GOBIERNO

La piedra en el zapato de Vázquez

El movimiento “Un Solo Uruguay” ganó fuerza ante los intentos del gobierno en no querer legitimarlo.

Tabaré Vázquez, Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

Arrancó como una reunión entre vecinos del interior indignados con los altos costos del Estado, en medio de las vacaciones de enero. Gran parte del gobierno estaba de licencia y la agenda presidencial cerrada hasta que se reactivaran las actividades. El movimiento fue creciendo y sus integrantes exigieron que Vázquez los recibiera para poder demostrarle que el agro está en crisis. El presidente optó por patear la pelota para adelante, pero su decisión fue contraproducente. El movimiento de autoconvocados pasó a convertirse en un jugador de peso en la agenda política que ahora se convirtió en un dolor de cabeza para el jefe de Estado.

Hasta diciembre de 2017 la gran discusión entre el oficialismo y la oposición pasaba por si en el país existía o no una agenda de gobierno.

Los opositores acusaban al gobierno de no tener agenda, es decir, que no estaban trabajando lo suficiente para mejorar el país, y desde el oficialismo acusaban a la oposición de no tener ideas para solucionar los teóricos problemas que planteaban.

En el medio de esa contienda comenzó a gestarse un movimiento sobre principios de 2018 de productores rurales que aseguraban que sus emprendimientos estaban en una crisis muy seria. Solicitaron atención del gobierno, exigieron medidas, y organizaron un acto multitudinario el 23 de enero en Durazno para reclamarle acciones al gobierno de Vázquez.

El movimiento tomó forma y se agrupó bajo la idea de "Un Solo Uruguay". Hoy son uno de los principales dolores de cabeza del oficialismo. La muestra fue en el pasado Consejo de Ministros en San José a donde trasladaron sus protestas y abuchearon a varios de los ministros.

Desde el Frente optaron por deslegitimar al movimiento y acusar a sus integrantes de tener intereses político-electorales de cara a las elecciones de 2019. Sin embargo sus integrantes se han encargado de repetir innumerables veces que no es así.

"Parece que ha pasado mucho tiempo, pero la verdad es que llevamos solo 100 días y nos ha sorprendido la evolución", dijo a El País uno de sus dirigentes, Álvaro Rivas.

"Costó muchísimo que se entendiera que esto no era un movida política partidaria, y sacarse las etiquetas de que era el empresariado, la derecha organizada, que se nos fueron poniendo en el camino como forma de ataque", agregó. "Lo que comenzó siendo una especie de grito o de catarsis de rebelión, ahora es un movimiento de esperanza que espera que las cosas cambien para bien, para todos los uruguayos", declaró Rivas.

Lo cierto es que el tema está en la cabeza de Vázquez y en las de sus asesores, que piensan en estrategias de cómo atender los reclamos del movimiento en momentos donde la situación económica del país no atraviesa los viejos y grandes momentos de los dos gobiernos pasados. En ese marco es que buscan neutralizar los efectos negativos que generan las presiones del movimiento hacia el gobierno que han impactado notoriamente en los índices de aprobación de la gestión.

En paralelo los autoconvocados preparan una nueva movida para el 7 de mayo donde irán a exigirle respuestas al presidente cuando reúna a su equipo de trabajo en el pueblo "La Macana".

Una reunión que no estaba en los planes de Tabaré Vázquez
Su portavoz, Álvaro Rivas, dijo que si hacen "quilombo" el movimiento durará "cinco minutos". Foto: F. Ponzetto

"Ya se van a desarmar", comentaban en la Torre Ejecutiva. Nadie en el equipo de gobierno de Tabaré Vázquez, incluyendo al mismo presidente, pensaba que el grupo de productores rurales autoconvocados lograría la notoriedad que luego alcanzó.

Nadie salvo el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre.

El movimiento fue creciendo de a poco y bajo su indignación por el nuevo aumento de tarifas de enero que comprometía aún más las finanzas de sus negocios; así lo debatían en los diferentes grupos de WhatsApp.

Pidieron reuniones con el mandatario, pero desde el gobierno sostenían que solo se reunirían con las gremiales rurales y no con un grupo que no estaba legitimado formalmente.

El movimiento creció frente a la intención del Poder Ejecutivo de ignorarlo. Vázquez no tuvo otra salida que recibir a sus integrantes, escucharlos y legitimarlos como un movimiento de gente que aseguraba que estaba siendo fuertemente afectada por la situación financiera del sector rural.

El gobierno presentó medidas, pero como contrapartida les pidió mejorar la productividad en algunos casos, como en el sector arrocero. El pedido fue un nuevo error del gobierno que enojó aún más a los productores y sirvió de bandera para agrupar a más gente. En este panorama, el Ejecutivo sufrió la salida del ministro Aguerre, y la gestación de un movimiento que se convirtió en nacional y llegó a organizar un acto masivo fuera de las estructuras gremiales y de los partidos políticos.

