LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Tabúes

El economista Gustavo Licandro, quien a comienzos de los 90 integrara el equipo económico de Luis Alberto Lacalle, propuso eliminar los Consejos de Salarios y el Salario Mínimo Nacional.

Licandro no integra el equipo de Luis Lacalle Pou. De hecho, en la actualidad no tiene participación política alguna y, tras ocupar la vicepresidencia de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, se ha dedicado a conducir su propia consultora.

Pero, como era de esperar, los dichos de Licandro desataron una verdadera tormenta política. Desde el Frente Amplio se vinculó su planteo con el programa que el precandidato Luis Lacalle Pou aplicaría de llegar al gobierno.

“Apareció al fin el verdadero programa del Partido Nacional expresado sinceramente por Gustavo Licandro”, dijo el director de Recursos Humanos de la Intendencia de Montevideo, Eduardo Brenta. “La mejora del bienestar de miles y miles de trabajadores, y la reducción sustancial de la pobreza en los últimos 14 años se deben, en buena medida, a la negociación colectiva y el aumento del salario mínimo. En estas cosas es que quedan claras las distancias ideológicas”, sostuvo por su parte el precandidato Mario Bergara.

Desde el Pit-Cnt, el sindicalista Marcelo Abdala, admitió que el programa de Lacalle Pou no llega a los extremos de “brutalidad” de la propuesta de Licandro, aunque sí propone que “haya Consejos de Salarios, pero negociando por empresa”. “En Uruguay el Consejo de Salarios es tripartito, obligatorio y por rama de actividad”, recordó.

Lacalle Pou salió a tomar distancia de los dichos de Licandro. Lo mismo hicieron otros precandidatos blancos y colorados. Nadie salió a sostener siquiera que, al menos, sus propuestas podrían ser objetivo de una reflexión. Ni desde la política ni desde el sector empresarial.

¿Por qué? Fácil. Porque en Uruguay hay temas de los que nadie quiere discutir. Y este es uno. ¿Por qué algunas ideas asustan tanto que no nos animamos a discutirlas?

¿Por qué cuando la izquierda y el poder sindical gritan, el centro y la derecha huyen del debate y los empresarios callan? ¿Por qué no se puede discutir si el modelo de relaciones laborales vigente debe o no ser revisado?

¿Por qué hay que negociar salarios por sector, cuando la situación de una empresa puede ser radicalmente diferente a la de otra?

¿Por qué un beneficio que un sindicato obtuvo en medio de una coyuntura favorable para un sector no puede ser reducido o directamente quitado cuando el viento cambia?

¿Por qué no tenemos problemas en convalidar beneficios pero nos resistimos luego a discutir el costo de esos beneficios para una empresa, un sector o incluso la economía nacional?

¿Por qué no es posible debatir en serio sobre productividad o ausentismo laboral? ¿Y sobre ocupaciones de lugares de trabajo y piquetes? ¿Y sobre asambleas ordinarias que afectan la operación de empresas, horas sindicales y sindicalistas que no trabajan?

¿Por qué no atreverse a analizar si es correcto que quienes hacen una misma tarea reciban un mismo aumento de salario sin importar si uno trabaja mucho, otro más o menos, y otro nada de nada, o si uno trabaja en una empresa próspera y otro en una que atraviesa dificultades?

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