NUEVO PARLAMENTO

Los primeros minutos de una democracia que cumple 35 años

El final de la dictadura y el retorno a la vida parlamentaria marcó un nuevo rumbo en tiempos de amenazas militares.

Primera sesión de la Asamblea General tras el regreso a la democracia. Foto: Archivo El País
Primera sesión de la Asamblea General tras el regreso a la democracia. Foto: Archivo El País

Un grupo de veteranos funcionarios del Parlamento se formó en la entrada de la Cámara de Senadores. La primera delegación de nuevos legisladores entró encabezada por Jorge Batlle, presidente provisorio de la Asamblea General.

Era la hora 17:20 del 13 de febrero del año 1985. Cinco horas antes el coronel Washington Creci había entregado las llaves a la nueva administración. La intervención había cesado y la democracia se abría camino.

Así culminaban casi doce años de dictadura. La salida fue un cúmulo de esfuerzos políticos de dimensiones históricas. La gesta, que no está exenta de polémica hasta nuestros días, incluye el plebiscito del año 1980, la elección interna de los partidos habilitados de 1982, el acto del Obelisco de 1983, las conversaciones del Parque Hotel. Los colorados, cívicos y frentistas agregan a esta lista el Pacto del Club Naval de 1983, del que se retiró el Partido Nacional antes de su firma.

Los blancos no estaban dispuestos a pactar con los militares y los otros partidos mientras existieran políticos proscritos. Sin embargo, la salida fue con referentes excluidos.

El expresidente Luis Alberto Lacalle se refirió al tema en un acto en el mes de junio del 2004: “El más grande baldón de la historia contemporánea del país es el pacto del Club Naval. En alta y clara voz, es necesario decir que el Frente Amplio, el Partido Colorado y -no voy a decir el Ejército, porque las instituciones no llevan culpa- los mandos de entonces, pactaron para que Wilson Ferreira Aldunate no fuera presidente de la República”.

Luis Alberto Lacalle en la Asamblea General en 1985. Foto: Archivo El País
Luis Alberto Lacalle en la Asamblea General en 1985. Foto: Archivo El País

Ferreira retornó al país el 16 de junio de 1984 tras años de exilio y fue arrestado de inmediato. Su nombre no estuvo en las listas y no ingresó al Parlamento ni fue candidato a la Presidencia. Sin embargo, su hijo Juan Raúl, que también fue detenido al llegar a Montevideo, fue electo senador por la lista de Por la Patria.

Preparación de la tarea parlamentaria.

En aquella tarde de hace 35 años, a dos días de retomar los trabajos parlamentarios, los funcionarios del Palacio Legislativo ovacionaron al primer grupo de parlamentarios que ingresó al Parlamento.

Detrás de Batlle iban Luis Hierro López, Eduardo Paz Aguirre, Antonio Marchesano y Roberto Asiaín. Junto a ellos venían Héctor Clavijo, quien sería el secretario de la Cámara de Representantes y Mario Faracchio que tendría a su cargo la secretaría de la Cámara de Senadores.

Jorge Batlle, presidente provisorio de la Asamblea General el 13 de febrero de 1985. Foto: Archivo El País
Jorge Batlle, presidente provisorio de la Asamblea General el 13 de febrero de 1985. Foto: Archivo El País

Minutos más tarde llegaban los representantes del Frente Amplio: Francisco Rodríguez Camusso, Carlos Cassina, Lucas Pittaluga y Baltasar Prieto. Luego se presentaría el senador nacionalista Carminillo Mederos.

Colorados y frentistas pasaron a recorrer las salas. En el centro de la Cámara de Representantes había un piano de cola entre el escritorio de los taquígrafos y el sillón del presidente.

El futuro diputado Asiaín abrió una ventana “para que entre aire fresco”, según dijo. Después probó uno de los asientos, suponía que tendría problemas por su corpulencia. Entró perfectamente, según las crónicas de época.

“Ingresar al parlamento siempre es un gran honor, pero esa oportunidad fue única. Sabíamos que todo iba a ser muy difícil, pero no cuán difícil y si estábamos preparados para enfrentar los desafíos”, recordó Hierro López consultado por El País.

Tensión latente.

El miércoles 12 de febrero Rafael Addiego, presidente de la Suprema Corte de Justicia, había asumido de manera interina la Presidencia de la República.

