ENTREVISTA

Martín Gutiérrez; "Nunca torturé, es ridículo; me daba pena verlos presos"

Su nombre apareció en los medios hace pocos días tras la designación del futuro ministro de Salud Pública del gobierno de Luis Lacalle Pou, Daniel Salinas.

Martín Gutiérrez, psiquiatra que trabajó en el Penal de Libertad durante la dictadura. Foto: Leonardo Mainé
Martín Gutiérrez, psiquiatra que trabajó en el Penal de Libertad durante la dictadura. Foto: Leonardo Mainé

Se abre el portón y aparece la figura de un hombre encorvado, de paso lento y dificultad notoria de movimiento. Sonríe e invita a pasar a su casa. Uno de sus hijos le pidió que “salga a hablar” después que la designación de Daniel Salinas como ministro de Salud Pública puso sobre el tapete otra vez denuncias en su contra por “tortura psicológica” en dictadura. Por eso aceptó esta entrevista con El País.

Se sienta en un sillón en el living, tapizado por cuadros, algunos pintados por él mismo, otros por su esposa. Sobre la mesa hay carpetas con recortes del diario comunista La Hora, que se editaba en la década de 1980, entre otros documentos. Uno de esos artículos de aquel diario se titula “Los psicólogos al servicio del aparato de inteligencia militar” y arranca diciendo que “los psicólogos y psiquiatras formaban parte de la maquinaria de tortura” y que “procuraban detectar las áreas débiles” de los detenidos en “sesiones de interrogatorio”. Otro artículo de La Hora, arriba de esa mesa, lo menciona como responsable de interrogatorios y torturas psicológicas, algo que él niega.

Lo acusan de tortura psicológica

Es psiquiatra, trabajó en el penal de Libertad en dictadura y su nombre aparece en varias causas vinculadas a los derechos humanos: lo acusan de tortura psicológica y en 2016 la fiscal Ana María Tellechea pidió su procesamiento. El nombre de Martín Gutiérrez (80 años) volvió a aparecer hace pocos días tras la designación del futuro ministro de Salud Pública del gobierno de Luis Lacalle Pou, Daniel Salinas. Ambos trabajaron juntos en la empresa EEG Electrodiagnóstico y son parientes políticos. Gutiérrez recibió a El País en su casa en Carrasco.

-Usted ingresó a Sanidad Militar en 1971. ¿Por qué?

-En ese año ingresé como médico. Antes como practicante, por un concurso de oposición. Pero los médicos del servicio rotábamos en Sanidad Militar, excepto los jefes, que nunca iban. Había poca gente para atender. Tanto que durante el tiempo que tuve esa actividad habré atendido unos 20 pacientes.

-¿Unos 20 pacientes en cuánto tiempo?

-En todo el tiempo que estuve en Sanidad Militar, que fueron más de 20 años. Pero solo tuve que ver con las medidas represivas un período de tiempo. Más o menos me tocaba una vez por año. Hay una cosa que tenés que entender: nosotros como psiquiatras, como especialistas, atendemos no a todos los pacientes que se te ocurra, sino a los que vienen con un pase del médico general diciendo lo que tiene el paciente.

-No entiendo: ¿iba al penal de Libertad una vez por año?

-Sí, una o dos veces por año.

-¿Y el resto del año?

-Eso en el penal. En Sanidad Militar tenía consultas tres o cuatro veces por semana.

-Le soy sincero: pienso en alguien que era psiquiatra de una cárcel en plena dictadura y se me pone la piel de gallina solo por las situaciones que usted pudo haber visto allí.

-Pero cuando empecé no había golpe de Estado.

-Pero después sí, en 1973.

-Sí, hubo un golpe de Estado. Pero antes hubo un período tremendamente agitado, que fue la época de la subversión armada, no sé cómo llamarla. En todo ese período Sanidad Militar sufría las consecuencias. Llegué a atender heridos de guerra.

-¿Pero, ya en 1973, en ningún momento se cuestionó, como algo éticamente reprobable, ser psiquiatra de un gobierno dictatorial? ¿No se cuestionó trabajar en esas cárceles?

