Testigo de la historia

Rotary celebra 100 años de El País

“La democracia necesita de los periodistas”, enfatizó el columnista y docente Tomás Linn.

Rotary Club Montevideo
Foto: Leonardo Mainé

Imagine un Uruguay con la mitad de habitantes de los que hay ahora. Un Uruguay con once ovejas y seis vacas por cada poblador. Un país en que los saladeros dan paso a los frigoríficos y que exporta carne a rolete ante la debacle de la guerra que azota a Europa. Un Montevideo que se descostilla con Charles Chaplin, que apuesta en el turf y es la capital del llamado "Estado benefactor".

Es en ese escenario, en 1918, que en Uruguay nace una "trilogía" de instituciones que, cada una en su disciplina, hizo historia: el Automóvil Club del Uruguay (en el automovilismo); el Rotary Club Montevideo (en la filantropía) y el diario El País (en el periodismo).

Ayer los rotarios uruguayos homenajearon a El País en su centenario; un poco por ese pasado en común y otro tanto por compartir los valores democráticos. Así lo dijo el presidente del Rotary, Amadeo Ottati, poco antes de entregarle la medalla de honor al administrador general del diario, Guillermo E. Scheck.

"La democracia necesita de los periodistas", dijo el columnista Tomás Linn, orador principal en el homenaje. Antes el informarse, el leer al menos un diario al día y a veces dos, era "una responsabilidad ciudadana". Pero los cambios tecnológicos y de modelo obligaron a que "se lea fragmentado", dándole igual importancia al rumor y logrando "la saturación" del público.

La gran ventaja de este nuevo modelo, según Linn, es que uno puede sumergirse en los distintos periódicos del mundo desde la comodidad de su living. El problema, explicó, es que se desvalorizó el rol periodístico, el método y "su importancia para la libertad".

Centenario

El empeño de tres jóvenes periodistas puso en marcha, el 14 de setiembre de 1918, la primera edición del diario El País. Leonel Aguirre, que por entonces tenía 42 años, fue el encargado de redactar la primera columna editorial. El trío de fundadores se completaba con Washington Beltrán (de 33 años) y Eduardo Rodríguez Larreta (de 30 años).

"Lucharemos por el sufragio libre, base y condición de la efectiva democracia; pugnaremos porque el 30 de julio de 1916 (la elección de la Convención Nacional Constituyente) no aparezca como una visión deslumbradora y fugaz en el curso de nuestra agitada vida política; porque el verbo de nuestro pensadores se haga carne, en días que la democracia alcanza su esplendor al alzarse victoriosa entre el fragor de la hecatombe", rezaba la expresión inaugural.

Según recuerda el escritor Daniel Álvarez Ferretjans, tras la desaparición del periódico La Democracia, surgió El País como una voz dentro del na-cionalismo. De hecho los fundadores del novel diario acordaron con el directorio del Partido Nacional el uso de la imprenta del extinto matuti- no y el pago de un salario de 100 pesos de entonces. Pero tres años después, y antes visiones contrarias sobre el futuro del periodismo, El País se independizó.

Con el correr de los años, la línea editorial fue separándose de la independencia informativa de los periodistas lo que, al decir de Linn en su alocución de ayer, es base de la confianza que el lector deposita en los profesionales de los medios de comunicación.

En esos turbulentos primeros años, tomó el timón financiero Carlos Scheck, un contador perito mercantil de 26 años. Y es así que la empresa se afianzó y fue escribiendo las páginas de 100 años de historia de Uruguay y el mundo.

El homenaje

En el segundo piso del Club Uruguay, la histórica sede de celebración de las fechas patrias, se homenajeó ayer al diario El País en su centenario. El presidente del Rotary Club Montevideo, Amadeo Otatti, y los expresidentes de la institución entregaron la medalla de honor al administrador general de El País, Guillermo E. Scheck. También se reconoció al periodista Tomás Linn, hoy columnista de esta casa y docente de la Universidad Católica.

LA VUELTA A LAS FUENTES.

Periodismo en días de "Fake News"

En tiempos de digitalización y redes sociales, las noticias falsas y las verdaderas, lo descartable y lo importante, visten el mismo envoltorio, advirtió el periodista Tomás Linn. "Por las redes corre de todo, con igual jerarquía y eso va haciendo perder la credibilidad". Y la pérdida de credibilidad es, según este profesional de los medios, un "riesgo para la democracia". Pero en esto de que el público es incrédulo y absorbe toda la información sin filtro alguno, "hay un poco de novelería", explicó Linn. Dicho de otro modo: el lector es bastante más inteligente de lo que algunos teóricos de la Comunicación suponen. La prueba está en un reciente estudio de la consultora internacional Censuswide que señala que tres de cada cuatro encuestados son proclives a buscar información confiable. Ese mismo informe, titulado In News We Trust, agrega que pese al prejuicio el 84% de los jóvenes suelen acudir a medios confiables ante las noticias falsas. Ese cobijo que el público busca en los medios tradicionales se hizo más evidente, según la publicación, cuando se develó la intromisión del gobierno ruso en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

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