LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Los sensibles

Los que desde hace años se han autoasignado el monopolio de la sensibilidad social hoy señalan con el dedo al gobierno por haber abandonado a su suerte a un uruguayo que murió por hipotermia.

Gente en situación de calle. Foto: Gerardo Pérez
Gente en situación de calle. Foto: Gerardo Pérez (Archivo)

La dolorosa, injusta y evitable muerte por hipotermia de una persona que estaba en situación de calle y que, por una deficiencia en el sistema de admisiones, no fue aceptada en un refugio en una gélida noche de invierno sacudió días atrás a los uruguayos.

El gobierno, con el presidente de la República a la cabeza, salió de inmediato a asumir su responsabilidad. Admitió que hubo errores. Que faltó coordinación. Y que eso le costó la vida a un uruguayo.

Hubo autocrítica. Y cambios. Se abrieron nuevos refugios, incluyendo uno en el que se admiten mascotas. La Policía y el Mides, con lo ministros Larrañaga y Bartol en la calle, salieron a recorrer Montevideo para disuadir a los más renuentes a aceptar ayuda. Y el Ministerio de Defensa puso a disposición algunas instalaciones militares para que nadie quedara expuesto al frío.

Desde el Frente Amplio hubo fuertes críticas. De las razonables, porque la oposición está para marcar los errores de quien gobierna, y también de las sobreactuadas. De los que parece que hubieran descubierto ahora que hay uruguayos que viven, y mueren, en la calle.

¿Ya se olvidaron que en abril de 2018 el entonces intendente Daniel Martínez tuvo que enviarle una carta al presidente Tabaré Vázquez para buscar “sensibilizarlo”, como por aquel entonces dijo el jefe comunal, acerca de la situación de los uruguayos que vivían en situación de calle? ¿Nadie recuerda que en esa carta Martínez le hizo notar al mandatario el “incremento notorio” de gente que dormía en la calle en la capital?

Cuando Martínez envió su carta a Vázquez había 1.600 viviendo en la calle en Montevideo. A mediados de 2019, cuando según el Mides ya eran 2.300, dos uruguayos fallecieron en dos días en La Blanqueada y el Prado por hipotermia. La entonces ministra Marina Arismendi dijo en el Parlamento que en esas noches no había habido cupos para todos en los refugios y que algunas personas se negaban a recibir asistencia. ¿Cambió algo después de aquellas muertes? Nada. ¿Se abrieron nuevos refugios? ¿Se invirtieron más recursos? No. ¿Salió el presidente Vázquez a admitir su responsabilidad? Tampoco. ¿Salieron Bonomi y Arismendi a hablar con los sin techo? Menos que menos. A los que hoy se indignan y gritan por la pérdida de una vida no les dolía tanto la muerte de un semejante cuando eran gobierno y los errores eran propios. Eran los tiempos en que incluso una dirigente frenteamplista reivindicaba el “derecho a vivir en la calle” de las personas. Era parte de un relato. La pobreza y la indigencia disminuyen, y quien quiere vivir en la calle tiene derecho a hacerlo. Es una elección. ¿Qué pasaría si hoy esa afirmación la hiciera alguien de la coalición?

Los que desde hace años se han autoasignado el monopolio de la sensibilidad social hoy señalan con el dedo a quienes gobiernan por haber abandonado a su suerte a un uruguayo que murió por hipotermia. Qué pena que, cuando gobernaban ellos, por y para los pobres, y no la derecha neoliberal e insensible, no sintieron la misma indignación ante la muerte de un uruguayo. Hubieran hecho algo que, quizá, le habría salvado la vida a quien acaba de perderla.

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