-Ni yo ni ningún otro de los colegas. Excepto el jefe, doctor Severino, que era socialista. Creo que le dieron de baja.

-¿Realmente no se cuestionó que estaba mal estar ahí?

-No se vivía así. Además yo también atendía a los militares, y a las señoras de los militares, que estaban con alguna dificultad psíquica.

-Respecto a los presos: ¿qué situaciones atendía? En esa época había desapariciones, gente que era torturada.

-Eso era lo de menos. La mayor parte era gente que tenía necesidad de una consulta psiquiátrica porque la sola condición de detenido genera ese problema. En todos los penales del mundo hay psiquiatras como consultantes. ¿Por qué no acá no habría?

-Para entender: cuando le llegaba un preso, ¿qué hacía?

-Había una historia. Por ejemplo, en el caso de la hermana de Topolansky (María), el médico me puso que había tenido episodios de alopecia, que se le caía el pelo. Pero en general tomábamos todas las precauciones porque el riesgo de suicidio existía. Gracias a Dios nunca se me murió ningún preso.

-Entonces, ¿cuánto tiempo fue psiquiatra en Libertad?

-Y, no sé, el tiempo que duró la guerra supongo. No sé si duró tres o cinco años, no sé.

-No sé a qué se refiere con guerra, pero la dictadura terminó a inicios de 1985.

-Pero yo no terminé ahí porque el “Goyo” (Gregorio Álvarez) me echó. Me “renunció” en 1984. Cosas de los militares. Yo era médico militar pero podía actuar en política. Eso suscitó dificultades porque yo era convencional del Partido Nacional e incluso integré la dirección herrerista de la época.

-Leí que en la década de 1970 usted fue redactor del semanario de ultraderecha Azul y Blanco.

-No era redactor ni director. Había otra cosa, el Instituto Oriental de Investigaciones Culturales y Promoción Social. Bajo su amparo económico y político, estaba de alguna forma Azul y Blanco.

-También leí que Azul y Blanco atacaba a figuras de la izquierda, del batllismo y del wilsonismo.

-No me acuerdo mucho. Tanto es así que he pedido una colección para leerla. Yo tenía que ganarme la vida como médico y me casé en ese período. Estaba en un cargo de responsabilidad por arriba. Es ridículo todo lo que dice (Julio María) Sanguinetti.

-En 1984 Sanguinetti lo calificó de “nazi” a usted, según publicó El Observador.

-Nosotros a Sanguinetti le habíamos puesto “el guapetón de Camacuá”.

-¿Ustedes quiénes?

-La gente del Instituto Oriental. En la calle Camacuá estaba el diario que dirigía. Y “guapetón” porque en su cargo de ministro de Educación había sacado una ley donde prometía que iba a limitar los desbordes. Mentira. Sanguinetti siempre fue enemigo mío pero yo ni pelota le daba.

-¿Y usted qué opina de la dictadura?

-Mire: la dictadura, como la gente le llama, tiene dos períodos: uno pre y otro post golpe de Estado. En el previo es el cual los tupamaros estaban haciendo lío, asesinando gente y robando, y se dio ingreso a los militares.

-Cuando llega el golpe, los tupamaros ya estaban presos.

-Pero había líos. Después hubo un abuso de gente vinculada al Ejército, entre los cuales está el mismo Goyo. Me pareció tan ridículo todo lo que hicieron.

Martín Gutiérrez, psiquiatra que trabajó en el Penal de Libertad durante la dictadura. Foto: Leonardo Mainé
“Yo fui psiquiatra en el penal de Libertad el tiempo que duró la guerra, supongo”. Foto: Leonardo Mainé

-¿Usted considera que el golpe debía hacerse?

-No sabíamos exactamente qué había que hacer.

-Vayamos a las denuncias. Usted está involucrado en varios expedientes. Una de ellos es el caso del periodista Rodolfo Porley y otros militantes comunistas. Lo acusan de tortura psicológica.

-No conozco a Porley ni sé quién es. Sé que hizo denuncias contra mí. Debe haber un problema de Partido Comunista atrás.

