MOVILIZACIÓN

Así fue el discurso de Un Solo Uruguay frente al Palacio Legislativo

Desde temprano en la mañana productores rurales se movilizan en los alrededores del Palacio Legislativo para denunciar la situación que atraviesa el sector agropecuario.

Pasado el mediodía de este jueves 5 de setiembre el movimiento Un Solo Uruguay que comenzó desde temprano una movilización en los alrededores del Palacio Legislativo leyó una proclama para denunciar la situación que atraviesa el sector agropecuario.

Critican que el gobierno sostenga que no existe crisis y sostienen que eso queda por tierra cuando se observa el cierre de tambos y la afectación del sector apicultor, entre otros.

Movilización de Un Solo Uruguay frente al Parlamento. Foto: Leonardo Mainé
Movilización de Un Solo Uruguay frente al Parlamento. Foto: Leonardo Mainé

A continuación el discurso:

Al día de hoy llevamos veinte meses intentando hablarle al gobierno de los problemas que sufrimos los diferentes sectores generadores de trabajo y recursos a lo largo y ancho del país. Veinte meses reclamándole al gobierno que atienda esta situación que comenzó a generarse hace ya varios años.

Repasemos una frase del actual presidente: “La realidad del país no es la que informamos los políticos, o la que dicen los medios de comunicación, o la que cuentan los politólogos. Es la que cada uno de ustedes vive día a día”.

Eso es exactamente lo que hemos hecho Sr. Presidente, denunciar nuestra realidad. En varias concentraciones y actos multitudinarios intentamos mostrarle que muchos uruguayos viven preocupados por el rumbo que ha tomado el país. ¿Qué obtuvimos a cambio? Veinte meses de escuchar que no vamos tan mal, que todo es cuestión de fe y de esperanza y que estamos mejor que en el momento de una de las peores crisis que vivió el país en su historia reciente. Veinte meses de escuchar justificaciones para seguir con un modelo económico que ataca al empresario nacional, a la industria local, al comerciante, al transportista, al productor y que irremediablemente termina perjudicando al trabajador. Aquel país productivo, quedó en el olvido, aquel eslogan quedó perdido en el tiempo, ahora el discurso es el de educar para el futuro, el Uruguay que vendrá.

Imposible que venga algo bueno, si no solucionamos los problemas de los orientales que con 20, 30 o 50 años no tienen trabajo, o no logran mantener su empresa a flote. Hoy el discurso no puede ser el de se crearon 300.000 puestos de trabajo, hoy es el de… hay más puestos de trabajo que en la peor crisis, así que estamos mejor. Poco le importa a cualquiera de las más de 70.000 personas que últimamente perdieron su fuente de ingreso el discurso autocomplaciente; poco futuro ven al escuchar a sus gobernantes que no importa su situación, porque en realidad son ignorados con tal de defender un cargo de cara a las próximas elecciones. Vemos que hay cero autocríticas de los responsables de la conducción del país. Quizá deberían comparar qué pasa hoy vs. qué pasaba hace 5 o 10 años. Poco futuro podemos esperar si muchos jóvenes no ven un presente y por lo tanto se van del país, como en las peores épocas. Hoy, nos movilizamos en Montevideo porque parece que si las cosas no pasan acá, no pasan en el país. Hasta para reclamar morimos en la capital.

Según este gobierno, todo aquel compatriota que habita a más de 100 km de aquí es poblador del Uruguay profundo. Queremos decirles que no existe el Uruguay profundo, existe el Uruguay profundizado, estafado por políticas dirigidas al desbaratamiento de las condiciones de vida y de producción de miles de personas que intentan sobrevivir, trabajar y producir.

