Distinción

Reconocen al uruguayo que fue clave para la Declaración de DDHH

Jiménez de Aréchaga, dejó enseñanzas a sus discípulos y al país.

Leonardo Guzmán, el estudiante que no se perdía una clase. Foto: Gerardo Pérez
Leonardo Guzmán, el estudiante que no se perdía una clase. Foto: Gerardo Pérez

"Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente". Parece obvio, ¿no? El artículo 17 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ese que se cita hasta el hartazgo en los juicios civiles y que en menos de un mes cumplirá los 70 años de haberse aprobado, no estuvo exento de cuestionamiento. Los países del bloque socialista, en especial la Unión Soviética, sostenían que la propiedad individual no era un derecho inherente al ser humano y que, en todo caso, la obtención de un bien podía ser en asociación con otros individuos. Los chilenos, en cambio, consideraban que todo hombre (en ese momento no estaba la discusión de género) necesitaba el acceso personal a determinados bienes que garanticen una vida decorosa. La disputa fue tal que duró varias sesiones, enmiendas y hasta fue cambiando en el articulado (primero fue el 14, luego el 15 y finalmente el 17). En medio de esa polémica estaba un uruguayo: Justino Jiménez de Aréchaga.

Han pasado 70 años. Aquel acuerdo alcanzado por Naciones Unidas fue asentándose y sirvió para revalorizar un artículo que en la Constitución uruguaya pasaba desapercibido: "La enumeración de derechos, deberes y garantías hecha por la Constitución, no excluye los otros que son inherentes a la personalidad humana o se derivan de la forma republicana de gobierno". El hombre que rescató esa frase fue, también, Justino Jiménez de Aréchaga.

Quienes lo conocieron dicen que este hombre de apellido compuesto, postura magistral al dictar sus clases de Derecho y nieto del político homónimo era sinónimo de libertad. Cuanto acababa su módulo sobre el totalitarismo —que incluía al nazismo, el leninismo y hasta el populismo de Perón—, bromeaba a sus estudiantes de que abrieran las ventanas del aula para que entrara un poco de aire de libertad.

Así lo recordó Leonardo Guzmán, uno de sus discípulos en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República. Todos los lunes, miércoles y viernes, a primeras horas de la mañana, el aula 1 de la sede de 18 de Julio se desbordaba de alumnos que, como Guzmán, esperaban las clases de Jiménez de Aréchaga.

"El profesor (Jiménez de Aréchaga) preparaba la clase a eso de las seis de la mañana y a las 8.30 en punto estaba en el salón. Llevaba siempre unas anotaciones con un esquema elemental de la clase y nunca disertaba un tema repitiendo de memoria un librito. Era una clase magistral. Hacía pensar y dedicaba los últimos minutos para las reflexiones y el debate con los estudiantes", recordó Guzmán en el homenaje que el Instituto de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la UdelaR realizó a 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

De los Derechos Humanos o del Hombre. Porque en su primera versión, en aquella que participó activamente Jiménez de Aréchaga, aún se usaba el genérico masculino. Tuvo que pasar una década para que cambiara el nombre, y ahí también fue el profesor uruguayo uno de los promotores de la igualdad de género.

"Aréchaga nos enseñó que el derecho es cosa de humanos para humanos".

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