LA SEDE DEL PRESIDENTE ELECTO

Videntes, carpinteros y sastres: ¿qué tipo de pedidos y regalos le llegan a Lacalle Pou?

La sede política de Lacalle Pou se convirtió en un centro de atención para sus seguidores, así como para unos cuantos desempleados que se acercan a pedir trabajo y dejar sus cartas laborales.

El búnker de Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Foto: Marcelo Bonjour
El búnker de Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Foto: Marcelo Bonjour

El cuaderno tenía unos cuantos años pero se mantenía en perfecto estado. La señora lo llevó para demostrar que era muy buena en matemáticas en el liceo y, por eso, quería ver la posibilidad de conseguir trabajo en el Ministerio de Economía con Azucena Arbeleche.

La escena es habitual en la sede de Luis Lacalle Pou. Los pedidos de trabajo llegan de las formas más diversas. Pero el futuro presidente suma otros tantos planteos y ofrecimientos llamativos: videntes para gobernar mejor, sastres, peluqueros, albañiles para remodelar la residencia de Suárez, presos solicitando su liberación y hasta un ofrecimiento para inaugurar el monumento a la cuadernola y la birome en el kilómetro 14 de la ruta 7.

Lucy, la funcionaria que trabaja en la sede, es la encargada de recibir y atender la mayoría de los llamados. Pero algunos esperan hasta cinco horas la salida del mandatario de su oficina. “¿Cómo se llama tu familia?”, le preguntó Lacalle Pou a un artiguense que llegó en moto desde el norte. “Aranda. Me hice 700 kilómetros, vengo buscando trabajo y no encuentro”, le respondió. El presidente electo le preguntó entonces a qué se dedicaba y le pidió a su secretaria que agende su contacto.

El búnker de Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Foto: Marcelo Bonjour
Algunos esperan hasta cinco horas la salida del mandatario de su oficina. Foto: Marcelo Bonjour

Unos cuantos venezolanos recurrieron a hablar directamente con Lacalle. Uno le comentó al presidente electo que no lo pudo votar pero que, si hubiera tenido el derecho, lo hacía. Le contó que llegó hace nueve meses a Montevideo, que necesita trabajo para él y su mujer, y que por el momento se la rebusca tocando la guitarra arriba de los ómnibus.

Otros tantos pedidos van para los integrantes del equipo. En La Paloma, un militante blanco se acercó a Nicolás Martínez con una larga lista de países. “En cualquier de esos te pudo servir de embajador”, le comentó, a lo que el asesor personal de Lacalle Pou le agradeció y guardó el papel en su bolsillo.

El búnker de Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Foto: Marcelo Bonjour
El futuro presidente suma otros tantos planteos y ofrecimientos llamativos. Foto: Marcelo Bonjour

Una mujer llamó desde la cárcel pidiendo si le podían poner un abogado para intentar su excarcelación. Y unos días después de esa llamada otra reclusa insistió que su marido había contratado un sicario para matarla, que necesitaba ayuda. Ese día, un hombre se presentó en la sede apurado por ubicar a Pablo Bartol, futuro ministro de Desarrollo Social, intentando conseguir algunas chapas para su vivienda.

Otra señora dijo ser vidente y que sabía que el techo del dormitorio de la residencia de Suárez estaba en mal estado. Que tenían que arreglarlo urgente antes de que la familia se instale en la casona. Incluso se han ofrecido para “santiguar” la casa y “limpiarla” -así lo expresaron- de malas vibras.

Día a día llegan flores, y plantas de regalo. Pero una señora de la Unión, Sandra, se acercó pidiendo las medidas del dedo de Lacalle porque le iba mandar a hacer un anillo con un rosario bendecido por el párroco del barrio.

Chocolates, bombones, cartas, biblias, infinidad de currículos y varios proyectos. Un veterano llegó con su carta en una olla de cocina, porque así la tenía guardada en su casa para que no se le moje. Explicó que su techo se llovía y quería ver si lo ayudaban.

Algunos empresarios se acercan a pedirle apoyo. Es el caso de los viticultores que necesitaban refinanciar una deuda: el encuentro con Aramir Silva le sirvió a Lacalle para bromear un rato con su estado físico. “¡Que tigre este! Te vendría bien una huelguita de hambre”, ironizó recordando su antigua manifestación sindical. “¡No! ¿A vos te parece que la hago? No, no. Yo sé que no”, le dijo y lo invitó a pasarse por sus pagos a tomar unos mates.

La sede

El búnker de Luis Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Por allí desfilaron desde los futuros ministros para preparar el cambio de administración hasta los seguidores que lo querían saludar. La variedad de regalos que llegan a la sede van desde las clásicas flores hasta infinidades de estampitas y algunas manualidades confeccionadas por quienes las obsequian. Muchos de ellos decoran el escritorio de Lucy, quien recibe a cada visitante. “Depende siempre solo de una mente feliz”, es el mensaje de uno de los obsequios.

El búnker de Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Foto: Marcelo Bonjour
El búnker de Lacalle Pou se convirtió en el centro de la transición de gobierno. Foto: Marcelo Bonjour

Ana, que trabaja en una organización de defensa de los derechos de los animales, le suplicó apoyo para generar protocolos. “Dame una mano Luis. Tengo las herramientas, quiero hacer protocolos. Hoy en día anda un caballo suelto y no se sabe qué hacer”, le insistió. Su número también quedó en la agenda.

Hasta el músico Eduardo Marrone se acercó a la sede para intentar una entrevista con el futuro ministro de Educación, Pablo Da Silveira.

Es que tiene un proyecto cultural que busca desarrollar y también tenía intenciones de averiguar cómo venía la ceremonia de cambio de mando, para ofrecer su banda de rock de la década de 1980, que se llama “La máquina del tiempo”.

Desde que ganó en noviembre son muchos los que se acercan a la sede para conseguir selfies, autógrafos o simplemente para saludar a Lacalle Pou y felicitarlo.

Algunos incluso llegan confundidos. “Vengo a sacarme una foto con Luis”, insistió un hombre notoriamente emocionado. Mostraba su camiseta del Barcelona, el club de fútbol catalán. Pero, en realidad, buscaba a la estrella de la selección Luis Suárez, y no al próximo presidente de la República.

Desde el Mides a la sede de Lacalle Pou

Pamela desarrolló un programa de yoga con presos y estaba por quedarse sin local. La mujer fue hasta la sede para pedirle ayuda a Luis Lacalle Pou. “Hay un trabajo muy intenso. Te pido por favor”, dijo y le comentó que del Mides la habían mandado para su sede.

“Ta, pará. Lamentablemente me llegás a mí, yo no estoy en el gobierno, me llegás con un tema que el gobierno dejó. La urgencia yo la recibo, y me voy a poner a trabajar en el tema. Pero no es una urgencia que yo hoy pueda incidir formalmente. Yo voy a hacer llamados y te llamo a ti. Esto lo tiene que resolver el gobierno”, le respondió el líder blanco, quien le consultó si había conversado con Pablo Bartol. “Ta, pero se pasan la pelota uno al otro”, insistió ella. “Pamela, yo me voy a encargar, pero formalmente la firma es del gobierno”, le aclaró Lacalle.

“Te lo agradezco. No sabés la angustia que tengo”, se despidió Pamela.

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