El grado de desconocimiento, indiferencia y hasta desprecio es tal que hemos escuchado a jerarcas del gobierno decir, por ejemplo, que la producción ovina debería desaparecer por haber perdido la batalla contra los sintéticos, o que la producción apícola no tiene importancia. Pensar que hace menos de 10 años un presidente decía: “La actividad agropecuaria fortifica la existencia de un hondo tejido social y la lechería genera una cultura metódica y comprometida”. Y aseguraba que, “el Uruguay lechero cuenta con enormes posibilidades hacia el futuro”. Desde esos dichos a hoy, se perdieron más de 16 mil empresas agropecuarias.
• Se fundieron 1/3 de los productores lecheros.
• Cayó la producción de arroz en 1/4 del área.
• Se pierde 1 productor de la granja por día.
• Hay 1600 apicultores menos. Aquí, apoyando este reclamo está el termómetro infalible de la temperatura de la actividad económica y productiva. En el transporte, actualmente está sin trabajo el 50% de la flota y al cual se le quiere imponer un nuevo sistema de control satelital obligatorio denominado Sictrac, que ocasionará un nuevo incremento de costos, complicaciones de todo tipo y la desaparición de varias empresas.

Cuando en su lugar, se debería estar trabajando en una reglamentación que fuera reguladora del mismo. Proyecto ya presentado por varias gremiales.

Ya alertamos el año pasado: necesitamos cambios importantes. En este camino no quedarán alternativas para el desarrollo de un modelo de producción nacional. Y si ese es el país al que apuntan, que lo digan claramente ahora en plena campaña electoral. No es antojadizo que estemos dando las batallas contra la obligatoriedad de la ley de inclusión financiera, contra el contrato otorgado a la nueva pastera, contra el chip a los camiones y otro montón de controles que no hacen más que coartar libertades y aumentar los costos a las empresas y a las personas. Este proceso nos está llevando a la concentración del poder económico en pocas manos y extranjeras, obligando además a pasar todo el dinero de los uruguayos por el sistema financiero, generándole ganancias extraordinarias por hacer algo que nadie eligió, solo a este gobierno se le ocurrió y nos obligó.

¿Quién hubiese pensado hace 20 años que los principales aliados de este gobierno iban a ser el sistema financiero y las multinacionales? Hoy nos juntamos una vez más a decir basta. Basta de hablar del pasado, basta de alentar fantasmas que no construyen nada. Los fantasmas que sufren los jóvenes son los de no ver un futuro, los de tener que irse del Uruguay para lograr un desarrollo personal.

Basta de relatos que son contradictorios con los números que los propios organismos oficiales publican.

Basta de tener ministros que son relatores de los problemas del país pero no toman ninguna medida, ni para parar el descontrol del gasto público que ha generando un aumento permanente del déficit fiscal, ni para revertir el proceso de pérdidas de empleo y cierres de empresas. Hemos escuchado frases del presidente y de jerarcas del gobierno tales como:
• “Desde el exterior nos ven como un país estable, con baja corrupción y gran prosperidad”
• “El mundo sigue mirando a Uruguay como un país para invertir”

La realidad es que, entre estas frases y la situación actual, se han ido una enorme cantidad de inversiones y han cerrado en cifras récord, año tras año, grandes, medianas y pequeñas empresas, dejando a miles de personas sin su salario. Las únicas nuevas inversiones que han elegido este país son multinacionales que vienen porque artificialmente, a través de exoneraciones tributarias, concesión de zonas francas y subsidios, se les garantiza la competitividad que se les niega permanentemente a los emprendimientos locales. ¿Y las inversiones nacionales que ya están? ¿No cuentan? ¿No importan? La actividad industrial hoy está en niveles similares al año 2003. Todo el relato está sostenido en promesas y esperanzas, promesas que UPM2 va a ser la solución a todos los males y esperanzas de que la maduración de la nueva ley de inversiones dará sus frutos.

Nadie, nadie invierte en un lugar donde no va a obtener ganancia.
Nadie, ni uruguayo ni extranjero arriesgará su capital si no ve condiciones por lo menos a mediano plazo. Y para que eso pase en este país hay que dar competitividad y bajar costos para todos. De lo contrario seguirá primando la especulación sobre el verdadero desarrollo productivo y seguiremos perdiendo en el repecho lo que tanto esfuerzo se ganó en la bajada. Todos los que tienen un emprendimiento de cualquier rubro o escala en este país, se indignan cuando escuchan que el problema se soluciona incorporando tecnología y mejorando la eficiencia. Parece una tomadura de pelo dicho por alguien que no sabe nada del trabajo y la producción. ¿Qué es para un transportista mejorar la eficiencia? ¿Qué es para un tambero mejorar la eficiencia? Y para un comerciante, ¿por dónde pasa la eficiencia?

