REINSERCIÓN SOCIAL

Mides desembarca en el exComcar con oficina para preparar a reclusos que estén por salir

En la oficina, que inauguraron los ministros Bartol y Larrañaga, trabajarán cinco funcionarios, en su mayoría psicólogos y trabajadores sociales.

El ministro del Interior, Jorge Larrañaga, y el de Desarrollo Social, Pablo Bartol, inauguraron ayer la oficina en el exComcar. Foto: Francisco Flores
El ministro del Interior, Jorge Larrañaga, y el de Desarrollo Social, Pablo Bartol, inauguraron ayer la oficina en el exComcar. Foto: Francisco Flores

"Lo roto se puede sanar y a eso venimos, a sanar lo roto”. El ministro de Desarrollo Social, Pablo Bartol, explicó de esta manera el desembarco de su cartera dentro de la cárcel más grande del país, la de Santiago Vázquez, también llamada exComcar, en la que conviven como pueden 3.600 presos.

Bartol inauguró junto al ministro del Interior, Jorge Larrañaga, una oficina del Mides en la que trabajarán cinco funcionarios, en su mayoría psicólogos y trabajadores sociales. El objetivo que persigue este “convenio histórico”, como lo definieron, es dedicarse a los reclusos que recuperarán su libertad en los próximos seis meses y en particular a sus familias. “Establecer un puente de salida con el afuera para aquellos que están próximos a la libertad, para que haya alguien esperándolos”, explicó Bartol en conferencia de prensa. “Que aquello que se había desvinculado del resto de la sociedad pueda tener un nuevo vínculo, sano, que les dé una oportunidad de rehabilitación, de reinserción social”, agregó el ministro.

Al llegar a la cárcel, las autoridades saludaron al director del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), Luis Mendoza, a los agentes y funcionarios que los esperaban, y apenas cruzaron la segunda reja se encontraron con tres jóvenes que estaban listos para recuperar la libertad. “¿Por qué estabas vos?”, le preguntó a uno de ellos Santiago González, director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior. “Lesiones”, respondió el joven. “Estás flaco”, comentó entonces el jerarca. “La comida acá está mal”, respondió el hombre, que se llama Juan, estuvo dos años y dos meses preso, y dijo a El País que “no solo la alimentación, sino el estado de vida están mal”.

“Esto no es vida para nadie. Cómo nos quitamos la vida entre nosotros por tan poco a veces”, se lamentó Juan minutos antes de ser liberado.

Bartol y Larrañaga se refirieron en la conferencia de prensa a los tres jóvenes que saludaron al ingresar al penal. “No pueden salir como estos muchachos, con boletos del 127, porque se complica; créanme que es brava la cosa”, dijo el ministro del Interior. Por eso, las autoridades pretenden fortalecer o recomponer los vínculos entre los privados de libertad y sus familiares, amigos y vecinos.

Pablo Bartol y Jorge Larrañaga. Foto: Francisco Flores.
Pablo Bartol y Jorge Larrañaga. Foto: Francisco Flores.

Hoy existe el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados, que brinda diversos tipos de apoyo a las personas que recuperan su libertad. En 2018, el Patronato inauguró La Posada de Camino, que sirve de hogar a unas 66 personas durante los primeros tres meses de liberación del sistema penitenciario. Aunque el Patronato contacta muchas veces a los liberados desde antes de salir de la cárcel, la nueva oficina del Mides en el exComcar buscará complementar este trabajo, y en particular tejer vínculos con los liberados que regresan al interior del país, donde el ministerio que dirige Bartol tiene oficinas desplegadas.

“Hoy estamos derribando un muro invisible que separaba la seguridad del desarrollo social”, graficó Bartol.

Nuevo módulo en construcción.

Luego de la conferencia de prensa y del tradicional corte de cinta de toda inauguración oficial, las autoridades recorrieron el módulo en construcción que alojará a unos 80 reclusos a los que les queden menos de seis meses para recuperar la libertad.

