ELECCIONES 2019

Dos modelos de país en pugna para la segunda vuelta electoral

En algunos temas, como educación y seguridad, hay propuestas antagónicas.

Parlamento. Foto: Gerardo Pérez.
Parlamento. l nuevo gobierno que asumirá el 1 de marzo deberá negociar con la oposición ya que no tendrá mayorías legislativas. Foto: Gerardo Pérez.

El diagnóstico no difiere demasiado, pero sí las recetas. Antes que hablar de dos modelos en pugna, algunos de los politólogos consultados prefieren hablar de dos bloques antagónicos. La gestión y el papel del Estado parece estar en el centro de estas definiciones. Dominante y abarcador para unos, más reducido y con los oficios del facilitador para otros.

La puja entre estos dos modelos es la que terminará por definirse en la segunda vuelta. Una contienda que, a juicio de los politólogos consultados, termina por darle un carácter distinto a estas elecciones de 2019. Unos comicios que en la jerga de las ciencias políticas refieren como “elecciones críticas”, debido a la posibilidad de una alternancia en el poder.

La tónica del cambio, empero, dista de ser radical. “Una de las cosas que me parece que hay que tener en cuenta es que el grado de polarización es relativamente moderado. Una alternancia implica cambios significativos de orientación, pero cambios relativamente moderados”, opina Jorge Lanzaro, doctor en Ciencias Políticas, catedrático grado cinco, especializado en el estudio del sistema de partidos políticos.

Y para establecer una comparación adecuada Lanzaro recuerda los comicios de 1958. Seis años antes el país había aprobado el régimen de gobierno colegiado, una medida que, apuntan historiadores, estaba destinada a recortar los poderes de un presidente con enorme popularidad como Luis Batlle. De hecho su segundo gobierno fue en este régimen. En los mencionados comicios el Partido Nacional gana e integra con mayorías el Consejo Nacional de Gobierno. “Para poner un ejemplo de referencia, cuando el Partido Nacional ganó la elección en 1958 presentó una propuesta de cambio frente a lo que era el segundo batllismo, el de Luis Batlle, que suponía algunos cambios más radicales. Después, algunas de esas cosas se cumplieron y otras no se pudieron cumplir”, recuerda el politólogo.

Debían pasar varios años para que los uruguayos volvieran a elegir entre propuestas de cambios más marcadas, como en la elección de 1989. En tal sentido, Lanzaro sostiene que tanto las propuestas de Luis Alberto Lacalle como las de Jorge Batlle convergían en la adopción de un modelo “neoliberal” en contraposición al estatista que el país había mantenido tanto durante la dictadura como en la restauración democrática.

“Después lo que ocurrió en los hechos es que el doctor Lacalle no pudo implementar todas las reformas que había propuesto, implementó muchas pero no pudo implementar las más ambiciosas que tenía”, señala Lanzaro.

En las elecciones siguientes hay una pluralidad mayor de propuestas, lo que tiende a moderar el tono. “Y esto es lo que de alguna manera vemos hoy”, asegura el académico.

A juicio de Lanzaro, sea cual fuere el opositor que dispute en noviembre la presidencia al Frente Amplio, los cambios que podría implementar en caso de ganar “no serían radicales”.

No obstante, hay algunos de los grandes temas de la agenda en los que el bloque opositor podría aplicar cambios más profundos, tales como educación y seguridad. Sin embargo, apunta Lanzaro, tampoco hablan de cambios más radicales, “no están hablando de un vuelco muy radical como por ejemplo una privatización de la educación”.

Los modelos en pugna, resume Lanzaro, se parecen menos a los de Macri y el kirchnerismo en Argentina, y más a los de los socialistas Lagos y Bachelet y Piñera en Chile. “Con ello quiero decir que se trata de alternativas mucho más moderadas”, explica.

Corte transversal

Los temas de la llamada “nueva agenda de derechos”, o del feminismo atraviesan los dos bloques, o agrupamientos a izquierda y derecha.

Así lo estima el politólogo salteño Ernesto Nieto, director de la consultora Ágora y docente universitario que ha investigado tanto el peso de algunos movimientos sociales como Un Solo Uruguay, y el de las religiones pentecostales en la política uruguaya.

“Pensemos en la cuestión del feminismo, por ejemplo, que no tiene que ver solamente con lo ideológico, sino que tiene que ver con la realidad”, señala Nieto. Y apunta un dato: en la Universidad de la República “la matrícula está absolutamente feminizada en la mayoría de las carreras”.

“Hay desafíos que los van a sacudir a los dos bloques por igual”, asegura el académico salteño.

Las demandas llevadas adelante por el movimiento Un Solo Uruguay, señala Nieto, plantearán también un desafío a un hipotético gobierno del bloque opositor.

“Cualquier gobierno por más que quiera aflojar algunos temas impositivos va a necesitar recaudar, entonces ahí se empiezan a plantear dilemas que son duros”, apunta el investigador.

La bifurcación de caminos que se plantea para el próximo domingo 24 de noviembre tendrá dos modelos en juego, parecen matices pero podrían significar un golpe de timón significativo al cabo de cinco años.