Los uruguayos queremos un poco de empatía de parte de los políticos, queremos que se entienda lo que está pasando y no que se realicen discursos que ignoren la situación actual. Hoy los únicos sectores que andan bien son los vinculados a la celulosa y a las nuevas tecnologías.
Todos sabemos que acá la pasta de celulosa es pujante porque tiene condiciones especiales donde se le ha entregado mucho dinero durante 32 años al sector, y sobre todo porque se les va a entregar mucho más por los próximos 30 o 50 años.

No perdemos el asombro al ver que en cada nueva inversión se entregan más y más recursos, hasta el punto de comprometer y entregar soberanía en varios aspectos. En el caso de las nuevas tecnologías, deberíamos saber cuál sería la realidad de ese sector si todos los uruguayos no estuviéramos obligados a subsidiarlos a través de mecanismos varios.

Los pos, la bancarización obligatoria, la trazabilidad, el chip para los camiones, el chip para los perros, la implementación del plan de uso de suelos, la facturación electrónica, y cuanta cosa se le ha ocurrido a este gobierno, que nos obliga a incorporar tecnología aumentando costos de forma solapada para sostener y hacer crecer a un sector no tradicional. Podemos decir sin dudas que a este sector lo bancamos todos. No importa si un gobierno se autodenomina de derecha o de izquierda, o de arriba o abajo. Si en una economía como la nuestra se juega a mantener costos altos y baja competitividad, más acá o mas allá, el que menos tiene lo sufre, el aparato productivo se desmantela y el endeudamiento de la gente, las empresas y del estado se hacen insostenibles.

Lo dijimos hace más de un año y lo repetimos ahora, o el desajuste que vivimos hoy se acomoda paulatinamente y de forma ordenada, o el cimbronazo dejara a mucha más gente por el camino. Está claro que una vez más nos van a decir opositores. Por supuesto que somos opositores a esta forma de llevar la economía del país.

Somos opositores a entregar lo que tenemos y lo que no tenemos a algunas empresas, mientras ponemos de rodillas a sectores enteros de la sociedad sin generarle la menor expectativa de sobrevivencia. Somos y seremos opositores a todos aquellos que atenten contra nuestra libertad, que nos quieran marcar como culpables, mientras a los realmente culpables no se los controla, no se los persigue, no se los atrapa. Somos la oposición a los que quieren hacernos creer que la culpa de todo es nuestra, que nuestras empresas cierran por ineficientes, que nuestros trabajos se pierden por no tener capacitación. Somos oposición a los que no asumen errores por simple arrogancia política, a los que no quieren escuchar y que no aceptan más propuestas que las propias. Somos y seremos oposición de todos los que no entiendan que los gobernantes son simples administradores de nuestro país y no los dueños de nuestro destino.

Aquí dejaremos instalada la feria de la evolución natural de las empresas a decir del presidente Vázquez, feria administrada por este gobierno, feria que demuestra la situación en la que estamos y que muestra hacia dónde vamos. Que esta feria cambie en el futuro, requiere necesariamente que el próximo gobierno entienda al Uruguay que trabaja, que produce, que transporta, que comercializa, que exporta, al del turismo y al de todos los rubros que generan.

De cara a las elecciones de octubre, necesitamos escuchar por parte de los candidatos si lo entienden o si seguiremos siendo los estafados, los que pagamos los impuestos, pero no tenemos mucho a cambio, los que pagamos el IVA, IRPF, IASS, y tantos otros impuestos y tasas, pero no tenemos seguridad, ni educación pública de calidad, ni caminos, ni rutas, ni infraestructura básica. Para finalizar, recordemos una vez más declaraciones del presidente: “Queda mucho por hacer y mi compromiso es seguir trabajando en la construcción de la nación que merecemos”. Cumpla. Y no se olvide que cada día de demora, muchos uruguayos caen irremediablemente en su evolución natural. Tengan la seguridad que, en Montevideo, Durazno o en cualquier rincón, vamos a seguir estando, hablando, trabajando y exigiendo por ese Uruguay que todos nos merecemos. No nos resignamos. No nos van a ganar por cansancio.

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