La columna de Pepepreguntón

Pobre país

El nuevo uruguayo trabaja poco. Apenas lo justo e imprescindible. El horario de entrada es flexible. Veinte minutos o media hora más tarde no hace la diferencia. El de salida, en cambio, se respeta a rajatabla. Diez minutos antes ya está mirando el reloj y preparando sus petates. Y si hay algo pendiente, deberá esperar.

Los empresarios lo saben. Lo padecen. La falta de cultura de trabajo aumenta costos y baja la productividad. Pero pocos se atreven a hablar del tema en voz alta. Hacerlo sería confrontar con los sindicatos. Y con todos los problemas que ya tienen, nadie quiere comprarse uno nuevo.

Pero hace algunas semanas alguien rompió el silencio. Fue el gerente de la filial uruguaya del frigorífico BPU NH Foods, Daniel de Mattos. La planta, que opera en Durazno, fue adquirida por este grupo japonés el año pasado en US$ 135 millones. Pero hoy ni Mattos ni nadie puede explicarles a los inversores nipones lo que está sucediendo en la empresa.

En declaraciones radiales, De Mattos dijo que la planta de Durazno padece "un ausentismo endémico" que lleva a que uno de cada seis operarios no concurra diariamente a trabajar, pero reveló que durante el Mundial ese registro se duplicó y un 33,4% de los trabajadores no concurrió. Sí, leyó bien. Más de uno de cada tres no fue a trabajar.

¿Usted se imagina a un gerente local explicándole esto a un inversor japonés? Bueno, eso no es todo. De Mattos dijo que, incluso cuando no hay Copa del Mundo, en su empresa hay empleados que no han trabajado 240 días en el último año. La clave, parece, es utilizar de manera "inteligente" el sistema de certificación médica. Una herramienta que el Estado creó para proteger al trabajador y hoy ampara a muchos que no quieren trabajar.

"Tú te enfermás y no venís a trabajar. Solicitás médico certificador y el médico te va a visitar. Nosotros no podemos discutir esa certificación. Hay que tomarla por buena. Pero muchas veces el funcionario se enferma, se mejora, vuelve a trabajar y recién después es certificado por el médico. O sea que ni siquiera se verificó la enfermedad. Y hay casos en que el médico certificador llama por teléfono al trabajador para preguntarle cuántos días quiere", dijo De Mattos.

Parece mucho. Pero hay más. Algunos parece que se percataron que si se certifican por una tendinitis, el Banco de Seguros del Estado (o sea, todos nosotros) les cubre todos los días del mes, y no solamente los días en que hubieran trabajado. Como resultado, ganan más certificados y sin trabajar, que trabajando.

Otros, que tienen retenciones salariales por créditos o resoluciones judiciales, ven que el monto que reciben por la certificación no es alcanzado por esas retenciones. El sistema cruje.

¿Cómo se le explica todo eso a alguien que invirtió US$ 135 millones para comprar una empresa en Uruguay y producir? ¿Cómo se le convence de que siga apostando al país? ¿Y acaso pensamos que esto pasa solo en esta empresa?

¿Así queremos que la gente venga a invertir a Uruguay? ¿No deberíamos, de una buena vez, corregir la normativa y el sistema de certificaciones para que amparen, como era la idea, a los que necesitan, y no a los vivos?

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