Como en el barrio, a los gritos y discutiendo frente a frente
Vázquez mantuvo una durísima discusión con el colono Gabriel Arrieta de Kiyú. Foto: A. Colmegna

Soluciones reclamaron los autoconvocados. Nuevas y mejores medidas que atacasen los problemas de fondo que señalaban.

Sin embargo el margen de maniobra del gobierno era reducido. Pasó enero, y en febrero el Ejecutivo buscó nuevas medidas que aliviaran la situación del campo. El equipo del presidente ideó una serie de planteos y fue Vázquez quien decidió entrar en la cancha a anunciarlos.

Fue hasta la sede del Ministerio de Ganadería a anunciar las nuevas medidas y en la puerta lo esperaba un grupo de integrantes del movimiento. A la entrada los saludos fueron corteses. Pero a la salida la historia fue totalmente distinta. Y el presidente de la República vivió el episodio más violento de su carrera política. Lo increparon, le exigieron que trabaje y lo acusaron de mentiroso. El mandatario no se quedó callado y enfrentó, solo, cada uno de los reclamos. A los gritos y como en el barrio, Vázquez se trenzó con los productores rurales y colonos que se habían acercado para protestar. "Nos vemos en las urnas", gritó uno, y el desafío le sirvió al jefe de Estado para plantear en la opinión pública que a su entender el movimiento de autoconvocados tiene intereses político-electorales. El resultado del enfrentamiento sirvió para que los frenteamplistas se alinearan detrás del presidente, pero el hecho fue valorado negativamente por la ciudadanía en general como una reacción desmedida del mandatario. Según las encuestadoras la aprobación de la gestión de Vázquez llegó al mínimo desde que gobierna el Frente Amplio.

A la sombra de la bandera y con una larga lista de reclamos
El presidente Vázquez encabezó ayer una nueva sesión abierta del Consejo de Ministros. Foto: D. Borrelli

Mano a mano y con la gente es como el líder frenteamplista se acostumbró a forjar su carrera política. Ese es el lugar donde Tabaré Vázquez se siente más cómodo. Charlando con los ciudadanos y en lenguaje llano.

Por eso una de sus estrategias de gobierno para salir a presentar sus logros y proyectos de gobierno fue sacar a todo el gabinete ministerial a recorrer el país. A la iniciativa le llamó "Gobierno de Cercanía". Sin embargo desde la gestación del movimiento Un Solo Uruguay a principios de año no había sacado a sus ministros de la Torre Ejecutiva al interior. En el gobierno sabían que el primer Consejo de Ministros que se hiciera en el interior conllevaba riesgos. Y no se equivocaron. Los integrantes del movimiento del campo fueron hasta el lugar elegido para hacerse escuchar. El lugar fue Playa Pascual, San José. Los autoconvocados llegaron con sus carteles y banderas de Uruguay. Se encontraron con un grupo de dirigentes del sindicato de la construcción (Sunca) y de los metalúrgicos (Untmra) donde el Partido Comunista comanda la dirección. Habían ido para hacer el "contra acto" y apoyar al gobierno del Frente Amplio. El resultado: fuertes discusiones entre un grupo y el otro. Los sindicalistas tildaban a los autoconvocados de "oligarcas" y "explotadores", mientras que los del campo les respondían: "mandaderos" y "acomodados". El movimiento interrumpió varias veces la sesión del Consejo de Ministros abierto con silbatinas y abucheos a los ministros y la entonación del Himno Nacional de forma espontánea y a capela. Vázquez sonreía y seguía conversando con sus ministros.

La cadena nacional, Fernando Vilar, y el pago por sus servicios
Foto: Presidencia

El acto de los autoconvocados en Durazno fue un mojón en la historia del movimiento. El presidente Vázquez quiso contestar a la proclama leída por el periodista Jorge Landi. Y para eso utilizó una formula similar. Eligió otro periodista para que por Cadena Nacional el Poder Ejecutivo respondiera a los productores rurales. El resultado fue un mensaje del periodista Fernando Vilar, amigo de Juan Salgado y empleado de la empresa que éste preside, Cutcsa, quien a su vez es asesor honorario del presidente Vázquez. ¿Quién pagó por el servicio para un organismo público, pero no trabaja para al Estado? El tema no se resolvió con transparencia y terminó siendo otro dolor de cabeza para la Presidencia. El Poder Ejecutivo respondió a varios pedidos de información pública de periodistas que no pagó al periodista Vilar por hablar en la cadena. Pero la cosa no quedó allí. En una entrevista en Sábado Show Vilar admitió que sí recibió un pago por su trabajo. El tema volvió a estar en el candelero de la opinión pública y ahora tendrá un nuevo episodio cuando el senador del Partido Independiente, Pablo Mieres, interrogue a los jerarcas de Presidencia en el Parlamento para que expliquen el entredicho entre el contratante y el contratado para la transmisión en Cadena Nacional para responderle a los autoconvocados.

La última versión que se conoció sobre el tema fue que un privado se encargó de pagar los honorarios del periodista para que realizara dicha locución encargada por Presidencia de la República.

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