EL PEPEPREGUNTÓN

Preparados

¿Estaremos todos, ahora, a la altura de las circunstancias? ¿Podremos trabajar todos juntos, codo con codo, dejando de lado banderías, preferencias, ideologías y divisiones?

Tareas de limpieza en la plaza Varela. La prevención llegó a los espacios públicos y edificios históricos. Foto: Fernando Ponzetto
Tareas de limpieza en la plaza Varela. La prevención llegó a los espacios públicos y edificios históricos. Foto: Fernando Ponzetto

Se nos volvió una costumbre. Desde siempre, cada vez que el mundo o la región enfrentan una contingencia los uruguayos nos golpeamos el pecho y nos decimos, a nosotros mismos, que estamos preparados para enfrentarla.

Así ha sido siempre. Y la realidad nos ha golpeado, una y otra vez. Estábamos preparados para incendios en altura, hasta que el siniestro del Palacio de la Luz nos mostró que no teníamos los elementos básicos para combatirlo. Estábamos preparados para incendios forestales de magnitud hasta que nos encontramos rezando, no hace tanto, para que una lluvia fuerte apagara el fuego que amenazaba un balneario en plena temporada.

Estábamos preparados para las contingencias climáticas hasta que nos rozó un ciclón extratropical. También estábamos preparados para sortear los efectos de la crisis financiera que tumbó a Argentina a finales de 2001. Y para cerrar el paso al narcotráfico. Y para combatir la corrupción. Y para asegurar que las farmacias que vendían marihuana no tuvieran ningún problema con el sistema financiero.

Así, con todo. Quizá buscamos tranquilizarnos a nosotros mismos. Quizá pecamos de soberbia. O de inconsciencia.

Ahora llegó el coronavirus. Hace dos meses que el mundo habla de esto. Y hace un mes que la OMS viene advirtiendo que esto podría transformarse en una pandemia.

¿Qué hicimos? Lo de siempre. Decir que estábamos preparados. Que lo teníamos todo previsto. Que no nos tomaría por sorpresa. Que los protocolos estaban prontos y cada quien sabía lo que debería hacer cuando llegara el momento. Pero no hicimos nada. Pensamos, como siempre, que no nos tocaría. Y cuando pasó, nos agarró dormidos.

¿Por qué las autoridades salientes y las entrantes no dispusieron un estricto control de acceso al país en aeropuertos y puertos, en puentes y pasos de frontera seca?

¿Por qué no se empezó a trabajar desde enero, con seriedad, para hacer lo que se debía hacer? ¿Por qué no se hicieron desde entonces las campañas de concientización a la población? ¿Porque era verano y estábamos todos en otra cosa? ¿Porque estábamos en transición y pensando en las elecciones municipales de mayo?

¿Qué pensábamos? ¿Que si cerrábamos los ojos el peligro éste pasaría de largo y estaríamos a salvo?

¿Qué estábamos esperando? Que pasara lo que cualquiera sabía que pasaría para en ese momento ponernos a trabajar en serio en el tema.

Ahora ya es tarde. El problema que no quisimos ver, llegó.

¿Estaremos todos, ahora, a la altura de las circunstancias? ¿Podremos trabajar todos juntos, codo con codo, dejando de lado banderías, preferencias, ideologías y divisiones? ¿Seremos capaces de entender la gravedad de la hora, lo que este virus va a representar para el país en materia económica y laboral, y darnos una tregua para hacer lo que debe ser hecho?

Gobernantes y gobernados, ¿estaremos a la altura de poner todo para que el país salga lo menos magullado posible de esta crisis sanitaria con imprevisibles efectos económicos?

Se verá.

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