Tras la ceremonia el comandante del Ejército, Hugo Medina, declaró que las Fuerzas Armadas estaban dispuestas a dar un golpe de Estado si se repetían las condiciones del año 1973. Además, declaró que si se revisa la actuación de las Fuerzas Armadas no se podría liberar a presos políticos que tenían “9 o 10 muertes encima”. Los dichos generaron el rechazo de los partidos políticos.

Una multitud celebró la primera sesión de la Asamblea General tras la dictadura. Foto: Archivo El País
Una multitud celebró la primera sesión de la Asamblea General tras la dictadura. Foto: Archivo El País

Horas después Medina emitía un comunicado en el que trataba de reducir la potencia de sus dichos. Sin embargo, la idea de que podría producirse otro golpe de Estado quedó en la gente.

Por otro lado, los sindicatos estaban en pie de guerra. Las movilizaciones eran constantes y los paros se hacían parte de la vida cotidiana. Un ejemplo de ello es la decisión de parar seis horas por turno en UTE o la puesta en riesgo del pago de jubilaciones y pensiones, según relatan los diarios de aquella época.

A pesar de las amenazas y de las movilizaciones, el miércoles 15 se vivió un clima de “fervor popular”. Desde la noche anterior se pudo ver campamentos en los alrededores del Palacio Legislativo. Había gente de todos los partidos políticos y el campamento se volvió una fiesta.

Mientras tanto, los líderes de los partidos hacían comentarios llenos de emoción y llamaban a la reconstrucción social, política y económica del país.

Seregni, Arana y Crottogini en el palco de honor del Parlamento. Foto: Archivo El País
Seregni, Arana y Crottogini en el palco de honor del Parlamento. Foto: Archivo El País

El caudillo nacionalista Wilson Ferreira Aldunate se reunía con los legisladores blancos y decía que entrar al Palacio Legislativo representaba “el regreso a la casa de las libertades públicas”. Por su parte, el presidente electo Julio María Sanguinetti declaraba para la televisión española que recibía un país “con la crisis más profunda del siglo” y que en el período de la dictadura el 10% de la población se fue del país.

Los festejos duraron varias horas, el pueblo salió a la calles a celebrar. La nota triste de la jornada fue el fallecimiento de Manuel “Maneco” Flores Mora, figura del Partido Colorado, periodista de fuste, enemigo jurado de la dictadura. Ese día su hijo, Manuel Flores Silva, asumía como senador.

“Mi padre tenía 61 años. Falleció a las ocho de la mañana. Yo salí del velorio a las tres de la tarde para jurar como senador y volví. Wilson y Sanguinetti, que estaban en el interior, se hicieron presentes al final del día”, contó Flores Silva a El País.

Acto solemne.

El acto solemne de asunción comenzó a la hora 15:00 cuando juraron los nuevos diputados. El colorado Antonio Marchesano fue electo presidente de la Cámara de Representantes.

A la hora 15:20 comenzó la sesión de la Asamblea General. Las barras estaban repletas. Dentro del público estaban las principales figuras de los partidos políticos, salvo Ferreira y Sanguinetti que se encontraban en el interior. En un palco especial estaban Líber Seregni, junto a Mariano Arana y Juan José Crottogini.

La sesión fue presidida por Jorge Batlle. A su lado estaba Jorge Sapelli, quien fuera el último vicepresidente y presidente del cuerpo legislativo antes del golpe de Estado de 1973.

“Declaro abierto el 42 Período Legislativo y restablecido plena y definitivamente el sagrado e inviolable derecho del pueblo a determinar libremente su destino”, afirmó Batlle. Se hizo un minuto silencio en memoria de los legisladores asesinados en dictadura Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini.

El siguiente en hacer uso de la palabra fue el senador nacionalista Carlos Julio Pereyra.

Pereyra dijo que quien debió estar en esa banca “no puede hacerlo porque la arbitrariedad de la dictadura se lo impidió”. La referencia era a Wilson. Pereyra recordó “la madrugada amarga del 27 de junio de 1973”. “Dijimos entonces que esperábamos que se escuchara pronto aquí la voz de los hombres libres, hoy están aquí los hombres libres”, afirmó en medio de una catarata de aplausos.

Sesión de la Asamblea General tras el retorno de la democracia. Foto: Archivo El País
Sesión de la Asamblea General tras el retorno de la democracia. Foto: Archivo El País

También hizo uso de la palabra el senador José Pedro Cardoso por el Frente Amplio. “Bajo el régimen autoritario se abrieron abismos de diferencias y separaciones en la sociedad nacional. El Uruguay vivió una larga noche poblada de incertidumbres, carencias esenciales, extraña a sus mejores tradiciones y al carácter de un pueblo solidario y generoso”, afirmó.

