FÁTIMA VIVAS

La pesadilla de una "nica" que se hizo real y acabó en Uruguay

Dice que la Policía de Ortega asesinó a su hijo, policía, y se refugió en el sur.

Fatima solo conserva fotos de su hijo en el celular. Foto: Darwin Borrelli
Fatima solo conserva fotos de su hijo en el celular. Foto: Darwin Borrelli

Unas imágenes horrendas desvelaron a Fátima Vivas aquella madrugada del seis de julio. Un muchacho veinteañero yacía muerto en un descampado. Tenía todo el uniforme teñido de violeta oscuro, ese color que da la mezcla del rojo de la sangre con el azul del uniforme policial. Era un joven delgado, de unos 60 kilos, rostro cenceño y manos de bateador de béisbol, muy parecido a Faber, el tercero de sus hijos. Y así como los sueños a veces se hacen realidad, las pesadillas también.

A Faber López Vivas, 23 años, agente policial del gobierno de Daniel Ortega, lo asesinaron dos días después. De nada sirvió aquel mensaje que su madre, Fátima, le había mandado por Whatsapp tras la pesadilla: "Hoy vi una imagen de un muchacho muerto y era idéntico a ti. Me partió el alma, pero mi consuelo fue cuando vi la dentadura (sonriente). Dios te proteja, escríbeme por favor y no expongas tu vida por una mierda de presidente".

El parte forense oficial dice que Faber murió de un balazo que provino de los "terroristas", así le llaman los seguidores del "mierda de presidente" a los jóvenes universitarios que se rebelaron contra el gobierno. Pero Fátima está convencida que a su hijo, a su Faber, lo asesinaron los propios compañeros policías. Tan segura está que lo ha dicho públicamente, le incendiaron la casa, la amenazaron y ahora está refugiada (y sin trabajo) en Uruguay.

Nicaragua atraviesa una de las crisis políticas y sociales más sangrientas y aberrantes del continente: más de 500 muertos en menos de un año de protestas, según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, y más de 100.000 desplazados, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Protestas: el primer gran choque fue en abril de 2018. Foto: Reuters
Protestas: el primer gran choque fue en abril de 2018. Foto: Reuters

Hasta el expresidente José Mujica, defensor de la Revolución Sandinista que tuvo a Ortega como uno de sus principales líderes, llegó a decir: "Siento que algo que fue un sueño se desvía, cae en autocracia y entiendo que quienes ayer fueron revolucionarios perdieron el sentido de que en la vida hay momentos en los que hay que decir me voy".

El final.

El próximo viernes, 8 de marzo, las mujeres marcharán en reclamo de sus derechos y de igualdad de género. Fátima no estará en la protesta. No le dan las fuerzas. Ese mismo día se cumplirán ocho meses desde que perdió a su Faber.

Las oenegés feministas le salvaron la vida a Fátima y al cuarto de sus hijos, de 14 años, quien hoy la acompaña en su cobijo en Uruguay. Fueron ellas, las mujeres organizadas, las que la sacaron de urgencia de Nicaragua para El Salvador, y fue la ONG uruguaya Cotidiano Mujer la que la trajo hasta el aeropuerto de Carrasco.

Fátima es una de los 12 ciudadanos nicaragüenses que, aduciendo persecución política, el año pasado solicitaron refugio ante la Cancillería uruguaya. ¿Uruguay? "Si hubiese tenido el dinero a mano, jamás me hubiese venido a Uruguay: un país lejos del mío, caro para vivir y en el que no consigo trabajo", dice visiblemente angustiada esta licenciada en Administración, nacida en el departamento de Chontales.

Desde el 9 de noviembre está en Uruguay. Los primeros meses trabajó directamente para la ONG Cotidiano Mujer. Pero ahora tiene que valerse por sí sola, ya que ni siquiera recibe la pensión por el asesinato de su hijo. Tampoco la recibe la viuda de Faber.

Van más de 500 personas asesinadas. Faber López cayó en julio. Foto: Reuters
Van más de 500 personas asesinadas. Faber López cayó en julio. Foto: Reuters

"Cuando mataron a mi hijo", cuenta Fátima, "su compañera estaba embarazada". Pero el gobierno de Ortega "le inventó otra esposa a la que le pagan el subsidio". Lo que a Fátima le queda de Faber son las fotos que pudo conservar en su celular: Faber con una remera morada, una gorra celeste y sonriente; Faber con su uniforme policial el primer día de curso, en 2014; y Faber abrazando la panza de su compañera embarazada. También conserva la respuesta que Faber le dio aquella mañana después de la pesadilla de su madre: "Tranquila, Dios me cuidará".

Faber soñaba desde chico con ser policía "para cuidar a los buenos". Fue un gusto que heredó de su padrino, también policía, y que a su madre nunca la convenció. Por eso cuando en abril de 2018 comenzaron las revueltas contra Ortega por la reforma de la seguridad social, Fátima le suplicó que cumpliera funciones en el interior del país, bien lejos de la convulsionada Managua. También le rogó que, salvo que lo atacaran, "nunca" le disparara al pueblo.

Unos días antes del asesinato, Faber le reconoció a Fátima que ya estaba agotado y que quería desertar a las fuerzas de choque. Lo que sucedió luego de ese mensaje es poco claro: el cuerpo de Faber no tenía ni un solo orificio de bala, pero estaba todo machucado con señales de tortura.

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