MÁS

Coalición, una alianza con socios competitivos

La oposición al Frente Amplio llega a disputar el gobierno con una hipótesis de trabajo planteada desde el principio: la formación de un gobierno de coalición. El sesgo, el carácter y los alcances de este agrupamiento de fuerzas estará dado por lo que en ciencias políticas se denomina como “el partido formador de coalición”. De cumplirse los pronósticos ese papel le correspondería al candidato nacionalista Luis Lacalle Pou. El politólogo Jorge Lanzaro ha investigado la formación de coaliciones en distintos sistemas políticos. El académico distingue una primera categoría de coalición en la que “el gobierno y el gabinete de ministros se forman con distintos representantes de partidos que comprometen su responsabilidad”. En esta hipótesis el presidente ganador acordará con los otros partidos -Colorado, Cabildo Abierto, Independiente y eventualmente otros partidos menores- la integración de su gabinete y el paquete de medidas que aplicarán. Una segunda forma posible son los llamados “procesos de compromiso”. “Es decir, no se forma necesariamente una coalición de gobierno, o incluso teniendo una coalición de gobierno, se hacen compromisos para determinados productos políticos, productos legislativos”, explica Lanzaro. Esto podría ocurrir, señala el académico, para abordar algunos de los grandes temas de la agenda como los de educación y seguridad. “Y eso supone otro tipo de gobierno. Ese partido puede no entrar en el gabinete, no entrar en la coalición, pero sí puede participar de repente en la aprobación de un producto legislativo determinado”, señala el politólogo. A modo de ejemplo recuerda el acuerdo logrado por el Frente Amplio para votar en el Parlamento la legislación sobre el aborto, que fue posible aprobar gracias al acuerdo con el Partido Independiente. “Si ganara (Daniel) Martínez tendría que recurrir a esta política, porque seguramente no tendría coalición de gobierno, con compromisos dentro de su fuerza política que tiene un panorama bastante complejo y compromisos hacia afuera del Frente Amplio”, apunta el investigador y docente. Puede darse una tercera forma que sería una combinación de las anteriores, con una coalición de partidos expresada en el gabinete y acuerdos puntuales con otros partidos para determinadas iniciativas legislativas. De cualquier modo, el académico aventura que sea cual fuere la forma final que adquiera el gobierno supondrá un desafío. Buena parte de los éxitos quedarán sujetos a la capacidad del liderazgo presidencial. “Si gana Lacalle no lo va a tener fácil en el sentido de que no son sólo socios competitivos, sino socios que tienen acentos y propuestas o perfiles ideológicos relativamente distintos”, explica el académico.

Cuatro temas clave

Estado: El Frente Amplio busca fortalecer el papel del Estado. El Partido Nacional busca su acotamiento y hacer jugar en el mercado a las empresas públicas.

Economía: Acento en la economía social y la negociación colectiva para el FA. Regla fiscal, control de inflación, cambios en inclusión financiera para el PN.

Educación: Para el FA más acento en fortalecer el sistema, para el PN cambios en gobierno y estructuras.

Seguridad: Para el FA más operativos Mirador, para el PN emergencia en seguridad.

Daniel Martínez
Un proyecto político
Daniel Martínez en acto de cierre de campaña. Foto: Marcelo Bonjour

En el mensaje final del candidato oficialista durante el debate del pasado 1° de octubre, luego de recordar los dramáticos efectos de la crisis de 2002 y el primer triunfo del FA en las elecciones de 2004, se dirigió a los jóvenes: “Yo no quiero que esto vuelva a pasar, que retrocedamos en los logros porque cada logro ha significado el esfuerzo de generaciones de uruguayos y uruguayas. Por eso no pido que me voten a mí, pido que voten un proyecto político que ante todo ha tenido a la gente en el centro de desvelos. Hechos y no palabras”.

Luis Lacalle Pou
Hacerse cargo
Luis Lacalle Pou durante su acto final en Las Piedras. Foto: Fernando Ponzetto.

En el mismo debate, el candidato blanco llamó a la alternancia: “Formo parte de un grupo de hombres y mujeres que se quiere hacer cargo, que asume el desafío del momento, que sabe que la cosa es compleja pero que el país positivo está a la vuelta de la esquina con el esfuerzo de los uruguayos y con el esfuerzo del gobierno. Les quiero pedir algo muy importante, les quiero pedir su confianza y espero poder mirarlos a los ojos dentro de cinco años y haber cumplido. Nosotros nos queremos hacer cargo, yo me quiero hacerme cargo”.

Cambios en el mapa político del interior, según sondeo

El mapa geopolítico del interior podría cambiar drásticamente en estas elecciones. A estas conclusiones arribó el politólogo Ernesto Nieto, titular de la consultora Ágora, con sede en Salto, luego de varios sondeos en distintos puntos del interior. “Hay un fenómeno que estoy seguro de que se va a dar, en base a estudios que tenemos, y es que va a haber un cambio geopolítico partidario con relación a las últimas dos elecciones nacionales”, asegura Nieto. En las elecciones de 2014 y 2009 quedó de manifiesto la predominancia electoral del Frente Amplio, casi con la solitaria excepción de Rivera que mantuvo su favoritismo colorado. “Está muy claro que en los dos departamentos más importantes de la zona metropolitana, Montevideo y Canelones, va a seguir siendo el partido más votado”, señala Nieto. El nuevo mapa electoral de este 2019 mostraría, según sus sondeos, resultados más divididos entre el FA y el Partido Nacional, en algunos casos los blancos volverían a recobrar su carácter histórico de primera fuerza de manera más marcada. En todo caso, lo que en 2014 era una sola bandera, será de dos o tres. “Y eso puede o no influenciar el proceso electoral posterior, ya sea balotaje o las de mayo, pero desde el punto de vista de los hechos políticos creo que va a ser relevante”, asegura el politólogo salteño.

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