Por su parte, el diputado Heber Rossi habló en nombre de la Unión Cívica. “Los partidos políticos continuaron su duro batallar para lograr que el gobierno de facto allanara al pueblo el camino a las urnas, única salida para la normalización constitucional del país”, y que así “logramos llegar al 25 de noviembre último, donde el pueblo logró elegir sus representantes para poner en marcha el país a través de sus carriles institucionales”, afirmó Rossi.

Primer debate.

Tras las palabras protocolares se produjo el primer intercambio formal entre los representantes electos en la Asamblea General. La libertad, en este caso de los presos políticos, fue el centro del debate. Se discutió una moción para reclamar la liberación inmediata del exlegislador comunista Wladimir Turiansky, preso por la dictadura.

La moción se aprobó con el agregado particular de que también se reclamaba por todos los presos políticos a solicitud del senador blanco Uruguay Tourné.

Por otro lado, el Senado sesionó y tomó juramento a sus miembros. Cuando todos los senadores habían cumplido con el rito, Batlle, que presidía la sesión, recordó que él todavía no había jurado. El plenario votó que Luis Hierro Gambardella le tomara juramento a quien en 1999 resultaría electo presidente de la República.

Además, el Senado resolvió homenajear a Flores Mora. Por los colorados habló Hierro Gambardella, por los blancos Alberto Zumarán y por el Frente Amplio, Hugo Batalla.

Luego vino el momento de pasar revista al Batallón Florida, un tradicional desfile de la unidad que tiene a cargo la guardia militar del Parlamento.

Si bien el desfile es en honor a los nuevos legisladores, las bancadas del Partido Nacional y del Frente Amplio resolvieron retirarse cuando se produjo la parada militar. Blancos y frentistas entendieron en aquel momento que no correspondía participar del acto dado que todavía había políticos presos. Se retiraron del lugar.

Agenda parlamentaria.

Faltaban dos semanas para que asumiera el nuevo Poder Ejecutivo con Sanguinetti a la cabeza. En lo formal para el Parlamento implicaba la incorporación del vicepresidente Enrique Tarigo como presidente del Senado y la Asamblea General. Pero, en realidad, el cambio de mando implicaba una nueva era para el país. Se iba la dictadura y la agenda legislativa estaba a tope. Los presos políticos, el riesgo de un nuevo golpe, la economía en pésimas condiciones, recuperar los vínculos comerciales con el mundo y un largo etcétera.

Sesión de la Asamblea General tras el retorno de la democracia. Foto: Archivo El País
Sesión de la Asamblea General tras el retorno de la democracia. Foto: Archivo El País

Una semana después de haber asumido el gobierno de Sanguinetti, el Parlamento aprobó la Ley de Pacificación Nacional, un proyecto que incluía la liberación de los presos políticos que permanecían detenidos. El 14 de marzo la liberación había culminado.

Los juzgados comenzaron a recibir denuncias de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. La Fuerzas Armadas rechazaron la aplicación del “revisionismo”, un concepto manejado por el propio comandante del Ejército. Un año y medio después de asumir el gobierno se presentaba la ley de caducidad que sería refrendada dos veces por las urnas, la primera en 1989 y la segunda en 2009.

Aquel Parlamento posdictadura fue renovado en las elecciones de 1989 con un triunfo blanco. Se había ahuyentado el golpismo.

Flores Silva: “Proceso pautado por los partidos tradicionales”

Para Manuel Flores Silva, periodista y senador electo en el año 1984, el proceso de retorno de la democracia fue “muy trabajoso” y “pautado por la conducta política de los partidos tradiciones”. Para explicar esa opinión el exlegislador recordó los resultados alcanzados en los comicios previos a las elecciones nacionales de 1984.

“Cuando se ganó el plebiscito de 1980 el 82% de la población votaba por los partidos tradicionales, los sectores más democráticos ganaron en las internas de 1982. Después se produjeron las conversaciones de 1983 en el Parque Hotel”, dijo. En este sentido, Flores Silva asumió que “de hecho” los partidos históricos “desproscribieron al Frente Amplio durante el acto del Obelisco, acto que organizamos los partido históricos, los invitamos a participar del estrado y colocamos la pancarta que decía democracia sin exclusiones”.

Flores Silva, que en el momento de asumir la banca tenía 34 años edad, destacó la posición de los sectores partidarios ante el régimen. “Ningún dirigente wilsonista o batllista fue colaborador de los militares. Mi padre, Manuel Flores Mora, escribió más de 60 contratapas en el semanario Jaque que eran el cuestionamiento desde la cultura democrática al régimen de facto”, recordó.