Bartol explicó que el objetivo de este proyecto piloto que comenzará en el exComcar es “que no haya una puerta giratoria entre privado de libertad, situación de calle y privado de libertad”. Hay dos cifras que revelan que esta “puerta giratoria” sigue dando vueltas: la reincidencia en el exComcar hoy es superior al 60%, y además el relevamiento realizado en julio junto al Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mostró que hay 2.553 personas en situación de calle y que más de la mitad (el 54%) estuvo presa.

“Si no logramos quebrar el circuito de delincuencia, cárcel, delincuencia, estamos mal y vamos a estar peor”, advirtió Larrañaga, que anunció que el nuevo módulo será inaugurado el diciembre. “Hoy tenemos más de 12.700 presos; desde el 1° de marzo a la fecha están ingresando a los centros carcelarios más de cuatro personas por día y eso es algo que tenemos que revertir”, agregó el ministro.

Durante la conferencia de prensa, Larrañaga agradeció a empresas privadas que están colaborado con materiales para la construcción del nuevo módulo, en particular a una cementera que donó portland. “Ancap no se hizo presente pero ya se hará presente”, aventuró el ministro.

Talabartero.

Larrañaga conversó varios minutos con uno de los presos que le dio la bienvenida a la nueva oficina del Mides. Se trata de un recluso condenado a 26 años de prisión, que ya cumplió 14 años de su pena y lleva cinco en el exComcar, donde ha desarrollado el oficio de talabertero.

“¡Qué lo parió! Sacaste las mejores guascas hoy”, le dijo Mendoza al recluso. “Este hombre es de Cerro Largo, ministro”, agregó el director del INR, a modo de presentación. “Hay que conseguirle cuero a este hombre”, dijo entonces Larrañaga, mientras testeaba un rebenque sobre su pierna. “En este caso está bien usada la varilla. No como en otros casos”, comentó un oficial, en evidente alusión a los cortes carcelarios.

Pablo Bartol y Jorge Larrañaga. Foto: Francisco Flores.
Pablo Bartol y Jorge Larrañaga. Foto: Francisco Flores.

Al despedirse, el recluso le contó al ministro que su familia le suele llevar el material, que luego él procesa en el Polo Industrial del exComcar y después sus familiares venden el producto final afuera. El privado de libertad le regaló a Larrañaga un instrumento en cuero para contar ganado, mientras que el ministro se comprometió a pagarle con una argolla. “¿Qué trabajo quiere que le haga?”, preguntó el recluso. “No, no. Es para que vos te revuelvas. Te vamos a conseguir argolla de acero inoxidable, que quedan bárbaras. Suerte, viejo. Que pases bien”, dijo al despedirse Larrañaga.

Larrañaga relativizó prohibición de tatuajes
El ministro Jorge Larrañaga este viernes en conferencia de prensa. Foto: Marcelo Bonjour

“No se permitirá el ingreso de postulantes que presenten tatuajes, piercings, implantes, escarificaciones u otra técnica actual o futura, que por su tamaño, ubicación o simbolismo alteren la presentación personal, la sobriedad o el adecuado porte de los uniformes”, señalan las bases generales de un llamado -del que dio cuenta el semanario Búsqueda- para aspirantes a integrar un cargo ejecutivo en la Guardia Republicana, la fuerza policial de élite del Ministerio del Interior.

Consultado sobre estas condiciones del llamado que se abrió el lunes pasado y se cerrará el 9 de octubre, el ministro del Interior, Jorge Larrañaga, explicó ayer en rueda de prensa que “no pueden existir ese tipo de situaciones que afecten la fisonomía total o parcialmente de la persona”, y argumentó que este requisito fue establecido por un reglamento que “se aprobó en Presidencia”, en referencia al decreto 240/20 que establece el “régimen y (las) condiciones de ingreso para la Policía Nacional”.

“Es un tema de qué tipo de integración queremos en cuanto a la imagen de una Guardia Republicana que tiene sus especificidades”, consideró Larrañaga. Luego aclaró que “no es algo tajante, terminal”, y ejemplificó que se tomará de una manera si el tatuaje ocupa la frente del aspirante y de otra si no se ve a simple vista.

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