sido justamente definido por algunos concurrentes como muy favorable para generar allí una nube de calma propia, extraña en esa esquina ruidosa del centro de la ciudad.

En 2012, en el blog Dolce Uruguay, alguien había escrito a propósito de eso: "Lo mejor del Hollywood es el ambiente a bohemia. Desde sus azucareros inusitados (vasos para bebés) hasta esa cadencia que le hace creer a uno que el tiempo allí se detiene. Hay que ir al Hollywood una vez en la vida, ya sea que estés buscando a Miriam o no. Es un rito de iniciación que vale la pena pagar".

La mujer mencionada no es otra que el personaje creado por Mandrake en la canción "Miriam entró al Hollywood".

Meses atrás

cambió de bar

queriendo cambiar la huella.

Otro bar más

otro mostrador

y la misma hilera de botellas.

Nunca soñó

que por la puerta de ese bar

entraría una mujer tan bella.

"Miriam es una mezcla de realidad e invento. En realidad era al revés: se trataba de una mujer veterana cortejando a un muchachito, pero yo no tuve el talento para escribir lo que pasaba por la cabeza de esa señora, así que di vuelta las cosas y pensé como un viejo verde y me salió muy naturalmente", había confesado Mandrake después de que su tema comenzó a promover la visita.

El Hollywood le daba al parroquiano esa posibilidad de imaginar o escribir los versos de una canción, así como a otros les permitía leer sin apuros sus secciones preferidas del diario que se compraba en el bar, o hasta pedir alguna página para llevársela en el bolsillo.

Pero el encanto de esa propuesta que describieron periodistas, músicos, políticos y parroquianos contenía un fin de película cantado. La inviabilidad del negocio en tiempos de mucha competencia, con emprendedores jóvenes que apelan a diversos aportes, sea en la decoración interior o con propuestas temáticas, competencia de trivia, y proyección de videojuegos o películas.

—¿Por qué la decisión del remate del Hollywood?

—Números rojos—responde Felisberto— Mucho impuesto. Bajó el consumo, porque el dinero no vale. Y la luz aumenta, el agua aumenta, el gas aumenta. Pagamos un platal por mes.

—¿Qué gastos fijos tenía?

—Diez mil de luz por mes, cinco mil de gas, tres mil de agua, treinta mil de BPS, veinticinco de DGI... más cerca de los cien mil que de los setenta. Yo tenía un alquiler, que no era mío, es de mi hijo que está en España, y lo sacaba para pagar lo de acá. Entonces dije: ¡No!

EN TORNO A UNA MESA.

Aquella costumbre cotidiana de encontrarse en torno a una pequeña mesa, cambiar ideas y arreglar el mundo había surgido durante el siglo XVIII, en pleno auge de la Ilustración, con la excusa de tomar un café o chocolate.

Los investigadores de esa trama histórica cuentan que ya a fines de ese siglo existían locales semejantes en tierras rioplatenses. pero hubo que esperar que empezara el siglo XX para el surgimiento y expansión del popular "Café y Bar".

Después, a partir de la década de 1940, fue que comenzaron a ganar esquinas de los barrios de Montevideo los boliches en donde los hombres acodados en el mostrador se tomaban la grapa con limón o la caña, casi siempre servida por un gallego que poco antes había llegado a buscar trabajo y consagrar una familia.

DE LA CORUÑA A MONTEVIDEO.

Toda la vida dentro delos boliches

En el Hollywood hubo unas maquinitas de juego, pero nunca timba; solo se vieron naipes cuando una marca de whisky impulsó un torneo de truco en boliches de Montevideo. Felisberto, el dueño del bar, siempre desalentó las apuestas. Él nació en La Coruña y llegó a Uruguay en 1952, solo, con 14 años cumplidos. A los 3 días estaba trabajando de empleado en un bar de General Flores e Industria. Después tuvo su primer boliche en la calle Paysandú, que hoy atiende un hermano suyo. A los 79 de edad, recuerda que estuvo 40 años al frente del Hollywood, negocio que adquirió junto a un socio fallecido hace un tiempo. Allí fue asaltado una vez a mano armada, estando él en la caja registradora. Y otra vez mientras abría el bar. Estos episodios se sumaron a las cuentas en rojo como causas del cierre del Hollywood. Ahora Felisberto solo piensa en visitar a un hijo que trabaja de mozo en Tenerife.

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