Hierro López: “La legislatura de la paz y las amnistías”
Luis Hierro López. Foto: Archivo El País

Luis Hierro López fue electo diputado en las elecciones de noviembre de 1984. Estuvo en la primera avanzada de legisladores colorados que ingresó al Palacio Legislativo. Consultado por El País contó que durante la campaña electoral su lista utilizó las escalinatas del Palacio Legislativo como “símbolo de la representación de los legisladores que elige el pueblo, es la base de la vida democrática”.

Hierro López subrayó que aquella legislatura tuvo que afrontar “el desafío de la paz, las amnistías y la estabilidad democrática”. “Había una gran demanda social, veníamos de la crisis (económica) del año 1982, había que restaurar las heridas sociales, teníamos sectores muy rezagados durante el proceso militar que naturalmente reclamaban en la primera Rendición de Cuentas”, recordó. Por esos días la región estaba sacudida por diversas situaciones de complejidad institucional.

“Teníamos el ejemplo de Argentina que estaba viviendo trastornos de toda índole y un proceso profundo de incertidumbre. Uruguay tenía que hacer el camino de la paz”, afirmó Hierro López. El exvicepresidente destacó que “hay que defender el Parlamento porque es un lugar de respeto y tolerancia mutuo, eso va desde como se viste hasta lo que se habla”.

Legisladores e intendentes asumían el mismo día

El 15 de febrero del año 1985 también asumieron los gobiernos departamentales. Por esas horas el caudillo nacionalista Wilson Ferreira Aldunate anunció que estaría en la asunción del intendente Sergio Chiessa de Tacuarembó. Por su parte, el presidente electo Julio María Sanguinetti decidió acompañar la asunción de los intendentes de Artigas, Rivera y Cerro Largo. En el departamento arachán acompañó el acto de toma de mando de la Intendencia de Rodolfo Nin Novoa. La reforma constitucional del año 1996 separó las elecciones departamentales de las nacionales, y el día de asunción de los jefes comunales.

Tres preguntas a Luis Alberto Heber
Futuro ministro de Transporte y Obras Públicas
Luis Alberto Heber. Foto: Leonardo Mainé.

Usted es el único legislador que se mantuvo en el Parlamento desde el año 1985. ¿Cómo vivió aquellos días de retorno a la democracia?

El sentimiento de derrota de la dictadura era algo muy grande. Era conquistar la libertad y el Parlamento era la representación de todo eso, integrarlo fue lo máximo que nos podía pasar después de tantos años en la clandestinidad. Yo tenía 26 años de edad, había emociones encontradas. Creíamos que ganábamos aquella campaña, estaba convencido. Sentíamos orgullo, pero también un sabor amargo de no haber sido nosotros (los ganadores) después de tantos años de lucha que el Partido Nacional hizo contra la dictadura. Nos parecía injusto, parte de esa injusticia se plasmó con la ley de caducidad.

¿Qué recuerda del proceso de salida hacia la consolidación de la democracia? ¿Cómo se vivió ese proceso en el nuevo Parlamento?

La salida no era la nuestra. Éramos partidarios, aunque se demorara la apertura democrática, de debilitar la dictadura a la que veníamos pegándole con éxito desde el año 1980 con el plebiscito, después vino el acto del Obelisco. Fueron hitos para el debilitamiento de la dictadura. La negociación era inevitable pero cuanto más débil estuviera la dictadura permitiría mayores niveles de independencia del poder político. No olvidemos que en la elección de 1984 hubo partidos y políticos proscritos y personas presas, Wilson Ferreira entre ellos. Fue una salida renga, con condiciones.

Tras la recuperación democrática se vivieron debates muy duros por diferentes normas. ¿Qué recuerda de sus primeros tiempos en la Cámara?

Las leyes de amnistía de los presos políticos, caducidad y reparación de los funcionarios públicos que habían sido perseguidos por la dictadura fueron debates importantes. Hubo disturbios, la gente no estaba acostumbrada a respetar la opinión y había cierto radicalismo. Recuerdo que a Martín Sturla le rompieron el auto, le pegaron a (Roberto) Asiaín. En la discusión del primer presupuesto estaba todo el salón de los Pasos Perdidos lleno de delegaciones sindicales, acampaban. El Parlamento estaba desprotegido, los funcionarios podían detener algo pero la gente circulaba sin control.

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