-¿Eso a qué viene?

-Porley era comunista, no era ajeno a la situación, sabía bien en qué estaba metido.

-Pero eso no amerita estar preso, ni torturarlo.

-Nunca lo conocí ni torturé. Es ridículo, es estúpido, todo lo de la tortura. Es imbécil que nos digan eso a los médicos.

-¿Usted torturó psicológicamente?

-Al revés. Los atendía, no cariñosamente, pero me daba pena verlos presos.

-¿Lo niega?

-¿Qué es tortura psicológica? (N.deR.: Un artículo de la revista de la Asociación Médica Estadounidense publicado en diciembre de 1985, al que accedió El País, relata que psiquiatras y psicólogos eran acusados de “ayudar en el cambio de normas y rutinas destinadas a minar la salud mental de los detenidos” y por el “abuso deliberado de drogas neurolépticas” en el penal de Libertad. En ese texto, Gutiérrez es presentado como psiquiatra de Libertad y asesor de la junta militar, y declara que “como meros técnicos” los médicos “cooperaban” con los militares).

-Anoche hablé con Porley y él me comentaba que la tortura psicológica puede ser “hasta peor” que la física.

-No existe la tortura psicológica. Yo me entero ahora. No tengo idea. Lleva muchos años estudiar para ser psiquiatra. ¿Sabés lo que hay que hacer?

-Cuénteme.

-Ser médico, haber sido interno, haber hecho el posgrado o tener competencia notoria en el cargo.

-El abogado Federico Álvarez Petraglia señaló en su momento que había dos testimonios que lo identificaban a usted en el centro clandestino de torturas “300 Carlos”.

-No sé ni dónde es el “300 Carlos”, nunca estuve. Todas mentiras de Álvarez Petraglia.

-En 2016 la fiscal Ana María Tellechea pidió su procesamiento por delitos de tortura, aunque luego no prosperó.

-La fiscal Tellechea iba a las reuniones de Crysol (asociación de expresos políticos). Tengo una foto que la bajé de internet.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-La inhabilita, m’ijo. Ir a una cueva donde se reúnen los presos políticos... No puede ir un fiscal. Hay cuatro o cinco citaciones más a las que nunca concurrí.

-En aquel caso de Porley su abogado interpuso un recurso de amparo porque dice que prescribió el delito.

-Juzgan todo esto 30 años después del episodio. Como abogados, fiscales y jueces están haciendo mal las cosas.

“Daniel Salinas es súper capaz, es un rayo en materia intelectual”
Daniel Salinas, este jueves en la sede de Todos. Foto: Leonardo Mainé

-Usted tiene un vínculo familiar con Daniel Salinas, el futuro ministro de Salud Pública que estuvo involucrado en una polémica pública. ¿Tienen vínculos hoy?

-Sí, está casado con una sobrina mía.

-Pero tuvieron además una sociedad comercial en algún momento.

-A Salinas, como a otros colegas, los preparé en la técnica.

-Salinas contó en una entrevista en El Observador que usted le enseñó “cómo se hace un electroencefalograma”.

-Sí, yo lo preparé como neurofisiólogo en un momento en que no existía esa especialización. Yo me formé en Sanidad Militar.

-Fueron socios comerciales en la empresa EEG Electrodiagnóstico Médico, ¿es correcto?

-No. Él fue codirector junto conmigo y después se la vendí. Compartimos la dirección, no la propiedad.

-¿Entonces no fue socio de Salinas?

-No. Yo tuve una sociedad con el doctor Scarabino. Pero él murió. Entonces uno de mis hijos, Martín, me pidió si podía reactivar la clínica. Como él era contador, quería darle la conducción. Lo reemplazamos a Scarabino con otro médico. Salinas había estado antes pero había tenido un lío con Scarabino. Cuando murió, Salinas volvió.

-Usted lo conoce bastante. ¿Salinas tiene credenciales para ser ministro?

-Es súper capaz, es un rayo en materia intelectual. No sé cómo juega en la política. Los dos tenemos en común ser herreristas.

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