LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

¡El mantel!

Hace cinco años, justo a tiempo, “el susto despertó al mamao” y el Frente Amplio pudo no solo retener el gobierno sino que fue capaz de mantener en las urnas la mayoría parlamentaria conquistada en 2004.

Hoy, un lustro después, el Frente Amplio sabe que por primera vez en quince años está en problemas serios. La aprobación de la gestión de su tercera administración es significativamente baja. Las encuestas muestran que deberá ir a un balotaje y que, si las elecciones fueran este fin de semana, Daniel Martínez perdería en segunda vuelta tanto con Luis Lacalle Pou como con Ernesto Talvi. Su candidato presidencial no enamora como lo hacían Vázquez o Mujica. La fórmula no entusiasma ni capta votos no frenteamplistas. Y la campaña luce errática.

A dos meses de las elecciones del último domingo de octubre la izquierda ha comenzado a asumir que puede perder. Y eso le aterra. Por eso, en los últimos días ministros de gobierno, legisladores, funcionarios y algunos medios de comunicación afines al Frente Amplio han salido a agitar cucos.

Los ataques más duros los sufrió el candidato colorado. Porque el Frente Amplio sintió que era Ernesto Talvi el que, con su postura, le estaba sacando votos a la izquierda. Así que dispararon con munición gruesa. En algunas portadas lo presentaron como “Pinocho” o como “Mascarita”. Le dijeron “Chicago Boy”, “Pro yanqui”, “cipayo”, “lobo feroz”, “farsante”, “rostro de piedra” y “enemigo de la educación pública”. Hasta le recordaron declaraciones de 2001 y su negativa al ofrecimiento de Jorge Batlle para asumir la titularidad del Banco Central en medio de la crisis de 2002.

También le pegaron a Guido Manini Ríos. Parece que le estaría sacando votos a algún sector del Frente Amplio (en especial el MPP) en el interior. Así que le tildaron de “nazi” y de “antidemocrático”. ¿Y en qué gobierno se ascendió a general a este señor al que tanto cuestiona la izquierda? En el del Frente Amplio. ¿Y qué partido en el gobierno lo designó comandante en jefe? El Frente Amplio. ¿Y entonces?

Tampoco se salvó, por supuesto, el candidato blanco Luis Lacalle Pou. Desde la izquierda salieron a reprocharle que vivía en un barrio privado. Como si no hubiera nadie en este gobierno del Frente Amplio en la misma situación. Y como si eso, además, fuera delito. Y hubo más. Que es el hijo de Luis Alberto Lacalle. Que es “un cheto”. Que le gusta el surf. Que no está preparado para gobernar. Que si gana va a implementar un ajuste fiscal feroz usando la motosierra de su padre. Que es Macri. Y que va a eliminar los planes sociales y avanzar contra la denominada “agenda de derechos”.

En los dos meses que nos separan de las elecciones estos ataques se intensificarán. Al Frente Amplio se le terminaron los argumentos. Desde su nuevo eslogan promete “hacerlo mejor”, pero ni siquiera es capaz de explicitar qué ha hecho mal y de qué otra forma lo va a hacer.

El susto, como hace cinco años, ha despertado al mamao. Pero esta vez, lejos de avanzar, solo parece atinar a agarrarse del mantel antes de venirse al suelo con botellas, copas y todo.

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