UNA VISIÓN DISTINTA SOBRE LA EDUCACIÓN

"Políticos no se animan a exigir que se estudie"

Exasesora del Ministerio de Educación sueco pide volver a la “vieja escuela” y retomar la “vapuleada disciplina”.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: AFP

La imagen es la de una enorme avenida repleta de maratonistas corriendo con el mismo color de remera y en medio, como haciendo contraste, una veterana que avanza en sentido contrario a la corriente. Inger Enkvist (70) es una voz en solitario dentro del establishment académico. Una voz que incomoda.

Cuando el discurso de los sabios de la enseñanza apunta a que el alumno trace su propio camino, tenga la libertad de desarrollar sus intereses e incorpore destrezas más que contenidos, esta ensayista y exasesora del Ministerio de Educación sueco quiere recuperar la autodisciplina y los aprendizajes más clásicos.

—Los académicos dicen que la enseñanza en Uruguay tiene un problema estructural y que el modelo de la vieja escuela, con bancos alineados como en el cine y un docente dando una gran clase, es obsoleto. ¿Coincide?

—No, el problema no es ese. El problema es que los políticos ya no se atreven a exigir que los alumnos estudien. No exigen porque temen que se descubra que no todos avanzan igual y esto es inaceptable para la ideología de la total igualdad social.

—¿Qué otros discursos, de la nueva pedagogía, están errados?

—La nueva pedagogía es un término vago que apunta a las muchas modas que desvían a la escuela de su función de enseñar. Habla de la convivencia en el aula como un aprendizaje más importante que las matemáticas. Combina lo colectivo y obligatorio con la atención a la voluntad del alumno, pero siempre dentro del marco de lo colectivo. En pocas palabras: desvía a la escuela de su función de aprendizaje. Lo democrático no se ve como el derecho de todos al aprendizaje, sino como la obligación de todos de pasar por una convivencia social marcada por unas actividades variadas pero no tan centradas en el aprendizaje intelectual. El Estado de bienestar influye en la escuela porque es cada vez más difícil exigir a los alumnos un esfuerzo. El mundo del espectáculo les da a los alumnos la impresión de que el esfuerzo es algo de otras épocas. A los políticos que han ido diciendo que "dan" educación a todos y con un resultado igualitario, les da miedo exigir esfuerzos a los jóvenes y no les gusta que no todos consigan el mismo resultado. Prefieren que no se mida el resultado para que las diferencias de resultados se noten menos. Todos los alumnos son víctimas porque pierden años importantes de aprendizaje. Y el Estado es víctima de sus propias pedagogías porque la inversión en educación no da todo lo que hubiera podido dar.

—¿Tiene sentido seguir pensando en las clásicas asignaturas?

—Sí. Las materias han sido elaboradas durante siglos y son excelentes para dar una base al joven. Cuando ya domine una serie de materias podría empezar a combinarlas si llega el caso.

—¿Cómo se articula su postura sobre lo que debería ser y enseñar la escuela con la llamada cuarta revolución industrial?

—Hasta los 16 años sigue siendo fundamental lo de siempre: lectoescritura, conocimientos generales de Geografía, Historia, Biología y Matemáticas. Además, aprender la autodisciplina de poder proponerse una meta y cumplirla. Eso se consigue aprendiendo primero a acatar las exigencias del profesor para después ser capaz de "darse órdenes a sí mismo". El aceptar las reglas de comportamiento de la escuela es lo mismo que pasar por una socialización. El alumno que ha aprendido lo básico, que ha aprendido a manejarse a sí mismo y que ha aprendido a acatar las reglas de la comunidad, es un joven listo para incorporarse al mundo adulto. Los que son solicitados para el trabajo en equipo entre los adultos son los que saben algo. El trabajar en equipo no es una destreza comparable al aprendizaje. La palabra competencia, que tanto se usa, es un invento de la OCDE para que parezca que comparan algo útil para el mercado laboral que es lo suyo. Sin conocimientos ni destrezas no hay competencias.

—Usted le asigna un rol central al docente, pero ¿se puede confiar cuando solo el 67% de los profesores de educación media están titulados?

—No es viable. Los países con niveles altos de resultados tienen todos docentes inteligentes, bien formados hasta la universidad y con un excelente lenguaje propio.

—En Uruguay el desempeño estudiantil está condicionado por el contexto socioeconómico. ¿Por qué?

—Lo esencial no es la igualdad económica entre la gente, sino el esfuerzo cultural de la familia. Si hay bibliotecas y libros escolares gratis pero no se lee en la casa, es probable que el alumno no avance mucho. Los partidos políticos centrados en la igualdad económica no han querido hablar de la responsabilidad del alumno y tampoco de la de los padres. Para ellos solo tiene responsabilidad la sociedad y los docentes.

—¿Propone un modelo disciplinado al estilo de las dictaduras en Latinoamérica?

—La concentración y el orden en la escuela son necesarios para aprender y no importa la historia del país. Si América Latina no quiere verlo, se condena a ir a la zaga de otros continentes. Los países del sureste asiático también han tenido experiencias políticas difíciles pero se han dicho que el futuro va a ser suyo, y lo es.

—Pero el futuro está basado en la investigación, en problematizar sobre el entorno, como propone la nueva escuela…

—No hay ninguna prueba de que realizar ese tipo de actividades les beneficie a los alumnos. En todo caso se desplaza el aprendizaje de la lectoescritura que da conocimientos mucho más sólidos y útiles a largo plazo. Se trata de una moda, negativa sobre todo para alumnos poco estimulados en sus casas.

La PC "suele desplazar" aprendizajes

Las computadoras son útiles: no hay dos opiniones. Sin embargo, según Inger Enkvist esa utilidad cae si se desplaza a otros aprendizajes, que es lo que "suele suceder". La computadora "es un excelente instrumento para los adultos formados, pero para los alumnos puede resultar una distracción".

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