GOBIERNO

Un presidente con la serenidad del pescador y la irreverencia del boxeo

Vázquez mostró dos facetas en menos de una semana, para solucionar los desbarajustes en la salud y quitarse la bronca con los productores que critican su gobierno.

Vázquez castigó a la oposición tachándola de retrógrada. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

El gobierno de Tabaré Vázquez logró sortear la intensa discusión presupuestal del 2015, los coletazos de la investigadora de Ancap, y hasta cerrar el caso de Raúl Sendic con su renuncia.

El complejo inicio del tercer mandato del Frente Amplio se vio reflejado en las encuestas de opinión pública que mostraron una fotografía que no se veía desde 1994: los blancos por arriba del Frente en intención de voto.
Incluso más, la aprobación del desempeño presidencial marcó una clara tendencia a la baja, según la medición de Equipos Mori.

El mandatario sabía que el 2018 tampoco sería fácil y que la expectativa de los blancos de retomar el poder marcará un año preelectoral conflictivo.

Los primeros problemas en el año vinieron de dos frentes: la salud pública por la irregularidades en ASSE y el embate de productores rurales preocupados por su débil situación financiera.

Vázquez salió al ruedo con dos facetas bien distintas para enfrentar esos hechos, señas de identidad de su accionar político. En la primera cortó de raíz el problema y despidió a las autoridades políticas de ASSE. Su firmeza apareció como en su primer mandato. Pero en ese segundo episodio entró en escena aquel Vázquez de campaña, cuando no temía enfrentar con dureza a quienes lo cuestionaban; incluso con el peligro de sobrepasarse de tono y salirse de sus cabales.

De botija pescaba en la playita Rompeolas, frente a la Isla del Bizcochero. En las tardes atajaba para "El Arbolito", y los viernes a la noche se los reservaba para ver boxeo en el club del barrio. La Teja fue el lugar desde donde proyecto su carrera profesional y el liderazgo político que lo invistió como presidente de la República.

Metódico y calculador, pero también calentón, Tabaré Vázquez es una figura que reúne las características de un jefe de Estado, pero que también maneja los códigos del barrio cuando necesita enfrentar a quienes lo cuestionan.

El expresidente, Julio María Sanguinetti, le había dado un consejo cuando asumió la Presidencia: en la residencia de Suárez se trabaja, y desde la Estancia Anchorena se gobierna. Y Vázquez lo hizo suyo. En Colonia disfruta de largas jornadas de pesca donde con sus amigos más cercanos analiza serenamente decisiones que luego ejecuta en su gobierno.

Así fue que el miércoles 14 removió de un saque a todos los directores políticos de ASSE. Pocos días después desbordó enfrentó a los gritos a un grupo de productores que cuestionaron su mandato.

La Teja volvió a estar presente en su impronta y Vázquez reaccionó como un boxeador cuando lo ponen contra las cuerdas. Salió y enfrentó. Incluso sin medir posibles consecuencias políticas o caídas en su aprobación como líder de gobierno.

Para el politólogo Oscar Bottinelli el Vázquez que removió de un saque a todo el directorio de ASSE es un pariente muy lejano del Vázquez que enfrentó a los productores rurales. "Eran dos personas", dijo.

"Con ASSE fue el Vázquez de los mejores momentos. Actuando con mucha firmeza y astucia para elegir un tema algo menor, como era el caso de los familiares, para trazar una raya y borrar todos las denuncias de irregularidades en la salud", dijo.

Su decisión coleccionó aplausos en dirigentes de la oposición política que celebraron la removida de las autoridades que venían siendo muy cuestionadas por su proceder aparentemente fuera de las normas y licitaciones poco transparentes.

Allí se vio el Vázquez calculador y paciente. Pocos días después apareció el Vázquez atacante. El que enfrenta y no teme en apelar a los códigos del barrio.

"Yo puedo abrir la boca porque soy honesto, yo pongo la cara porque soy honesto", disparó el jefe de Estado cuando el joven de termo y mate bajo el brazo lo acusó de faltar a la verdad. Era uno contra varios. A Vázquez lo rodeaba su seguridad presidencial pero en ningún momento intervino.

Se plantó como en el campito cuando el partido de fútbol se calienta y vuela alguna patada fuera de lugar. Giró y enfrentó a otros manifestantes. "No es a la marchanta. Retirá lo que me dijiste. Es muy fácil ponerse ahí atrás y gritar mentiroso, yo no soy mentiroso", le dijo mirándolo fijo y con un rostro visiblemente enojado.

Esta faceta presidencial unió a los frenteamplistas que salieron a las redes sociales a apoyar a su líder. Con una especie de lema: "Hoy más que nunca. Yo te apoyo" los frenteamplistas se unieron más allá de las diferencias internas.

Pero para Bottinelli la reacción le quitó estirpe presidencial. "No actuó de acuerdo a la dignidad presidencial, en un lugar donde los que lo enfrentaron no respetaron las instituciones. Pero no hay duda que los que estaban allí no tienen claro lo que es respetar a un jefe de Estado", explicó.

Este episodio se da en un momento donde el oficialismo había salido de un mal momento donde los episodios de Raúl Sendic habían condicionado la gestión gubernamental. "Hoy el Frente está bien, está tranquilo. Le va bien y está en ascenso. Por lo tanto era innecesaria esa salida, sino que por el contrario la misión debe ser captar a los descontentos que con estos se alejaron", opinó Bottinelli.

Esta visión no es compartida totalmente por el politólogo Gerardo Caetano. "La imagen de Tabaré Vázquez, lejos de perder, adquiere una dimensión humana más importante, incluso recobra una cierta fuerza de convicción que estaba perdiendo", dijo en una entrevista publicada el martes 20 por Televisión Nacional.

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