LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Tic Tac

El gobierno afirma que la economía ha crecido durante 16 años consecutivos.

Hay quienes, con argumentos académicos y metodológicos, discuten que en los últimos años la economía realmente haya crecido. Pero, por un momento, olvidemos este debate -que vaya si debe darse y a fondo- y tomemos por válida la afirmación del gobierno.

Primero, lo primero. De esos 16 años consecutivos de crecimiento, los dos primeros (2003 y 2004) no tuvieron al Frente Amplio en el gobierno, sino al Partido Colorado. ¿Era fácil crecer después del derrumbe económico y financiero de 2002? Sí. Pero el crecimiento no empezó con la llegada del Frente Amplio al poder. Cuando llegó, el país ya estaba creciendo.

¿Siguió creciendo el país cuando la izquierda llegó al poder? Sí. Algunos años, con fuerza. Otros, con indicadores modestos. Pero el país creció. Y considerando el período 2005-2018, con altos y bajos, el Uruguay creció como nunca antes.

¿Los precios de las materias primas ayudaron? Vaya que sí. La coyuntura internacional fue la más favorable de la historia. También para la inversión extranjera. Nunca antes entró tanto dinero. Nada de eso está en discusión, ¿verdad?

Ahora pensemos en el Estado uruguayo como en una familia. Un hogar que tiene problemas, pero en el que, de pronto, empieza a haber más trabajo. Y trabajo mucho mejor pago para los miembros de la casa. El fenómeno se extiende durante 16 años consecutivos, en los que a ese hogar entra más dinero que nunca.

Un día, las cosas cambian. Porque es sabido que, para las personas como para los países, las bonanzas no son eternas. ¿Es razonable que esa familia, que económicamente tuvo los mejores 16 años de su historia, termine ese período de extraordinaria prosperidad más endeudada que antes de que las cosas empezaran a andar tan bien? ¿Qué pasó? ¿Se gastaron todo lo mucho que entró y mucho más, pensando que la fiesta sería eterna?

¿Qué diríamos de los jefes de una familia que se haya comportado así?

Bueno, así se manejó el Estado uruguayo en estos años. Hoy el país debe más que nunca. Los uruguayos nos sentimos más inseguros que nunca, porque el delito no hace sino crecer y crecer. La educación pide a gritos un cambio real de ADN y, más que eso, que las corporaciones de docentes y funcionarios dejen de tener el poder. La inversión ya no llega, y el que invirtió antes quiere vender o ya piensa en cerrar, porque las empresas han perdido rentabilidad y el Uruguay no resulta competitivo. Todos los días aumentan los envíos al seguro de paro o los despidos. Y los sindicatos no entienden, o no quieren entender, que es tiempo de pedir menos y de trabajar más para ayudar a sacar al país adelante.

El que venga, sea quien sea y pertenezca al partido que sea, tendrá que cambiar. Y en serio. Porque la bonanza terminó hace rato. Y cuando en una casa falta el dinero y escasea el empleo, sus integrantes tienen que apretarse el cinturón. Deben poner el hombro.

Estos tres gobiernos del Frente Amplio dejarán, al frenteamplista o al opositor que asuma el 1° de marzo de 2020, una bomba que habrá que desactivar. Con cuidado, pero también con firmeza. ¿A quién le asignaremos los uruguayos esa difícil tarea?

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