LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTON

Los planes

La crisis financiera de 2002 había hecho estragos a nivel social. Era imperioso trabajar con los más afectados y ofrecerles apoyo para salir adelante. Esa ayuda tomó la forma de Planes de Emergencia.

El primer gobierno del Frente Amplio creó el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). El país, hay que decirlo, había retomado la senda de crecimiento en el último año de gobierno del presidente Jorge Batlle, pero la crisis financiera de 2002 había hecho estragos a nivel social.

Era imperioso trabajar con los más afectados y ofrecerles apoyo para salir adelante. Esa ayuda tomó la forma de Planes de Emergencia que supusieron una muy importante transferencia de recursos hacia los sectores más golpeados de la sociedad.

Desde 2005 en adelante la economía del país no hizo sino crecer. Volvió la confianza y con ella la inversión. Los precios internacionales de las materias primas se dispararon a niveles nunca antes imaginados. El desempleo tocó su piso histórico, el salario recuperó el terreno perdido, y la pobreza y la indigencia se redujeron significativamente.

El Frente Amplio proclamó que la emergencia económica y social había terminado. De hecho, en la reciente campaña electoral su candidato, sus principales dirigentes y varios ministros de la actual administración insistieron en que después de quince años de gobiernos progresistas el Uruguay está mejor que nunca.

Pero, ¿lo está?

¿Cuántos uruguayos reciben hoy, a 18 años de la crisis de 2002, algún tipo de prestación del Mides o son beneficiarios de algunos de sus programas? ¿Cuántas familias dependen de esa asistencia, implantada en un momento de indudable emergencia, para poder llevar un plato de comida a su casa?

¿Cuántos compatriotas viven en la actualidad de la ayuda que reciben del Mides?

¿Cuántos son? ¿Ha bajado progresiva y sostenidamente esa población asistida conforme el país salía de la crisis y comenzaba a atravesar el mayor período de crecimiento económico de su historia?

¿Cuántos recursos destina el Estado, que somos todos, a asistir a esos uruguayos?

¿Se va destinando cada año menos fondos a los diferentes programas existentes en función de la mejora económica y social de la que se habla?

¿Han conseguido estos planes de emergencia y programas sociales impulsar a sus beneficiarios a volver al mercado laboral, de modo de ir reduciendo el peso que toda esta asistencia supone para los contribuyentes, o se han vuelto un bastón que todos prefieren seguir utilizando?

¿Se ha considerado la señal que, por ejemplo, reciben los hijos de los beneficiarios de programas sociales que se acostumbran a ver a los adultos de su familia sin trabajar y dependientes de la asistencia financiera del Estado? ¿Qué podremos esperar de esos niños cuando sean grandes? ¿Que tengan una cultura de trabajo y cumplimiento que nadie les transmitió? ¿O que apuesten a seguir viviendo de la asistencia o la caridad ajena?

Ayudarlos en tiempos de emergencia social fue no solamente necesario, sino esencialmente justo.

No aprovechar ese abordaje para inculcar valores de superación personal, trabajo y satisfacción por lo que se logra con el esfuerzo de cada jornada podría haber sido un error que, en el mejor de los casos, nos va a costar generaciones reparar.

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